6+ mil millones de otros

Sin lugar a dudas, Donostia es una ciudad mágica. Pero más allá del casco antiguo, la playa de la Contxa, la excelsa gastronomía y la hopitalidad, lo que más me marcó fue la visita improvisada a la exposición itinerante 6 mil millones de otros. Bueno, si la visitáis ahora, igual se llama 7 mil millones de otros, por aquello de que entre el verano y hoy se superó esa cifra de habitantes en la Tierra.

A partir de un formulario, se plantea a habitantes de los cinco continentes una serie de preguntas que, en la exposición, se agrupan en una quincena de áreas temáticas, divididas en sendos espacios en semipenumbra, de dimensiones acogedoras, con videoproyector, bancadas y cojines dispuestos por el suelo. En estas minúsculas salitas de proyección se emiten los testimonios sin apenas editado, dejando al encuestado vía libre para expresar sus ideas, sus emociones, sus inquietudes. Tanto los testimonios como las preguntas se pueden consultar en la página web. Una experiencia tremendamente enriquecedora, que pone en relieve tanto las diferencias culturales como, por encima de todo, los nexos que nos unen a todos los que compartimos este pedazo de roca que gira en torno al Sol.

Visitamos la exposición justo el último día en que se alojaba en el Museo San Telmo. En septiembre recalaba en San Petersburgo, y a día de hoy no sé por dónde parará. Si podéis visitarla, estéis donde estéis, como recomendación de amigo, id a verla. Sin prisas; para verla completa necesitaréis varios días. También podéis visitarla virtualmente en la dirección que os he enlazado al principio. Y si tenéis mano en algún centro cultural, intentad que la instalen allí. Pocas cosas son más eficaces a la hora de abrir los ojos.

Foteu lo camp!

Estuvimos durante la segunda semana de agosto en la hermosa Vall d’Àneu disfrutando, como muchos otros pixapins durante las vacaciones estivales, de aquello que se ha venido a denominar deportes de aventura. (En invierno llega la temporada alta de verdad, colgando el letrero de “completo” por la afluencia de esquiadores.)

Al llegar a Llavorsí, donde habíamos alquilado un par de apartamentos para los ocho urbanitas que subíamos desde el Vallès, aparcamos justo delante de este letrero.

(Foteu lo camp: expresión soez y divertida, derivado del verbo fotre, una especie de comodín cuya primera acepción es “follar”, y escrita en catalán occidental, donde en vez del artículo masculino del estándar el se usa lo. La traducción más aproximada sería algo así como iros a tomalpolculo, más finamente largo.)

Así que, de valles pirenaicos que conservan sus tradiciones, nada de nada: la especulación inmobiliaria se esparce por todos los resquicios del territorio. Aquí arriba, más o menos camuflados con fachadas de piedra pero, ya os lo digo, el interior no tiene nada que ver con esas paredes recias, sino con los mismos tabiques de hoja de papel a los que estamos acostumbrados en las ciudades.

En Sort, capital de la comarca (Pallars Sobirà), nos encontramos también con este cartel:

Además de las constantes e insidiosas amenazas a la morfología urbana y paisajística, el aluvión de visitantes debe tener a los habitantes de la Vall contentos contentos.

En fin, espero no haberlos molestado mucho. Y sí, el agua de la Noguera Pallaresa, incluso en pleno verano, está helada 🙂

¿A que parece como si llevase haciendo ráfting toda la vida?