León Benavente, sala Apolo, 16 abril 2017

Si me hubiese metido en el meollo, en to’l cohollo, que diría mi madre, seguramente no pondría reparos porque me habría limitado a sobrevivir en el tsunami de coros, saltos y sudor que se veía desde el lateral.

Pero el lateral permite una visión un poco más externa. Y, bueno, no es que me diesen miedo, como le pasó a Jordi Bianciotto, pero sí que semejante apisodanora, puesta desde el segundo uno, me sacó del concierto, un poco en plan “What the fuck?“. En cualquier otra crónica se estarán usando las expresiones típicas sobre músculo, garra, la carne en el asador, salir a ganar y tal, pero qué queréis que os diga, yo los recordaba rockeros, sí; contundentes, también, pero sin lugar a dudas más sutiles de lo que vi ayer. Ni que sea un poco.

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El diluvio del Primavera II: Viernes, 30 de mayo del 2014

Los hípsters no son hippies y el Fòrum no es el barrizal de Woodstock, así que, cuando se abrió el cielo plomo sobre nuestras cabezas todo el mundo corrió a guarecerse bajo los inhóspitos aixoplucs de la Jungla de Asfalto para poder lamentarse, con las mechas pegadas a la cara, del estado de empapamiento a través de Twitter. Aunque el día también nos ofreció momentos hermosos como el doble arcoíris frente al escenario Pitchfork; Joana Serrat tuvo que quedarse a cuadros cuando el escaso público le daba la espalda, smartphone en mano, para inmortalizar el instante.

El arcoíris de Joana Serrat
El arcoíris de Joana Serrat

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Resumen de la semana: León Benavente, y ya después el resto (con mención de honor para Angel Olsen)

Por pura mala suerte no pude asistir al concierto del domingo pasado de Holy Fuck en la Apolo, un concierto que prometía electrónica, sudor y baile a espuertas, pero oye, cuatro conciertos en una semana no es moco de pavo.

El lunes, Rodrigo Amarante visitó la pequeña sala Sidecar para un show acústico. Ya podría haber sospechado que en semejante escenario no iba a tener cabida la banda que lo acompañó durante la muy destacable actuación en el Primavera Sound. Sólo, guitarra acústica en ristre, se ganó la simpatía del público pero ofreció un concierto más bien insulso. Al no poseer una voz que destaque, ni destacar con la guitarra acústica, el repertorio de Cavalo quedó bastante deslucido. Una pena.

Martes, La[2] de la Apolo, concierto de Angel Olsen, con un segundo largo bajo el brazo, Burn Your Fire For No Witness, que tiene todos los números de entrar en el top 10 de lo mejor del año. Ojo, ojo. La telonearon los barceloneses Cálido Home, dúo que, esta vez sí, con sólo dos guitarras acústicas, dos voces y mucho cariño crearon un ambiente como de bosque feérico-urbano del que lamentaría su brevedad. 45 minutos se antojan muy cortos cuando estás tan a gusto.

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