Star Wars. El despertar de la fuerza

Acabo de volver a casa tras ver la nueva de Star Wars.

Voy a poner aquí ya la pestaña de Leer más, para evitaros espóilers, aunque no creo que vaya a soltar ninguno.

Siempre le queda a uno la duda de si la nostalgia amplifica las cualidades de la trilogía original en la memoria. Aun así, dos cosas me hacen estar medianamente seguro cuando afirmo que tanto Una nueva esperanza como El imperio contraataca (el Retorno del Jedi queda coja ante las dos anteriores; demasiados peluches y demasiado happy end para una tragedia con muerte y redención in extremis):

  1. Cada revisionado me sigue transmitiendo frescura y una sensación de completitud;
  2. Se usan como ejemplo en casi todos los manuales de escritura de guiones.

Vale que no todas las obras van a ser redondas, más bien al contrario. Pero claro, las expectativas son malas.

No, El despertar de la fuerza no es redonda. No se usará como ejemplo en los manuales de escritura de guiones (a menos que sea para demostrar qué no hay que hacer, o qué recursos están más sobados que los chistes de Ocho apellidos vascos).

Sí, las expectativas eran altas, pero cómo no iban a serlas, cuando vuelves a un universo que conociste de la mano de un joven con un destino, impelido por fuerzas superiores, que madura como discípulo de un sabio maestro, forja amistades y acepta su destino enfrentándose al mal. Cuántas historias no estarán forjadas con este esquema, y cuántas no han llegado a manejar estos arquetipos sin embarrarse en el camino. George Lucas lo consiguió en Una nueva esperanza, e Irvin Keschner y Lawrence Kasdan (coguionista de este Despertar de la fuerza) le dieron un toque más sombrío y real en El imperio contraataca.

En El despertar de la fuerza no se forjan mitos. Se juega con ellos. Se homenajea a Han, Leia, Chewbacca, C3Po, R2D2 e incluso a Luke, pero los nuevos personajes no consiguen meterse en la piel de los mitos. Quizá Rey, con el tiempo, llegue a destacar, aunque los papeles ya fueran repartidos hace 38 años. Quizá como (elucubro) hija del maestro y redentora puede que destaque. Pero, de momento, son sólo comparsas en un universo mítico. Y el problema sea quizá ese: que, de todos los personajes, al que realmente han mimado y han puesto todo el esfuerzo por mantener su identidad es el universo en sí. Bueno, con eso ya supera de largo a las precuelas.

En resumen: como espectáculo está bien, es muy decente, cosa que no es fácil hoy en día en una historia de aventuras. El niño que llevamos dentro disfrutará, pero el amante de las historias se quedará sin saciar.

 

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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