Cosas que hacer para no perder la memoria

Fenomenal día de playa: hoy en la Barceloneta hemos compartido unas horas de sol y agua con vendedores de cocos, tatuadores ambulantes y “cervesa, fanta, colaaguafrescaa”; y también con un banco de medusas, detritus varios de las colectoras que la corriente ha arrastrado hasta la orilla y las sempiternas colillas que brotan de la arena como champiñones.

Curiosa anécdota: dos gitanas vendiendo pareos y otras prendas, gritando “pareooos, guapaaa; que me los quitan de las manoos. ¿Quieres un pareo, presiosa?”. Y, un momento después, se gira a su compañera, y la conversación captada ha sido algo así como:

-Ei, baixem per aquí, que anirem millor.
-Vale. T’has fixat la paia aquella? S’ha quedat amb els cinc euros?
-Sí; és que, avui en dia, no et pots fiar de ningú.

No, no estaban practicando; era su lengua. Y es que los tópicos son contrarios a la mente abierta.

Allí, bajo el sol, he leído este artículo en El Periódico sobre la Quinta del Biberón. Los muchachos recién adultos movilizados en el ’38 para defender lo que quedaba de la legítima República cuentan hoy con 85 años. Les deseo buena salud pero, por desgracia, en unos cuantos años ya no quedarán supervivientes de aquella época cruel y cruenta de nuestra Historia.

No voy a entrar ahora en juicios de valor; ni los quiero. Sólo resaltar las historias de unas personas que, como dice uno de ellos, se quedaron sin infancia y pasaron de golpe a la madurez.

La ilusión de una niña, la vitalidad de los 80 años

Esta entrevista, publicada hoy viernes en El Periódico (pinchad hoy, que mañana el link ya no funcionará), es, simplemente, maravillosa.

Maravillosa, ¿por qué? Porque Ana María Matute desnuda parte de su alma y habla de una infancia difícil, y de un espíritu indómito y rebelde que hace que, aun hoy, sepa tener la mirada entusiasta de un niño y una madurez difícil de encontrar hoy en día.

En otro orden de cosas, la viñeta de hoy de Ferreres viene un poco al socaire del post sobre incorrección política de Simbionte. Pinchad y reíd, que no es para menos. ¡Ah! si los mejores analistas políticos en la actualidad son los humoristas gráficos: mordidas certeras en una viñeta.

¿Te ahogan las deudas?

Eso te pregunta una voz ágil, dinámica, jovial, con ímpetu, en la radio. O en la tele. Siempre a primera hora, cuando, en una familia tipo (¿quedan familias tipo? ¿Qué significa eso, al fin y al cabo?), la persona que no va a trabajar se queda en casa. O no, igual está en el trabajo y le permiten usar auriculares (como es mi caso).

Ya sabes: tienes 3.000 euros disponibles en 24 horas, a devolver en n plazos comodísimos a un modesto… ¡23%! Por ejemplo, aquí. Los cálculos económics no han sido nunca lo mío, pero quien solicite este préstamo acabará devolviéndole a la compañía creditaria esos 3.000 euros… más 800 euros… ¿Sale a cuenta?

Bien, quizá en un momento puntual, sí. Pero lo que me da más miedo es el target al que apuntan: mujeres (desengañémonos: en este país aún sigue siendo la mujer la que acaba sacrificándose, pringando en casa. Cuánto nos falta hasta alcanzar la igualdad) que hacen malabarismos para gestionar el sueldo que entra en casa; familias con problemas acuciantes a los que los bancos no fían.

Ahora, he escuchado un anuncio donde otros nuevos targets son representados por actores que los conminan a solucionar sus deudas, agrupándolas todas bajo un mismo recibo, que ya ni sé qué interés puede alcanzar: se oye una mujer mayor, un inmigrante con acento magrebí, un joven muy joven…

¿Y por qué me da miedo? Al fin y al cabo, cada uno ha de ser responsable de sus gastos, se podría decir. Pues me da miedo el hecho de que, quien más quien menos, se ha tenido que meter en una hipoteca que, a día de hoy, se puede “zampar” el 50% de los ingresos mensuales de la familia, en un momento en que los intereses estaban muy bajos, excesivamente bajos. Una ligera subida arrastrará a mucha gente a sacar dinero de debajo de las piedras. Y, en la desesperación (como en el caso de los targets antes mencionados, los grupos que más fácilmente se pueden encontrar en esta situación desesperada), estas “ofertas” pueden parecer la panacea. Y hundirlos, o hundirnos, más en la miseria.

¿Es legal? Sí. ¿Es moral?

Versión 2.0 del eterno aprendiz

Aprendiz de todo y maestro de nada. Mi padre acostumbraba a decirme esta frase cuando, de pequeño, me interesaba por un montón de cosas (mecanografía, baloncesto, música, flamenco) las empezaba todas y no acababa ninguna.

Hoy en día, sigo haciendo lo mismo. Cuentos, novelas, algún artículo, guiones, historia…

Por no persistir, no persisto ni en la misma comunidad bitacoral. Así, viendo el diseño tan atractivo que, de entrada, ofrece Blogger, he decidido empezar a probarlo y moverme aquí desde Blogia, una comunidad bastante más humilde.

Podéis ver como era antes El eterno aprendiz pulsando aquí.

Pasad y sentíos como en casa. Sois bienvenidos.