Música en época de pandemia

Una reflexión en Facebook que acaba en el blog. Camino inverso al habitual. Vuelvo a escribir. Todo bien.

Se cierra el telón de la sala Barts sin una fecha de apertura a la vista © 2020, Álex Vidal.

Tengo que admitirlo: aparte del poco tiempo que dispongo para mí mismo, este acaba fragmentado en una miríada de pequeñeces que, muchas de las veces, poco aportan. Y escribir en el blog ha sido una de las costumbres (bueno, costumbre, como si alguna vez hubiese vivido cierta regularidad…) más afectadas. O la que más.

Por suerte, durante el confinamiento hard de la primavera, retomé, gracias a un par de buenas amigas, el hábito de escribir, (consejo: si os interesa, objectwriting.com es una excelente página para adquirir el hábito: 10 minutos al día, la primera actividad por la mañana, sin atender ni a ortografía ni a gramática —vale, yo sí que lo hago; vivo de ello—; y, a la vez, para encontrar esa voz propia, tan difícil a veces cuando te empeñas en escribir algo «literario»), aparte de mantener, también casi a diario, un (valga la rebuznancia) diario. Con el hábito, entre los ejercicios, las ideas que me asaltan de vez en cuando y el diario personal, recuperé el gusto por la escritura, una fiel compañera durante muchos años y a la que había olvidado. La sensación, ahora mismo, es muy cercana a la de plenitud. Sí, mirad, si lo escribo con una sonrisa en los labios 🙂

Y también tengo la impresión de haber mejorado un poco con la voz, con el contacto íntimo; por fin veo que me expreso con sinceridad, sin (mucha) impostura, directo del cerebro/corazón/alma/imaginación/llámalo X a la yema de los dedos, al teclado y a la pantalla en blanco.

No todo es práctica literaria: le doy muchísimas, infinitas gracias a las clases de música. Y, sobre todo, a la de canto.

Bueno, esto de aquí arriba, que pretendía ser una breve introducción (cómo me enrollo…; sí, esto también ha sido una mejora, pero de otro tipo), al final ha acabado como un miniprólogo para lo que viene a continuación: el caso es que quiero dedicarle más tiempo a estas actividades y sustraer ese tiempo tonto de las redes sociales. Sin embargo, hace unas semanas, el 29 de octubre por la noche, me era imposible conciliar el sueño: acababa de asistir al que iba a ser el último concierto antes de la aplicación del confinamiento social decretado por la Generalitat. Fue uno de los conciertos más emotivos (¡y mira que he vivido unos cuantos!) y tristes a los que he asistido. Silvia Pérez Cruz se negaba a marcharse del escenario de la sala Barts, y el concierto se alargó hasta las 22:45 (así que me salté bastante el toque de queda recién impuesto). Pero, con la noticia del nuevo confinamiento social sentí como si me arrancasen deliberadamente una parte vital: la música. No solo la música: la cultura.

No quiero usar ahora mismo este espacio para desarrollar lo que me parece una decisión de trasfondo político desconectada de la emergencia sanitaria (en breve: como se desprecia el valor de la cultura respecto a los indicadores macroeconómicos —lo que seguro que, además, es una falacia—, pues oye, no nos preocupamos; la gente, que produzca, consuma y se ponga a ver Netflix). Pero esa noche, a las 3:00, lágrimas aún en los ojos, unos ojos como platos que no dejaban de estar clavados en el techo, pues mirad, me surgió la necesidad de escribir algo. Y lo escribí en el muro de Facebook.

Como las actualizaciones de estado no dejan de ser efímeras, y ya que hubo gente a la que le gustó la reflexión, me gustaría inaugurar esta nueva etapa rescatándola del muro de FB. Aquí va, copiada y pegada tal como la escribí entonces, con los errores gramaticales y de concordancia que pueda haber. Sin intención ególatra alguna, sino como recuerdo de un momento (vital, histórico, sentimental) que me gustaría que no se perdiese en la corriente de las redes sociales. Ahí va:

El primer día que autorizaron de nuevo los conciertos fui a ver a Clara Peya. Hoy, último día (vigésimo quinto aniversario del Different Class, ahí es nada), a Silvia Pérez Cruz. Tenía tres conciertos más este finde, aparte del AMFest de la semana que viene, pero han pillado el trambóliko y se han ido a la puta. Ambos conciertos, el inaugural y el final, han sido de los más emocionantes que he vivido, por las artistas, las propuestas, el ambiente, las circunstancias, la gente especial que me acompañaba; conciertos que casi bebí, sediento como estaba de música, y que guardaré en la memoria como momentos únicos. Hoy casi me sacan a rastras de la sala Barts, no quería irme, quería alargar el último momento, el último acordé, los últimos aplausos (que han sido largos y cálidos). He hecho el esfuerzo (económico y de agenda, porque las ganas no me han fallado) de asistir a todos los conciertos que he podido; algunos han sido apoteósicos, otros emotivos, otros divertidos y alguno un poco meh, pero me han dado la vida en unos momentos que han sido duros para todos.Pero no me veo sin música. No concibo la vida sin ella. Aunque os pueda parecer frívolo, para mí no lo es. Permitidme que esté, ahora mismo, bueno, un poco jodido, para qué negarlo.Y os juro que lo primero que voy a hacer cuando vuelva la música en directo es sacar entrada y plantarme a primera hora donde sea, ojalá en sala, disfrutando del grupo o artista que sea, ya es que me da igual, aunque sea sentado y con las manos atadas a la espalda. Mientras pueda, estaré allí apoyando a los artistas y a todos los profesionales del sector con el grano de arena que pueda aportar. Desde luego, ahora mismo sería una mierda…, pero me encantaría haber montado una banda y llevar la música adonde fuera, aunque ahora me estuviese comiendo los mocos. Ya, nunca es tarde. Pero es que me da la vida y ahora me siento vacío. De mientras, procuraré que la música siga viva ni que sea en casa. (Lo siento, vecinos, os vais a tragar mis ensayos.)Perdón por la parrafada (a los que habéis llegado hasta aquí sin leer en diagonal). Stay safe! Y no permitáis que acaben con la cultura. Nos jugamos mucho en ello.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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