¿Qué fue del punk?

Os recomiendo encarecidamente la exposición Punk. Els seus rastres en l’art contemporani. Es tal cual su nombre indica, así que no esperéis una muestra exhaustiva del panorama musical de finales de los setenta, aunque los paneles dedicados a la eclosión del punk no se quedan en la anécdota y recorren tanto los precedentes como algunos de los herederos actuales de Sex Pistols, The Clash, New York Dolls, Buzzcocks et al. Menos evidente y mucho más interesante resulta el ideario, la gestación, el momento y el entorno en que se produjo la irrupción del punk. Recordemos uno de los eslóganes más conocidos y reconocidos: “No Future”. La sociedad occidental aún sufría los efectos de la crisis del petróleo, gobiernos terriblemente conservadores se asentaron en Reino Unido (Margaret Thatcher) y Estados Unidos (Ronald Reagan), las luchas sindicales se recrudecían (y acababan aplastadas por el gobierno de turno), el paro parecía sistematizarse…

¿Les recuerda algo?

El cuerpo como campo de batalla #Punk #macba

A post shared by Álex Vidal (@eleternoaprendiz) on

El punk fue fugaz pero dejó un rastro que, en parte, se rastrea en la exposición. Pero al salir me quedó la sensación de que, en unos tiempos tan parecidos a aquellos (o, incluso peor, a la Europa de entreguerras), no parece que haya un movimiento o un conjunto de ellos que le plante cara al sistema como, fugazmente también, se lo plantó el punk al stablishment en todos los niveles, desde el político al cultural.

Quizá aún falte perspectiva. O, desde luego, que haya multitud de movimientos que se me escapen al radar por no participar de sus círculos o estén convenientemente silenciados gracias a su omisión en los medios (aunque en este época de Internet se me antoja raro). ¿El 15-M? Aun así… ¿Dónde están reflejados el inconformismo, la lucha, la ruptura? Deben de ser símbolos muy sutiles, nada tan radical como cantar Anarchy in the UK London Calling, representar happenings con sangre y vísceras o… Bueno, sí, quizá unas de los últimas artistas con una actitud realmente punk (usado aquí como sinónimo de ruptura, denuncia, confrontación) sean las Pussy Riot. O las acciones reivindicativas del colectivo Femen. Pero se me siguen antojando pocos y no tan extendidos, tan simbolizados, en la sociedad. ¿El sistema ha aprendido a absorber y neutralizar con mayor diligencia la disensión, mercantilizándolo mucho más rápido que como hizo con el punk? Quién sabe…

O quizá la disensión ha tenido que aprender a ser más sutil para poder infiltrarse en el sistema y roerlo desde dentro. En ese sentido, la exposición Andrea Fraser. L’1 %, c’est moi tiene bastante de punk en su forma de criticar y poner en evidencia la tendencia mercantilista que en los últimos años se ha asentado en los museos y el mundo del arte. También os la recomiendo.

This Is Not A Love Song

No, no se trata ni de un análisis relacionado (demasiado) con el indie ni una boutade para atraer visitas, sino el nombre de la exposición que los chicos del Primavera Sound en la que se repasa, como dice el catálogo, “el cruce de caminos entre videocreación y música pop”. Como siempre, lo tenía apuntado en la agenda y, como casi siempre, casi se me escapa: me acerqué al Palau de la Virreina el ultimísimo día. Por los pelos.

Con una primera parte cronológica, desde los inicios (que se remontan casi al momento en que el rock pasó a ser objeto de consumo) hasta los años ochenta (con la eclosión del videoclip y la industralización de la imagen), y a partir de ahí mediante un hilo conductor más bien temático, This Is Not A Love Song tenía el espíritu de las exposiciones más “cabezonas”: en las primeras salas se analizanba el momento en que se gestaba, investigaba, innovaba y, finalmente, establecía una gramática de un medio que impactó durante los años sesenta. La experimentación extrema, encabezada por The Factory y The Velvet Underground, pero que conoció a grandes videoartistas que podían ser tan lisérgicos o tan polémicos como Warhol, Frank Zappa o Patti Smith.

Las grandes revoluciones culturales fueron también musicales y visuales: el glam, el punk, el noise, pero también el house, el disco, tuvieron (y tienen) una identificación en el lenguaje visual. Y no hablamos tan sólo de videoclips: performances, videocreaciones, películas… Todo un amplio espectro del que se exponían las obras más paradigmáticas.

Aunque no siempre comprensibles (o en algún caso limítrofes a auténticas boutades que confunden el fondo y se quedan con la forma), el gran valor de la exposición era abrir la perspectiva de la creación desde el punto de vista visual, y cómo es capaz de ampliar y multiplicar el sentido artístico de la música. También cómo, quieras o no, nuestros recuerdos musicales también están fijados visualmente. Si no, echad un vistazo a vuestra colección de discos; o, mejor, pensad en vuestra canción favorita, vuestro grupo favorito, vuestra mejor época en la vida, y os vendrán imágenes creadas con un propósito, con una estética muy concreta. ¿Quién es capaz de disociar la Velvet Underground y la cubierta de la banana de Warhol? ¿El punk con los imperdibles y la reina Isabel? ¿El grunge y el bebé en la piscina? ¿El noise y el artpop de Sonic Youth?

Sí, también había una sala en la que se proyectaban videoclips, clasificados temáticamente. Si a alguien le interesa, los vídeos son los siguientes:

2013-10-13 17.59.44 2013-10-13 18.00.04 2013-10-13 18.00.20 2013-10-13 18.00.35 2013-10-13 18.00.44  2013-10-13 18.01.08

6+ mil millones de otros

Sin lugar a dudas, Donostia es una ciudad mágica. Pero más allá del casco antiguo, la playa de la Contxa, la excelsa gastronomía y la hopitalidad, lo que más me marcó fue la visita improvisada a la exposición itinerante 6 mil millones de otros. Bueno, si la visitáis ahora, igual se llama 7 mil millones de otros, por aquello de que entre el verano y hoy se superó esa cifra de habitantes en la Tierra.

A partir de un formulario, se plantea a habitantes de los cinco continentes una serie de preguntas que, en la exposición, se agrupan en una quincena de áreas temáticas, divididas en sendos espacios en semipenumbra, de dimensiones acogedoras, con videoproyector, bancadas y cojines dispuestos por el suelo. En estas minúsculas salitas de proyección se emiten los testimonios sin apenas editado, dejando al encuestado vía libre para expresar sus ideas, sus emociones, sus inquietudes. Tanto los testimonios como las preguntas se pueden consultar en la página web. Una experiencia tremendamente enriquecedora, que pone en relieve tanto las diferencias culturales como, por encima de todo, los nexos que nos unen a todos los que compartimos este pedazo de roca que gira en torno al Sol.

Visitamos la exposición justo el último día en que se alojaba en el Museo San Telmo. En septiembre recalaba en San Petersburgo, y a día de hoy no sé por dónde parará. Si podéis visitarla, estéis donde estéis, como recomendación de amigo, id a verla. Sin prisas; para verla completa necesitaréis varios días. También podéis visitarla virtualmente en la dirección que os he enlazado al principio. Y si tenéis mano en algún centro cultural, intentad que la instalen allí. Pocas cosas son más eficaces a la hora de abrir los ojos.