El verano del #FIB2011: viernes, 15 de julio

Apenas cuatro horas después el personal ya estaba de pie (bueno, o escarxofat en la mesa de la terraza, o tirado en el césped de la piscina), conjurándonos a dormir más y mejor las siguientes noches, que se preveían iban a ser intensas. Nunca nos imaginamos cuánto.

El día anterior descubrimos que en la tienda de conveniencia de la calle de atrás hacían pollos a l’ast: un paseíto, un pollo para el apartamento, unas cervezas, un chapuzón, y con el camino aprendido, otro paseíto hasta el recinto.

Llegamos a tiempo de ver una parte de la actuación de Atom Rhumba en el Maravillas: sonido rock setentero medio mestizado, mucha actitud (pose keithrichardiana-chulesca-castiza) y bastante anarquía escénica. Pero para lo importante, desamodorrar al personal a las 19:00h mientras te tomas unas cervezas y tuiteas con fruición sentado en la “platea”, o charlas un rato con amigos de lugares lejanos (bueno, vale, de Madrid, a tiro de depilfAVE) que ves sólo de festival en festival, eran perfectos.

Al acabar, cuando aún se podía transitar por el recinto, nos acercamos a ver a la bilbaína Ainara LeGardon en el FiberFIB. Un directo sólido, pero que no evitó (de nuevo) mi (injustísima) comparación con PJ Harvey. No, a ver, bien… pero falto de esa chispa, de ese empujón de carisma que divide el simple cabeceo a captar la atención cogiéndola por los mismísimos. La curiosidad: ¿qué hacía el guitarrista cuando soltaba la guitarra, se iba a la zona de bastidores, sacaba una chuleta del bolsillo y se ponía a bailar y a cuchichearle al oído a la cantante? Que esas cosas también hay que cuidarlas, que despistan…

Quién sabe si ese magnetismo escénico se tiene o se gana, pero sin lugar a dudas, a nudozurdo le rezuma por los cuatro costados y cae en cascada desde el proscenio al patio. Lo suyo no es aporrear los instrumentos ni desgañitarse, sino esa tensión sugerida, en ocasiones susurrada, que se vale de unas letras incómodas y violentas, la violencia de las relaciones humanas nunca satisfechas, de comunicación imposible. Sí, volvíamos a estar sentados en el suelo del Maravillas, pero esta vez, por lo menos un servidor, cerraba los ojos y me estremecía con el corazón estrujado. Otro grupo a tener muy en cuenta.

Aquello empezaba ya a tener visos de llenarse hasta la bandera, así que, tras equilibrar el pH y quedar hasta más tarde con Caro, que iba a ver al plasta de a Brandon Flowers, el resto de la Alegre Compañía se encajonó entre el público perfidoalbionense que abarrotaba el FIBClub, y se dispuso a botar como el que más con The Undertones. Los norirlandeses tocaron su álbum de debut de arriba abajo (con su pausa para darle la vuelta y todo) y completaron la actuación con algunos de sus singles electrizantes y una marcha en el cuerpo que ya quisieran, por poner un ejemplo así a bote pronto, The Strokes. Sí, es punk rock, pero no son Ramones: igual de visceral, pero más festivo (si cabe), más elaborado y más… inolvidable.

El Comando FIB se reagrupó de nuevo y, antes de intentar tomar posiciones en el Maravillas para uno de mis grupos preferidos, Elbow, fuimos a reponer fuerzas (rollito vegetal, por cierto) mientras, en la distancia, oíamos a Herman Düne empezando a desenvolver su flowerpop en el FiberFIB.

De vuelta al Maravillas. La muchedumbre empezaba a tomar ya dimensiones cecilbdemillianas. Llegamos cuando ya morían los ecos de la primera canción… y se vislumbraba el desastre. Intentamos situarnos más o menos por el centro, ya sin opciones de colocarnos cerca de las vallas de separación que dividían en dos el público (las vallas antiavalancha, para entendernos), y a la vez evitar los vasos de litro de cerveza volantes; aun así, el jolgorio generalizado empañó (en verdad quiero decir jodió) un concierto que, en distancias cortas, debe ser glorioso en su emotiva arquitectura musical. Berridos, beodos, crowdsurfistas, inglesas que se suben a lomos de ingleses y que te tapan el escenario con un culopantalla, e ingleses que se esnafran de morros delante tuyo.

(Inciso: por suerte, ya tengo entradas para este otro concierto de los chicos de Guy Harvey. Una espinita que me desclavaré en noviembre.)

Nos preguntamos: Si con Elbow el patio del escenario Maravillas ya está casi imposible, ¿cómo será con The Strokes? Fuimos a buscar un sitio seguro (junto a la torre central de sonido) para ver el concierto con tranquilidad. Y un jamón. Sí, hubo quienes hicieron amigos, y quién se agobió de tanto empujón, tanto grito ebrio y tanta lyric masticada por Julian Casablancas. Por fortuna pasaron bastante del infumable Angles y se centraron en los éxitos, que los tienen y, para su corta carrera (bueno, mejor nos centramos en sus dos primeros trabajos), muchos. Pero Anna y yo no aguantamos hasta el final y creímos que nos lo pasaríamos mejor viendo al bueno de James I am LCD Soundsystem Murphy pinchando en el FiberFIB. Días más tarde reconoció a través de su Twitter que no se había preparado la sesión, y que había ido bastante bien para el desastre que podría haber sido (y que el público había sido muy indulgente con él). El caso es que, cuando Roque y Caro se acercaron, encantados tras el final del concierto de los chicos de Casablancas & Hammond Jr., decidimos acercarnos al FIBClub a ver qué se cocía ahí…

… y recuerdo llegar y empezar a bailar como un loco con R.E.M. Esta vez sí, encadenamos a los Mondo Sonoro DJ y a DJ Rojiblanco (también aquí y aquí), y un éxito tras otro tras otro tras otro tras otra cerveza y saltar y bailar y otra cerveza y otra y otra y un music non-stop, y recuerdo que ya nos íbamos cuando pincharon “Smells Like Teen Spirit” y unos jovenzuelos me miraban con cara de “¿qué le está pasando al agüelo este que salta más que los demás?”. Y después “Highway to Hell” y…

… y llegamos al apartamento ya con el sol asomándose sobre nosotros. Y aún hubo algún gin tónic de por medio antes de descansar.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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