Yo La Tengo en el Tibidabo Live Festival, 4 de septiembre del 2015

Sí, debería hablar también del resto del cartel del (mini)festival. Pero sólo puedo hacerlo brevemente: Ni Pet Fennec (en el escenario pequeño) ni Rafael Berrio (en el grande) llegaron a actuar, y a los donostiarras Albert Cavalier les dejaron apenas tres míseras canciones: empezaron cuando buenamente pudieron, media hora tarde, apiñaditos debajo de dos carpas de plástico de las que te encuentras cubriendo los puestos del mercadillo, y les hicieron terminar antes de la hora programada para la siguiente… cancelación.Tanto da los mensajes de la organización, que aseguraba que todo se mantenía en pie para avisar de las cancelaciones cuando los (pocos) asistentes ya estábamos ocupando el rato muerto con una cerveza o montados en las atracciones. La lluvia fue copiosa tras el mediodía y la tarde se debatió entre la llovizna y la niebla (más que niebla, una nube que se rasgó durante horas contra el Tibidabo hasta las nueve y pico). El tiempo fue desapacible hasta bien entrada la noche, cuando el frío barrió las nubes y nos dejó unas vistas nítidas de las luces de la ciudad. Pero todos sabíamos que eso iba a ocurrir: para eso está la sección de meteorología de los diarios, la tele e incluso Internet. Pues nada, que aparte de las carpas de plástico que cubrían (parte de) los instrumentos de los cabeza de cartel, a nadie se le ocurrió poner ni un triste techo.

Pero las dos cancelaciones y media no fueron más que el reflejo de una organización que, bueno, no estaba demasiado bien organizada. Dicen en El País que hubo una asistencia de 300 personas. Quizá fueron más, pero no daba ni medio aforo de la sala grande del Apolo, calculado a ojo buen cubero a partir de la superficie de la plaça dels Somnis ocupada por el público, apenas un tercio del recinto. Como, por lo visto, no es necesario presentar entrada para acceder al recinto, servidor, que accedió a través del bosque (o el Camí del Cel), casi llegó hasta la cocina sin que nadie le pidiese un pase. Y al acceder a la plaça dels Somnis tuve que preguntar dónde se canjeaba la entrada por la pulsera. Ni un triste punto de información, ni un plano, sólo un letrero indicativo, y suerte que el parque no estaba a reventar de usuarios.

Una cosa estaba clara: no era necesaria la entrada para ver los conciertos en el escenario pequeño, el del Parc. Y en cuanto al escenario de la plaça dels Somnis, si te conformas con verlo desde el balcón del nivel superior podrás disfrutar de un concierto mucho más cerca y más cómodo que desde las zonas VIP del Primavera Sound.

De haberlo sabido me ahorro la entrada.

Pero bueno, ya que tenía la entrada, pude disfrutar de Blackbox Red desde primerísima fila y ver a Yo La Tengo casi como si tocasen en el comedor de casa.

Y sí, las vistas son un plus. Y la montaña dio imágenes muy mágicas. Ver un concierto dentro de una nube tiene un punto entre onírico, fantástico y, desde luego, para nada habitual.

Vayamos a lo musical. Albert Cavalier: jovencísimos. Porque vi a uno de ellos tomándose una cerveza, si no diría que aún van al instituto. Rock sin complejos, desenfadados, divertidos, descarados… Diría que, aun dada la brevedad del concierto, fueron los que más me gustaron (aparte de Yo La Tengo).  The Young Wait… pues como que no. Un grupo sin prosodia, con el cantante de Austin, Texas, que se alegraba de haberse conocido y de haberle permitido a una banda de donostiarras acompañarlo para dar a conocer la palabra de la música americana (el estilo, no la procedencia, que también). BlackboxRed, bien. No es que rompan mucho los esquemas ni que tengan un registro muy amplio, pero dentro del estrecho margen que dan a su hardocre la verdad es que ponen toda la carne en el asador. Eva van Netten abrasa la guitarra y el micro que da gusto, con voz recia y actitud desafiante, y Stefan Woudstra no rompió ningún parche nadie sabe bien cómo. Muy recomendables.

Niña Coyote eta Chico Tornado: muy divertidos. Guitarra y batería, como BlackboxRed, pero menos encarcarados, con desparpajo. Mucho más orientados al rock duro y clásico que a la vertiente grunge de los holandeses.

Y después llegó el plato fuerte. Para mí que Ira Kaplan, Georgia Hubbey y James McNew salieron a romper. Empezaron con un “From a Motel 6” rabioso que encadenaron con “Flying Lesson” (rescatado del magnífico Electr-o-Pura) y la agridulce “Stockholm Syndrome”. Hasta bien entrado el concierto no atenuaron la electricidad con “My Heart’s Not In It”, del nuevo Stuff Like That There. Qué bien suenan, qué bonitas son, las canciones del anterior Fade, y cómo reinterpretan su catálogo. Los diez minutos de “Pass the Hatchet” fueron hipnóticos, pero escuchar canciones más oscuras del catálogo y ver cómo las reinventan es para no dejar de babear. Aun a pesar de que el ambiente pueda haber sido más frío (por el escaso público, por la rasca que pegaba) sonaron muy conectados y mejor conjuntados; un concierto sin fisuras, no como el del año pasado en el Vida, y pletórico. Parecía que jugaban en casa, y como tal los vi… felices. Y eso se notó. Vaya si se notó.

Os dejo aquí el repertorio del concierto. Supongo que volveré a verlos el año que viene, como cada año desde el 2009.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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