El somni d’una nit d’estiu, de William Shakespeare, dirección de Joan Ollé (TNC)

Pues eso que dices que un Shakespeare, en el Teatre Nacional de Catalunya, no puede estar mal, ¿verdad? Un Shakespeare es un Shakespeare, y muy mal se tiene que llevar a escena para que te lleves un chasco.

Pues bien, El somni d’una nit d’estiu, en dirección de Joan Ollé, y representado de noviembre a enero, fue un chasco. Por mucho que la prensa oficial se empeñe en sacar petróleo a base de fracking periodístico.

El problema no fue que se quisiese hacer hincapié en la lectura más violenta y desasosegante del texto: es tan lícita como cualquier otra, como la romántica a la que estamos acostumbrados; tampoco la escenografía atemporal o ucrónica: qué importancia tiene cuando el texto es tan rico. El problema viene cuando no se entiende el texto, que es lo que se desprende tanto de las palabras del director en el programa de mano como tras ver la representación, pues la falta de convicción en los intérpretes, a excepción de la troupe de comediantes, dejó dos buenas terceras partes de la obra sin convicción. Los amantes y los duques de Atenas aparecieron planos, declamando sin gracia, mientras Oberón y Titania pecaban de engolados. Puck era más un sátiro que un duende, y la sexualidad exagerada no casaba con la pacatanería de los amantes. Ni siquiera las puyas de Titania sobre el mancebo de Oberón que tenía secuestrado tenían mordiente, y se perdía ese juego de dobles y triples sentidos que tanta chispa dan a la pelea entre los reyes de las hadas. Si pretendían transmitir crueldad, lo que llegaba era hastío.

Donde sí que había convicción era en los actores que encarnaban la troupe de comediantes, que desplegaban una convicción rica en matices y en colores. Sin aspavientos ni declamaciones engoladas. Diversión que no está reñida con la intención. Ah, si el peso de la obra hubiese estado en ellos…

La sensación con la que uno sale del teatro es de frustración: unos recursos invertidos en un gran clásico, representado en lo que debería de ser un teatro de referencia a nivel nacional, dilapidados en un montaje espectacular pero carente de chispa y espíritu. En semejante época de recortes, y con el sector teatral en la cuerda floja tras tantas agresiones por parte de las diversas administraciones, ver que buena parte de las subvenciones del sector va a parar a proyectos tan “conservadores” (por no decir carpetovetónicas) como las del TNC generan, como poco, rabia.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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