La conjura contra américa, de Philip Roth

Unos cuantos apuntes sobre La conjura contra América.

Estos días de semivacaciones he podido concentrarme en la segunda lectura de La conjura contra américa de cara a la sesión de clausura del club de lectura de literatura fantástica de la Jaume Fuster. Se trata de una obra densa y ambiciosa, aunque reconozco que la he vuelto a abordar con un poco de aprensión, ya que la primera lectura me costó un buen tiempo y no poco esfuerzo. Me alegra comprobar que, esta vez, la lectura me ha enganchado y ha sido mucho más fluida y divertida (tras detectar, también es cierto, la característica que me estorbó la primera vez); a su vez, este ritmo me ha permitido profundizar en unos cuantos temas que me han llamado poderosamente la atención y que, en su momento, no me calaron tanto. Ya que la ficha que elaboro para el club es más bien escueta y la elaboré cuando aún no había acabado esta segunda lectura, sirva esta entrada como un borrador de temas adicionales de debate para la próxima sesión.

La conjura contra América

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Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett

Recién acabo de pasar la última página de la autobiografía de Mark Oliver Everett, publicada originalmente en 2007; unos cinco discos atrás, que se dice pronto. Aquí llegó con sólo tres discos de desfase.

Cómo la he disfrutado.

No, desde luego, por la retahíla de desgracias que ha sufrido Mr E a lo largo de su vida (que no se la desearía a nadie), sino por una conexión poco frecuente en intensidad, como si estuviésemos enlazados por ese extraño vínculo que dicen que tienen los gemelos. O como si estuviese narrando desde dentro de mi cabeza.

Eels

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Pallassos i monstres, de Albert Sánchez Piñol

Hacía tiempo que le tenía echado el ojo a este título. Fan del estilo de Sánchez Piñol en La pell fredaPandora al congo (descarnado, preciso), que su primer libro fuese un ensayo antropológico (lo que le da puntos extra de interés) sobre los dictadores del África postcolonial (aún más puntos extra) hacía que fuese sólo cuestión de tiempo que le hincase el diente.

Y me lo he ventilado en apenas dos sentadas. Primer punto a favor: una fluidez muy buena; no tan brillante como en obras posteriores, pero sin duda ágil. No será por falta de ritmo por lo que se le pueda criticar.

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Gorazde, Zona Protegida, de Joe Sacco

Consideraba que los niños de Gorazde podían tomar sus propias decisiones sobre los caramelos.

Joe Sacco, Gorazde, Zona Protegida, pág. 132

Y en la viñeta se ve a un niño del enclave musulmán, el único que sobrevivió la guerra, aparte de Sarajevo, desenvolviendo el caramelo que el autor le ha dado. Sonríe. En la dentadura faltan los incisivos superiores. De fondo, casas derruidas, sólo las paredes; las ventanas huecas y los techos desfondados. Poco antes, Sacco y otro colega de profesión discutían si era conveniente repartir caramelos a los niños (una golosina rara de ver en una ciudad sitiada durante cuatro años) o dárselo a sus padres para que estos los distribuyan adecuadamente.

Contradicciones de una guerra. Sacco y su colega, de nombre Whit, podían entrar y salir de Gorazde cuando quisieran. Esa no era su guerra. Y no pocas veces el autor se siente culpable, un extraño que se ha dejado caer por voluntad propia entre gente que lucha por sobrevivir ante una de las mayores atrocidades de finales del siglo xx.

¿Os imagináis lo difícil que resulta no ser condescendiente, paternalista, cínico…? ¿Y lo difícil que puede llegar a ser transmitir con fidelidad, con veracidad, qué fue lo que ocurrió? ¿Explicarlo sin tomar partido?

Joe Sacco tampoco pretende escribir el libro definitivo; pero quizá Gorazde, Zona Protegida sea más veraz que muchos otros. La preocupación por la veracidad es patente desde la primera viñeta. Sacco caricaturiza sus rasgos, como bien indica Francisco Veiga en la presentación, en parte como mecanismo para señalar su extrañamiento, pero también para no interferir ante la narración de los auténticos protagonistas: un elenco de personas (no personajes) con los que trabó amistad, compartió esperanzas, copas, cigarrillos, juergas y muchas horas de conversación, durante el último año de la guerra de Bosnia.

No nos equivoquemos: no es un libro amable. Ni para el autor ni para los lectores. Mucho más impactantes que las frías cifras y los mapas de guerra son las frustraciones, el hambre y las penurias de los amigos. Edin, Riki, Sabrina consiguen aquí lo que treinta segundos de un informativo, o un reportaje de la CNN, no pueden transmitir: que el lector tome conciencia del dolor.

La de Bosnia fue, de todas las guerras que sucedieron a la desmembración de Yugoslavia, la más atroz. También la más televisada. Y por ello, inexorablemente, la más tergiversada, ya sólo por la propia cobertura. Sarajevo fue el símbolo de aquella guerra, pero ¿alguien se acuerda de la caída del enclave de Zepa, poco después de la vergonzosa masacre de Srebenica? ¿A alguien le importaba el destino de los habitantes de Gorazde, ciudad que podía haber sido moneda de cambio entre el gobierno bosnio y el serbobosnio a cambio de un acuerdo de paz torpedeado (literalmente) por Karadžić y Mladić?

Sacco nos presenta a Edin, a Riki, a Sabrina, a sus padres, hermanos, tíos, amigos, al doctor del hospital, a las enfermeras, a los pocos vecinos serbios que se quedaron, y a todos les da, que no sólo se las presta, una voz de la que carecieron durante todo el conflicto. Sacco nos presenta a sus amigos.

¿Cómo no puede conmover Gorazde, Zona Protegida? Lo que se cuenta lo cuentan unos amigos. Y lo que cuentan es terrible.

El eterno aprendiz (el que no lleva al día la agenda)

No era mi intención dejar este blog tan desatendido como durante este último año, pero las circunstancias así lo han querido. Dejando aparte las razones de nivel personal, que más que menos influido a nivel anímico, lo cierto es la falta de material en este espacio no se debe a que haya dejado de comentar libros, discos, conciertos y todas esos otros campos que tanto me gustan, sino que he estado produciendo material para otros sitios.

Así, además de llevar por sexto año consecutivo un club de lectura y colaborar por segundo año (bastante a saldo de mata; mil disculpas a mis compañeros) con Èsceptics al Pub, me veréis escribiendo con cierta frecuencia en Crazyminds. Noticias, reseñas de discos, de conciertos, y alguna que otra entrevista (que también entrego tarde y de aquella forma). Cuando puedo, intento ilustrarlas con fotos tomadas en directo.

Respecto a las reseñas literarias, la verdad es que también voy a lo loco: más o menos diez libros a la vez (cosa contraproducente; siempre acaban quedando abandonados), poco tiempo para plasmar mis ideas en negro sobre blanco (o bit sobre bit) y un montón de colaboraciones sin cumplir.

Pero de vez en cuando acabo algo, y ese algo te deja con una sensación de satisfacción, y te anima a seguir.

Así que ahí seguimos.

Y aquí os dejo lo último de lo que estoy medianamente contento: una entrevista a uno de los grupos más prometedores del indie pop inglés, Veronica Falls. Pasen y vean.

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

La insoportable levedad del ser

Cuando me caen en las manos obras tan complejas y comentadas hasta la saciedad como La insoportable levedad del ser, me pregunto: ¿Qué puedo aportar, más que un poco más de ruido en este pandemónium de Internet? ¿Y qué acabaré malinterpretando de la obra? Porque una cosa queda clara: cuando, a cada capítulo, se abre una interpretación nueva, y a lo largo de las páginas se van acumulando tantas sensaciones, por fuerza (de mala memoria, o de falta de atención) algo se queda por el camino. Sí, después vendrá el placer de la relectura. Las que haga falta. Y la frustración por estar seguro de que la comprensión será asintótica, que jamás llegaré a la comprensión total.

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