2018 (2.ª parte)

(Foto: Ride en el Primavera Sound del 2018. ©: Álex Vidal)

Bueno, pues seguimos con el repaso a esos momentos destacados vividos el año pasado.

Octavo momento: U.S. Girls en La(2). Gracias a los amigos de Rockdelux por esos excelentes artículos y por incitarme a la curiosidad. Llegué a In a Poem Unlimited gracias a un artículo en el número de marzo y me fui enganchando paulatinamente, que es como he acabado encumbrando discos y artistas a mi top: así me pasó con Pulp y Different Class en el ’95 y con el Post de Björk en los 2000, por mencionar un par que tengo ahí en el altar.
Volviendo a In a Poem Unlimited, se trata de un disco repleto de capas, texturas y lecturas que requiere su tiempo para descubrir, situar y orientarse, como cuando caminas por Roma: el primer día sitúas el Vatícano y el Coliseo, y a finales de la semana vives la ciudad. Ojo, In a Poem Unlimited también se puede disfrutar a nivel visceral: ramalazos de funky jazz, base rítmica arrolladora (y arrullante cuando toca) y filigranas electrónicas y experimentales. Detrás de todo eso, una voluntad consciente de interrogar e incomodar. Y así fue el concierto de noviembre: Meghan Remy como polo de atracción y, a la vez, centro del sistema alrededor de la que todo fluye, la música y el discurso, la celebración atávica de la música y la reivindicación rabiosa y furiosa. En serio, que si no habéis escuchado el disco, ya tardáis.

Noveno momento: Sempre hem viscut al castell, Shirley Jackson. Sí, son de esas cosas que dices: «Álex, ¿no trabajas en una editorial? ¿Cómo es que no conocías a Shirley Jackson?». Aquí tengo que agradecer a Alejo que me pusiera en la pista, y a L’Altra Editorial que publiquen con tanto mimo a una de las autoras más inquietantes que he leído. Este libro ha pasado también a entrar en mi top… no sabría decir si ten, fivethree. Puede que unos personajes tan poco fiables te desquicien… pero es que esa es la idea: no hay nada seguro, nada es lo que parece, o sí, o vaya usted a saber. Pero te los crees de tan vívidos y verosímiles. Y da miedo, identificarte con ellos da auténtico miedo. Al fin y al cabo, el miedo procede de lo que somos capaces de hacer, ¿verdad?

Décimo momento: Para mí, la edición del 2018 del Primavera Sound ya habría merecido la pena con los conciertos del miércoles (Maria Arnal i Marcel Bagès y Spiritualized) y el jueves. El primero de los dos que me marcaron ese jueves fue en uno de los escenarios Mordor: Björk presentando esa joyita llamada Utopia. Sin ser un disco con concesiones (bueno, no se si algún disco de la islandesa tiene concesiones que no sea a su propia voluntad, y eso está muy bien), a la que te dejas llevar por la narrativa acabas de nuevo en ese mundo tan personal. Reconozco que me maravilla esa capacidad de aunar algo tan cerebral como la electrónica y tan visceral como la lírica descarnada (e incluso un poco pornográfica, en el sentido de que no se está de hurgarse las heridas para dar con esa canción que te va a dejar temblando) y crear canciones tan orgánicas y viscerales.

Pues eso: a pesar de que solo hizo un par de concesiones al repertorio más bailable y reconocible (bueno, costó reconocer «Human Behaviour» bajo las múltiples líneas delicadas de flauta), y con casi ningún estribillo para corear, solo tenías que aceptar la invitación a subir a ese mundo utópico para que todo a tu alrededor desaparezca y fluyas en la corriente musical.

Undécimo momento: Nick Cave & The Bad Seeds. En el otro escenario Mordor. Si Björk actuaba en Minas Tirith, estos, en Minas Morgul. Y nunca mejor dicho. Quizá vosotros hayáis visto mejores conciertos de Nick Cave, pero este era mi primero con los Bad Seeds, y me maravilló la demostración de fuerza en el escenario. La consistencia de la banda es de titanio, pero el magnetismo de Cave y Ellis es arrollador. Desde los himnos más contundentes hasta el preciosismo de «Jubilee Street» (momento lagrimones a chorros), imposible no caer rendido ante semejante comunión musical. Buf.

Duodécimo momento: Eels en la sala BARTS. Y no tanto el concierto, el segundo que veía de la banda y el primero tan eléctrico, sino el momento en que nos encontramos a Mr. E, ¿The Chet? (no consigo encontrar los nombres en la web) y el mánager en la furgoneta del tour frente a la sala y este último empezó a preguntarnos por salas de mayor capacidad para tocar en la ciudad. El mánager, mosca; Chet, divertido, y Mark Oliver Everett sentado en el escalón, fumando un puro y mirándonos con las gafas de sol puestas y una cara de niño travieso cansado pensando en otra travesura (o en otra canción, quién sabe).

Decimotercer momento: Arcade Fire en el Sant Jordi. Y aunque su último disco es bastante meh, en directo son imbatibles. Dos horas largas dándolo todo, el espectáculo entendido como vehículo para potenciar la música, para enardecer al personal, para pasarlo bien, al fin y al cabo, que no es poco hoy en día. Épica y mensaje, y también baile y un poco de hedonismo. Pues ahí estuvimos, cerca del escenario-ring gracias a Daniel y Sergi, que me guardaron sitio ahí cerca, donde mejor se sienten los coros del público cuando atacan «Rebellion (Lies)» o «Wake Up».

Bueno, seguimos mañana o pasado.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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