Corbatas

En mi primer trabajo me obligaban a llevar corbata.

Antes sólo lo había llevado a alguna boda y por exigencias del guion. La primera corbata que me compraron, la que llevé el día de mi comunión (sí, todos tenemos un oscuro pasado), era de las de falso nudo y goma para ajustarla al cuello. ¡Si en mi boda llevé cuello mao para no usarla!


Y diréis que no es para tanto, que te acostumbras a ella y que, en el entorno laboral habitual es común. Que lo mío son ganas de destacar, pereza o incluso madurez.

Mi problema con las corbatas tienen dos vertientes:

1. Vertiente física: Tengo un cuello bastante recio, y no estoy acostumbrado a ceñírmelo. Jamás he cerrado el botón superior de la camisa cuando la uso, pues lo habitual es que vista camiseta (más cómoda), así que cuando he tenido que disfrazarme de persona elegante, he tenido que dejar el nudo de la corbata suelto, e incluso ocultando el botón desabrochado, para evitar la sensación de ahogo.

2. Vertiente ideológica: ¿Acaso una corbata me ha de hacer más serio, más profesional, más eficiente? Yo creía que eso se demostraba a través del trabajo realizado, y no amoldándose a una apariencia profesional predefinida. Porque se trata de eso: de apariencias.

Así que con acudir limpio, despierto y sonriente al trabajo no había suficiente: había que vestir corbata. Vestido o traje para las chicas, pero para los chicos, corbata. Y daba igual que no conjuntase con el pantalón y la camisa: en ese sentido, cometí auténticas barbaridades cromáticas y ninguno de los directivos (el director general, Pepe, y sobre todo la directora de recursos humanos y a la sazón su esposa, Pilar, el poli bueno y la poli mala del buen vestir para el consultor y el programador) tuvo ni una sóla queja. Ahora, una zapatilla deportiva, unos tejanos, una camiseta, y en diez minutos eras el hazmerreír de la central en Las Rozas.

A los dos meses mi incorporación (con una “beca”, que no era más que un cursillo en horario laboral por el que pagaban 70.000 pesetas en negro), me destinaron (con nómina y alta en la Seguridad Social) a la sucursal en Barcelona, por aquel entonces un despacho en dos alas en un edificio de l’Eixample, con apenas seis personas programando en Cobol, cuatro (yo entre ellas) en Oracle, y una secretaría. El director de la oficina vivía en Madrid, así que, una vez al mes, volaba a Barcelona y ocupaba su despacho durante unos cuatro días en total.

Como, a pesar de no ser el mejor programador del mundo (es lo que tiene la intrusión laboral), me llevaba muy bien con mis compañeros (sobre todo con el equipo de trabajo de Oracle, con los que trabé muy buena amistad), me permitieron hacer algo que alguno de ellos ya llevaba años haciendo: guardar la corbata en un cajón para ponérmela cuando Carlos, el director de la sucursal, aparecía por la puerta, y quitármela cuando la cerraba tras él.

A fin de cuentas, me valoraban por el trabajo que desempeñaba, y al cabo de un año y un mes, fui yo quien, harto de un entorno laboral, la programación a medida para clientes financieros, que no me motivaba; de la competitividad rampante (otro día hablaré del chulito que entró como consultor raso y, digamos que haciendo uso de su apariencia física -jugador de balonmano-, consiguió que Pilar lo nombrase director de la sucursal por delante de otros cuya valía profesional -su trabajo- no se merecía el ostracismo), y de aguantar un ambiente viciado por el humo del tabaco.

Más adelante, en otro trabajo, demostré que mi profesionalidad no tenía nada que ver con la forma de vestir. Cuando ofreces servicio como help-desk, el usuario valora que le ofrezcas una solución. Y que lo escuches. Ahí también hice muy buenos amigos. Y que mi compañero de trabajo, trajeado él, emprendiese una campaña de acoso y derribo: se sintió amenazado por mi eficiencia y con mi buena relación con el personal. En fin, él se quedó con el puesto de director de IT, y yo desembarqué en otro trabajo más divertido donde, me parece, la apariencia es lo de menos.

O no.

¿Hay corbatas en el género? Sin lugar a dudas, sí. Porque hay gente que lee género (fantasía, ciencia ficción, terror, aunque la madre del cordero de todos los debates es la CF) que tenga apariencia de género. Que tenga una corbata bien vistosa, clásicota; mucha nave, mucha tecnojerga, mucha apariencia pseudocientífica. Hay gente que huye de las corbatas más hard como de la peste, señalándolos con dedo acusica. Las suyas son corbatas respetables, de marca. También hay obras vestidas con corbatas más al gusto mainstream, que mezclan con descaro lo mejor de ambos mundos, o que directamente usan una corbata con bermudas tejanas, camiseta rota y tirantes. Que se ríe de las convenciones. Y es que la risa es buena, es sana, es subversiva ¿Y qué importará la corbata, si lo que buscamos es una obra que cumpla, por lo menos, con unos requisitos mínimos? Vistámonos con ellas o deshagámonos de ellas, pero no permitamos definir las obras sólo a través del color y el corte de la corbata. Los requisitos a los que hacía referencia son los que conforman la narrativa: trama, temas, tono, personajes, conflictos, resoluciones, etc, elementos que conforman la obra con independencia del género. Por eso me subleva, tanto como que me obliguen a vestir con traje y corbata para pogramar en una sala cerrada “para ofrecer una buena imagen” a unas visitas que no van a dignarse a pasar entre unos currantes, que el lector o espectador discrimine una obra porque aparezcan o no naves espaciales; porque los efectos especiales sean espectaculares o sólo sean renderizaciones cutres; que la obra sea española, americana o iraní; porque los personajes estén de buen ver o sean más feos que pegarle al padre; porque salgan tetas, pollas y culos o dejen de salir; o por cualquiera de las apariencias por las que nuestros prejuicios corbateriles lleva a cerrar la tapa del libro, a cambiar de cadena o a buscar un burger abierto y hacer caso omiso a la narración y los elementos que mencionaba antes, que el lector/espectador disfrutaría si no fuera por esas apariencias, esos prejuicios.

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Felicidad

Por desgracia, tuve pocas ocasiones (y tranquilidad cero: qué poco queda de aquellas sesiones de literatura zen) para plasmar en fotografías un aspecto que, después de un mes de trabajo a destajo, quebraderos de cabeza y alguna que otra decepción (una muy fea de la imprenta que imprime los libros de cartoné, que son la antítesis de Reinbook, una gente maravillosa que ama lo que hace y que, a Quique y a mí, nos demostraron con creces), hace que el esfuerzo haya merecido la pena, mucho, mucho más allá del éxito de las convocatorias en la Jaume Fuster y en el NH Pódium:

Las sonrisas de los que conseguía una dedicatoria, unas palabras siempre amables, y unas fotos con George R.R. Martin.

Obviamente, estos actos forman parte de una visita promocional del autor, y estoy seguro de que la inversión realizada para traer al autor a España se verá cubierta con creces. O igual no, aunque lo dudo. Pero, igual que cuando nos dejamos un pastón para ir a ver, por ejemplo, a Bruce Springsteen en el Camp Nou, la entrega, la pasión y la lírica de una noche de rock bajo la luna barcelonesa será lo que llevaremos siempre en la memoria y, sobre todo, en el corazón.

Esa sensación era la que me acompañaba el viernes por la noche, tomando unas tapas y unas cañas con mi MJ 😉 y con unos cuantos amigos mientras George & Parris cenaban en el restaurante de al lado con más fans (toda una compañía de asshaítas) y colaboradores de la casa: la satisfacción de haber contribuido, aunque sea mínimamente, a repartir felicidad entre unos cuantos cientos de lectores.

Todo ha merecido la pena.

Algunas fotos, por aquí y aquí. Y surfeando, seguro que encontráis más…

Uno de esos días…

Hace dos semanas en las que el sol es aquello que cuelga del otro lado de la ventana.

Estoy exhausto. Y la primera víctima es la Semana Negra. He decidido no ir. Lo siento por Martin, lo siento por mis amigos, pero que al primero lo pasee otro, y los segundos que disfruten de su presencia. Qué ganas de descansar, descansar de absolutamente todo.

No sólo el cansancio ha hecho que estos días, además, se me desate la rabia. Sí, estoy rabioso. En esta situación, sé que lo único que mejora es mi escritura. Pero como no tengo tiempo, me toca ajo y agua. Así que no me acariciéis, que muerdo. ¡Roar!

Como de algo me ha de servir el blog (que hace tiempo que tengo abandonadito; bueno, tenemos: no sé qué andará haciendo el otro colaborador) que sirva de desahogo. Este es uno de esos días, por desgracia demasiado frecuentes últimamente.

Lo mejor de la semana: Radiohead, en compañía de mi sobrino y de Juanma. Y de otras 20.000 personas que pasaban por allí, muy arrejuntaditos todos 🙂 Otro día lo comento (con dedicatoria a Gabriella y Víctor, of course, que los echamos de menos).

Tres minutos de música y referencias friquis

Apenas a unas horas vista del tercer Día del Orgullo Friki, me ha llegado un aviso del sitio oficial de Weezer (grupo que sigo desde su Blue Album, y cuyo Red Album -sí, son así de originales, los chicos- está al caer), avisando de que el grupo acaba de colgar en YouTube el videoclip del primer single: “Pork and Beans”.

Toda una delicia friqui, geek, nerd y cualquier adjetivo “rarito” que se os ocurra.

Feliz Día del Orgullo Friki. Que la Fuerza os acompañe.

(Espero que, de una vez, me pueda sacar esa espinita clavada y pueda por fin ver a los californianos de “Buddy Holly” en directo.)

¡Tú! ¡Yo! ¡Bailando!

Alguien dijo que Los Campesinos! son como Arcade Fire, pero en alegre. Y tiene toda la razón.

Además, su puntito friqui han de tener. Atentos al videoclip de “You! Me! Dancing!”: animación, un poco de 1984, unas gotitas de Alien Nation y de space opera, un poco de Godzilla y monstruos mutantes, un final de Misión de gravedad… y mucha ironía.

Este año estarán actuando en el Summercase. Como no son cabeza de cartel, puede que coincida con alguno de los “grandes” (aunque si ese “grande” es The Sex Pistols, yo no lo dudaría… Los Campesinos!). Yo iría a verlos… si pudiera, pues me coincide con otro concierto (y ya es mala suerte que me diese cuenta un día después de comprar el abono del festival. ¿A alguien le interesa? El abono lo vendo a precio nominal, que a mí, eso de la reventa nunca me ha hecho gracia.)

Why go HispaCon

Juanma se pregunta cuáles pueden ser los motivos para que muchos asistentes habituales hayan preferido no asistir a la HispaCon de este año.

Para aquellos de vosotros que me leáis y no sepáis lo que es (pero, ¿hay lectores de este blog que no lo sepan? Es más, ¿hay lectores de este blog…?), aquí encontraréis información sobre el concepto de las HispaCones.

Bueno, embarrando pies y manos en el ombliguismo más absoluto (al fin y al cabo, es un blog, y como dice Juan Luis Cebrián…), dos han sido básicamente los motivos por los que he decidido no acercarme este año a Sevilla. Voy a intentar analizarlos con un poco de detenimiento:

Primer motivo: resulta que el concierto de !!! está programado dentro de la sesión de viernes del Razzmatazz. Así que mucho hacer cola en la puerta, para pasarnos las dos primeras horas pegados a la valla de primera fila (sí, soy de esos masocas que prefieren que lo aplasten y berrear ante el grupo) bailando al ritmo de los DJs, cosa que no habría estado del todo mal si no fuese porque la segunda hora fue de un agobio agobiante (empellones quiero creer que accidentales, luchas subrepticias por nuestro bien defendido hueco, el humo del tabaco y de los porros -estos últimos menos molestos que los primeros- en una sala supuestamente “libre de humos”). Nuria, que decidió el día antes venir porque, por fin, escuchó sin prejuicios el Myth Takes, visto el percal se subió a la balconada a la derecha del escenario, donde pudo sentarse tranquilamente sin que la aplastasen.

Y a las tres se corrieron las cortinas y se puso en marcha la máquina rítmica, a todo trapo, y evidenciando la pésima infraestructura de sonido de la sala. Donde la música tenía que ser apabullante, acabó siendo confusa; un engranaje nítido quedó en un sucio barrizal de sonido: bajos distorsionados, agudos estridentes, y voces perdidas en el maremágnum. Pero la actitud, ¡ah, amigos!, la actitud pagó con creces la carencia acústica, y Nic Offert y los suyos encararon al público desde el primer momento. Si los comentaristas deportivos, en los demasiado habituales momentos de ahuyentar silencios con cháchara sin sentido, aseguran que el público es el duodécimo jugador del equipo local, !!! busca, casi exige, y obtiene la participación del público en su música, como un cantante más (o más bien como un alocado y enfervorizado fan), el miembro número ocho del grupo (tras la deserción de John Pough) aunque en muchas ocasiones, dado el sonido tan voluptuoso, quienes estamos más habituados a los sencillos coros del pop nos encontramos perdidos, sin saber qué toca: intentar seguir el estribillo en neoyorquino a todo trapo, batir palmas, saltar, o todo ello a la vez.

Soy muy malo recordando setlists, y muy perezoso para apuntarlo durante el concierto (y qué demonios, voy a disfrutar de él, no ha hacer reportajes para Rockdelux) pero casi todo el repertorio se centró en Myth Takes: como dije en su momento, un disco compacto (no me refiero al formato, sino al contenido) y directo al escroto, mucho más adecuado para un directo que no las canciones más desvaídas de sus anteriores trabajos. Arrancaron con “Bend Over Beethoven” (creo recordar), para atacar “All My Heroes Are Weirdos” (el despiporre, con Offert bajando al nivel del público, chocando las manos, agarrándose y volcando su torso sobre el público), “Must Be the Moon”, “A New Name” y “Pardon My Freedom”. Después creo que llegó el éxtasis con “Heart of Hearts”, “Yadnus”, me parece recordar el “Sweet Life”, cantado por Shannon, todo un chorro de voz y de energía, y sólo puedo suponer que acabaron con “Take Ecstasy With Me”, pero a estas alturas no me pidáis grandes esfuerzos… Poco más de una hora que se hizo corta, muy corta, pero muy muy intensa.

Offert es un vendaval que focaliza toda la atención. Choqué manos dos veces con él; Nuria, sentada en la balconada a sus buenos seis metros de altura lo tuvo a apenas dos palmos cuando se subió sobre una de las torres laterales de amplis, cosa que ya había hecho en el lado opuesto del escenario. Precisamente en “A New Name” una colgada (en sentido literal; su cara de beatitud sugería mucha sustancia lisérgica en un cuerpo tan juncal) se subió al (bueno, logró encaramarse y sentarse en el borde del) escenario para recibir los cariños de los cantantes, a los que lanzó un beso tan etéreo como su sobriedad. El pobre segurata (lo de pobre se explica después) la bajó con cuidado, no sin poder evitar que se le resbalase dos veces, y en cuanto se giró, tres chicas más habían asaltado el escenario ante el regocijo de Nic Offert, que disfrutó de lo lindo bailando, y desconcertó al pobre miembro de la seguridad, pidiéndole que las dejase estar allí con él. Estos asaltos se repitieron tres veces (la última ocasión me permitió leer la talla del zapato de la última chiquilla que subió…), con tocamientos impúdicos por ambas partes, a mayor hilaridad del público.

Ronco, empapado en sudor y completamente extenuado (horas antes había ido al gimnasio, si es que ya me vale…), aun así nos quedamos un ratito a la sesión de baile, con la pista ya más despejada y con esa música del Déjà Vu que ya no nos ponen en ningún sitio.

Bueno, después de desmenuzar el primer motivo, vamos a por el

Segundo motivo: si tengo que escoger entre una HispaCon y un concierto de !!!, o de Arcade Fire, o de Simple Minds, o de algún artista que me guste, mucho o poco… creo que me inclino por la música.

Y no me malinterpretéis: me lo paso bien en las hispacones: veo a amigos de las cuatro direcciones de la rosa de los vientos, comentamos nuestros gustos y aficiones (no sólo sobre género), y comemos y bebemos y nos reímos e, incluso, de vez en cuando asisto a algún acto, algunos tan sublimes como la mesa redonda en que participaron César Mallorquí, Fernando Ángel Moreno, José Luis Merino, Lorenzo Silva y José Carlos Somoza. Pero cada vez asisto a menos actos, porque muchos de ellos ya me suenan, ya los he visto, ya ha habido algo parecido. Es como una especie del día de la marmota, más sutil y temática. No es, ni mucho menos, una crítica a los programas de cada HispaCon en particular, sino al concepto en sí. Es inevitable que haya alguna mesa redonda en la que se hable del estado del género en España, o del gueto, o de la edición; charlas con autores a los que, en su gran parte, conocemos por habernos tomado unas cañas con ellos y haber pasado buenos momentos. ¿Se podría ofrecer algo más, alguna innovación, alguna renovación? Quizá sí. Quizá sería necesario un enfoque hacia la promoción de la lectura, a indagar en corrientes paralelas, o que cruzamos sin advertirlas: no me cabe en la cabeza pasar por alto libros y autores de fantasía que venden a cascoporro, caso de Laura Gallego o Philip Pullman, o a los autores arriba mencionados, pero que cada alberga una convención dedicada en exclusiva a la figura de Pascual Enguídanos; u omitir a la literatura infantil y juvenil, cuando una parte nada despreciable de este sector del público se nutre, de una forma a otra, del fantástico. Y que no haya más representación editorial que las editoriales “de género”.

Quizá la solución sea la profesionalización. O quizá nos falte el elemento adecuado, la piedra filosofal del fándom. Pero sería buena cosa desperezarnos un poquito y darle vueltas al asunto.

Pearl Jam: Why Go

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HispaConeando

3, 4 y 5 de noviembre, XXIV HispaCon, Dos Hermanas (Sevilla). Mucho que contar. Muchos amigos a quienes reencontrar, además de a mi familia sevillana, y otros a los que echar de menos.

He estado esta última hora creando una cuenta en Flickr y subiendo las pocas fotos que tomé. Creo que podéis verlas aquí, si no he configurado mal la cuenta.

La única en la que salgo:

De derecha a izquierda, la traductora, el editor y el maquetador. No muy borrachos. Aún.

Ya iré desgranando mis impresiones más adelante (eso, si no dejo colgadas las “crónicas” como hice con nuestro viaje a París). Por lo pronto, disfrutad y comentad.

Y, como ya he dicho en algún blog amigo, un agradecimiento al esfuerzo de la Junta de la AEFCFT y a los organizadores de esta HispaCon que han echado el resto estos dos últimos meses tras el fiasco cordobés.

¡Va por ustedes!