Post de jornada electoral: Traficantes de información, de Pascual Serrano; política de titulares y política a pie de calle

Si hoy le echáis un vistazo a la portada de El Periódico de Catalunya me veréis sentado entre Joan Coscubiela y Josep Antoni Duran i Lleida. Todo gracias a una iniciativa del rotativo barcelonés para publicar en la jornada electoral: organizar una reunión informal entre los cinco cabezas de cartel de la demarcación de Barcelona y diez suscriptores del diario.

También una idea muy loable para bajar a los políticos del pedestal mediático y acercárnoslos a los ciudadanos, para que podamos departir un rato con ellos; para constatar de son de carne y hueso, y ver cómo se comportan en las distancias cortas, para constatar la diferencia entre la imagen pública proyectada y la personalidad real de cada uno. Incidentalmente, porque la idea previa era que les planteásemos nuestras dudas sobre sus propuestas electorales, este fue uno de los temas de lo que más se habló entre políticos y lectores: la transmisión de la información a través de los canales (centrándose, ellos, en los habituales; poco o nada se habló de las redes sociales).

Un eslogan del 15-M

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Los recortes y la responsabilidad

Hace unas semanas recibí la revista mensual municipal Riu Sec. La típica revista con información sobre las actividades municipales, un poco de promoción de la ciudad, del comercio, el resumen de las sesiones del pleno, bla bla bla. La típica información que, como ciudadano, debería interesarme, y que como lector, pues me aburre, qué le vamos a hacer.

Pero en esta ocasión, cuando la recogí del buzón, ¡ah!, la emoción se apoderó de mí. La imagen de portada es poco menos que gloriosa:

Portada Riu Sec
Portada Riu Sec, octubre del 2011, o El impacto de la basura fuera de hora

“Y ¿cuál fue la causa de ese sobrecogimiento? ¿El diseño? ¿Los colores? ¿El motivo?”. Pues no. La poca vergüenza.

Veréis: No es que me haya vuelto de sopetón anarquista (o cani, o pasota, o ninguno de esos anarquistas urbanos del “hago lo que me sale de los güevos y punto” que tanto abundan en el extrarradio), ni me caracterice por el incivismo (los que me conocen pueden asegurar, creo, que mi actitud es más bien la contraria, como buscar una papelera para depositar los vasos de plástico en todo un FIB). Pero con la que está cayendo hoy en día, resaltar en portada unos actos incívicos (y bastante comunes, todo hay que decirlo) del orden máximo de 300 euros cuando:

  • Se han instalado dos pantallas electrónicas cuya utilidad, aparte de los anuncios digitales, aún está por ver (yo no he visto, por ejemplo, ningún anuncio de ningún acto cultural, o información de interés general más allá del teléfono de atención al ciudadano);
  • Se ha malgastado dinero en una pasarela sobre el río Sec a causa de un error en su planificación;
  • Se malgastó dinero en una reproducción a tamaño megalómano del lema de la ciudad, que sólo se mostró durante los días de la Festa Major de un sólo año.
  • Y habrá más ejemplos, obviamente. Trabajar y disfrutar del ocio fuera de la ciudad hace que esté muy desconectado de lo que se cuece por aquí.

Si añadimos que el ayuntamiento de Cerdanyola no fue ajeno a la moda de vender suelo público durante la etapa del ladrillazo (y sólo hay que recordar el proyecto de la Plana del Castell como paradigma de lo que se cocía entonces), uno se pregunta (sin restarle complejidad, desde luego, a la gestión de unas arcas municipales): ¿Qué se ha hecho con todo ese dinero que se ingresó para qué, al tercer año de crisis, se esté transfiriendo la responsabilidad del déficit a los incívicos que no usan el servicio de recogida de muebles?

Insisto: Hacer malgastar 300 euros al consistorio me parece feo; con tan sólo avisar al servicio de recogida de muebles (según esta portada), los vecinos nos ahorramos unos centimillos. Pero que te lo eche en cara tu ayuntamiento después de unos claros despilfarros cabrea. Mucho. Aunque no hayas tirado un puñetero papel al suelo.

History will teach us nothing

Ayer clausuramos el club de literatura fantástica de la biblioteca Jaume Fuster comentando La guerra de las salamandras, de Karel Čapek. Como en la sesión de hace un par de años, el libro gustó unánimemente, algo que me alegra muchísimo: tengo cierta debilidad por este autor que, ya en 1936, era capaz de analizar la sociedad moderna de forma amena y con una sutil ironía. Es decir: entretiene y, a la vez, deja un poso amargo que la risa no hace más que recalcar a fuego. El mejor comentario que recuerdo haber escuchado sobre la obra es: “Este libro habla de todo”.

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La (auténtica) fiesta de la democracia.

Tienes derecho a votar. Tienes derecho a no votar. También a votar en blanco. Y también tienes el derecho inalienable, según el artículo 21 de la sacrosanta Constitución (tal es el ahínco con que la defienden los dos partidos mayoritarios, ya ves tú), de manifestarte. Así que no vengan ahora con las monsergas de que la democracia se defiende en las urnas. Sí, y también en la calle. ¿O se imaginan a los manifestantes del mayo del 68, o de los que salieron a la calle en España en la primavera del 76, quedándose en casa porque “ya nos expresaremos en las urnas, la fiesta de la democracia” (y mucho menos en este último caso, claro está)?

Pues eso: La gente está descontenta, indignada, y lo están expresando de esta manera. Podría ser de otra, aunque me gustaría saber de cuál. Y mejor no les hagan caso omiso. Igual siguen saliendo elegidos, pero aún quedarán ustedes más retratados como actores desconectados de los ciudadanos. Sus ciudadanos. A los que ustedes tienen que servir. O deberían de servir, en lo que debería de ser la “expresión de la democracia”.

Jornada de reflexión: mi reflexión sobre #spanishrevolution y su influencia en la jornada electoral

A nadie le pilla de nuevas que uno de los comentarios que circulan en la opinión pública es que las acampadas, levantadas espontáneamente en muchas ciudades españolas, favorecerán más aún si cabe el desplome del PSOE (y sus federaciones, como el PSC en Cataluña) en las elecciones autonómicas y municipales que se celebran mañana.

Digámoslo bien claro: en ese berenjenal se ha metido el PSOE él solito. Aun a pesar de la dureza de la crisis económica. No se puede negar que su gestión, en ese aspecto, ha basculado entre la negación del problema y la sumisión a las directrices del mercado exigidas por ese sicario llamado Unión Europea (triste espectro de lo que un día fue el sueño de una auténtica unión de los pueblos europeos).

Y no tiene pinta de que nada ni nadie los pueda salvar.

Aun así, se discute de la conveniencia de que las acampadas se celebren justo ahora, pues podrían restarle más votos todavía al principal partido de la “izquierda”.

Debatamos este punto. Partamos de la hipótesis, así a muy grosso modo (tengamos esto siempre presente) de que el votante de derechas es un votante muy fiel. El PP tiene una base de ¿diez, doce millones? de votantes que se ha mantenido estable aun a pesar de la patochada de José María Aznar y Ángel Acebes con el 11M. Parecen o cómodos con el discurso tremendamente populista o, como sería más lógico pensar, la política conservadora les es más beneficiosa.

Aparte del votante fiel por cuestiones económicas o de clase, cabe mencionar el no exiguo apoyo de clases humildes, sobre todo en entorno rurales (donde tendríamos que remontarnos a la evolución económica del campo español desde el siglo XIX, los fracasos de las diversas reformas en tiempos de Isabel II, las Repúblicas, etc.), y que tendrían su razón de ser en el discurso populista. Porque, ahora mismo, no se me ocurre qué beneficios pueden obtener de los seguros recortes en servicios sociales ni de las reformas laborales que recortan sus derechos. Por la radicalidad del debate, que exacerba miedos latentes y poco racionales, este electorado también se mantiene fiel.

Quedaría, pues, un sector, que a tenor de los resultados de las últimas elecciones no parece muy numeroso, cuyo apoyo se pueda deber a cuestiones más coyunturales. Digamos que pueden ser profesionales, aunque el sector de los autónomos tampoco parece haber quedado muy bien parado en las anteriores legislaturas del PP. Ni en las del PSOE.

Si miramos al votante de izquierdas, siempre decimos de él que es el que más fácilmente se desanima, porque, digámoslo también claro, el ideario de izquierdas del PSOE casi siempre acaba relegado por mor de un gobierno más “pragmático”, palabra que, en sus manos, se convierte en un eufemismo de política económica de mercado, y una pátina de progresismo en las políticas sociales. Políticas que no dudan en sacrificar a las primeras de cambio cuando Angela Merkel te señala como un país derrochador y poco amable con el empresariado.

Los votantes de izquierda tenemos todos los motivos del mundo para votar otra opción que no sea el PSOE. Y eso iba a ser así, con o sin acampadas. ¿Estas van a hacer que la debacle socialista sea más pronunciada? Puede ser; pero, sin lugar a dudas, no salir a manifestarse no iba a salvarles el pellejo, y nosotros seguiríamos en nuestros quehaceres tragando la rabia y la frustración de una situación política y económica que nos tiene bien jodidos.

¿Cuál será el futuro de ese movimiento que ha despertado esta última semana? Pensar que conseguirán sus objetivos será utópico, sí; pero, como decía un ciudadano que pasaba esta mañana por Sol, “es el germen de algo; no sé de qué, pero es el germen.” Ilusionémonos, salgamos a la calle y, por lo menos, digamos la nuestra, independientemente de nuestra ideología. Es lo menos que nos merecemos.

Tras la boda de Will & Kate de Inglaterra, y cuando aún están en boca de todos las declaraciones de Mourinho…

Recordemos que no ha mucho atrás, concretamente el 18 de junio del 2010, se aprobó en el Congreso de los Diputados el Real Decreto-ley 10/2010, de 16 de junio, de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo, vulgo reforma laboral. Una reforma que se nos vendió necesaria para reactivar la economía española y que contó con el apoyo de PP en primera instancia y, cómo no, de CiU y PNV, ya fuera en forma de enmiendas, votos a favor o abstenciones (que es la fórmula de decir “estoy de acuerdo pero voy a aparentar que no de cara a mis votantes, no vayan a pensar que te apoyo”, muy de estas últimas campañas preelectorales que duran toda la legislatura).

Y, claro, como no podía ser de otra forma, no sólo no ha mejorado la economía española, sino que vamos batiendo récords históricos de desempleo.

Pero nada, volvamos a la boda real y al cuarto clásico del mes (trending topics del día), que siempre son más entretenidos y las discusiones no salen de la barra del bar, que si no salir a la calle y reclamar derechos es siempre más cansado, dónde vamos a parar.

Aun así, háganme un favor y recuerden: #nolesvotes (sus listas electorales; o, directamente, no los votes).