De verdades objetivas, subjetivas y literarias

Esta mañana nos hemos quedado fascinados con la reposición, en el Canal 33, de la emisión de la entrevista, hecha en el programa Singulars, a José Luis Sampedro. Disponible en el servicio 3 a la carta aquí. O aquí mismo, si se inserta bien el vídeo:

http://www.tv3.cat/ria/players/3ac/i360/Main.swf
(Vaya, pues no se inserta como debería. Tendréis que pinchar en el link anterior hasta que entienda cómo funciona WordPress…)

De los conceptos que, con una lucidez envidiable, trata Sampedro, uno de los que más hondo me ha calado ha sido el de la verdad (a partir del minuto 25, aprox.). No porque sea más importante, o lo haya tratado con más profundidad que los otros, no, porque no hay ni una palabra superflua en todo el programa. Completamente admirable. Pero hablaba de la verdad. De cómo identificarla, reconocerla y no enmascararla, hacerle caso omiso o ni verla. Algo que, en la mente de un (educado en un título) científico y racional no cabe mucha duda, ni siquiera en el terreno tan aparentemente surrealista como la mecánica cuántica. Claro que diferencia la verdad objetiva (que es sobre la que estudié en la facultad, la del método científico) y la verdad de los ideales.

La idea científica de la verdad objetiva quede bastante clara con esta imagen, tomada ayer en el vestíbulo del CosmoCaixa:

Vestíbulo del CosmoCaixa, con las 30 ecuaciones fundamentales
Vestíbulo del CosmoCaixa, con las 30 ecuaciones fundamentales

Algunas ecuaciones con más detalles (y reconozco que me emocioné al ver la ecuación de ondas de Schrödinger ahí en primer plano, y la de la energía libre de Gibbs…):

Algunas ecuaciones en detalle
Cuántica, termodinámica, relatividad...

Una imagen para mí preciosa. Reconozco que me quedé maravillado, palplantat en el vestíbulo, repasando todas las ecuaciones. De verdad, hay algo maravilloso en ese bello resumen del Universo.

Hacía años que no visitaba el CosmoCaixa (el antiguo Museu de la Ciència), por cierto, y se nos pasaron 3 horas como si hubiese sido apenas media hora, y casi todo en la Sala de la Materia (ah, la física…). Total, que al final no vimos ni la mitad del museo, absorto como estaba con los experimentos sobre dinámica, ondas, óptica… Suerte que podemos entrar gratis y que repetiremos en breve.

Pero estábamos hablando de la verdad, de la verdad objetiva y de cómo, tal como explica Sampedro, es necesaria la educación para que la gente sepa elegir y tenga libertad de pensamiento: el puntal de la libertad, en el fondo. Aparte de lo comentado sobre las ecuaciones fundamentales, ¿a cuento de qué viene la visita al CosmoCaixa?

Pues por una anécdota que refleja cómo la base angular que da pie a esa verdad subjetiva y a la libertad está resquebrajada: la educación.

Porque los experimentos que se exponen en la Sala de la Materia está claramente orientado a hacer comprensibles fenómenos de la naturaleza que, explicados en clase de física, química, biología o cualquier otra ciencia resultan áridos (y mortalmente aburridos para los estudiantes). Los paneles informativos son sencillos y no entran en absoluto en explicaciones de nivel universitario.

Cuando ves a los chiquillos probando experimentos como el giróscopo, la sedimentación, el muro de hielo, y ves que sus padres les explican con sencillez cuál es el principio del experimento, uno ve un rayo de esperanza. Lo habitual era, por desgracia, a los chiquillos jugando con los experimentos (normal)… y a los padres que no entendían ni papa (no pun intended) y que dejaban patente su, digamos, orgullo por la ignorancia. Ni una mirada al panel informativo mientras preguntaban “y esto ¿qué coño es?”. Pues hombre… ahí está el panel. Que no es tan difícil, joder.

Igual exijo mucho, pero ver a gente salir del CosmoCaixa con el mismo conocimiento que cuando entraron desmoraliza. Sign O’ the Times, que diría aquel.

Sin embargo, el esfuerzo para alcanzar la verdad ni es fácil ni garantiza nada. Porque vale, la verdad objetiva es mensurable, es aprehensible y todo lo que quieras, pero ¿y la otra? La de los ideales es con la que uno tiene que ser sincero, porque será la estructura que sostendrá sus decisiones. Importante tenerlo claro para no arrepentirse de las acciones que uno toma a lo largo de la vida. Y aun así, ¿quién no ha acabado en un callejón aparentemente sin salida, por muy clara que tenga su verdad subjetiva, sus ideales?

¿Y la verdad que no se razona, la de los sentimientos? Tenemos veintitantos siglos de literatura alimentándose de este motor de historias y generador de conflictos argumentales como para resolverlo en una entrada de un blog. Sólo cabe, pues, seguir añadiendo ladrillos (ladrillos… granos de arena, si acaso) a esos ventitantos siglos de tradición narrativa. Quizá no sirva para que nadie más encuentre el camino a su verdad, pero, como muchos otros, desde Philip K. Dick a Woody Allen (la razón por la que los admiro), me sirva para aclarar el mío.

Así que abrimos el Scrivener, y…

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

4 comentarios en “De verdades objetivas, subjetivas y literarias”

    1. ¡A por ello, oé! 😀

      I tot això que volia explicar ho fa moltíssim millor en Robert McKee al primer capítol de El guión: les històries són les claus per la vida, i per això ens agraden tant les històries. Una lectura, almenys la d’aquest primer capítol, recomenable per a tothom que li agradin les històries, siguin de cinema o de qualsevol altre art.

  1. Ten en cuenta que la gente va a CosmoCaixa a ver los peces gigantes del acuario, y lo demás les da un poco igual.

    Lo que hace ser de letras: lo de las ecuaciones fundamentales se me había pasado completamente por alto, y mira que hemos ido unas cuantas veces. :-/ Se impone una visita guiada por un físico. 🙂

    (Tranqui, habría quid pro quo: ya os haría yo una visita guiada al Museo del Prado, si coincidimos por Madrid, o por el MNAC, que es más factible.)

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