Star Trek: Into Darkness y la épica de garrafón

star_trek_into_darkness_poster_enterpriseLo mío con J.J. Abrams es curioso: me lo paso bien con sus obras, ya sea Lost, Cloverfield o esta última entrega de Star Trek. Si me centro en la segunda aventura de Kirk & Co. post academia de la Flota Estelar, he de reconocer que salté en la butaca, grité, me agarré las rodillas y urgía a los personajes a actuar. Dos horas que pasaron volando a velocidad warp. Me lo pasé pipa.

Y en la caña posterior puse a caer de un burro tanto a la película como al director.

No era mi intención ir de moderno interesante; la crítica salió en aquel momento muy de dentro, casi sin pensar, con naturalidad, de aquel lugar donde reside el sentido de la maravilla (que no hay que confundir con el de la gratificación, con el “me gustan las naves y las peleas y los disparos con blásters”). Lástima que las dos últimas aventuras, de mano del último rey Midas del espectáculo cinematográfico, lo tienen todo a favor para firmar las mejores historias de la saga, no por pertenecer al mundo creado por Gene Roddenberry, sino por la consistencia de la narración en sí. Y un cásting tremendo: Zachary Quinto borda un Spock que transmite más en cualquiera de sus escenas de autista ultralógico que Leonard Nimoy en toda una carrera basada en alzar las cejas, y Benedict Cumberbatch se excede en unos cuantos planos, pero el restocumplen a la perfección esa labor de dotar de vida propia a todo un elenco variopinto. Puede que los personajes no sean complicados, pero a ninguno se lo puede tachar de gris, a excepción de un Peter Weller en piloto automático (si es que a la tercera que frunce el ceño ya se descubre el percal…). Acción trepidante, personajes bien logrados… Y sin embargo ¿qué falla, qué es lo que falla estrepitosamente?

Pues lo de siempre: el tema. ¿De qué nos habla Abrams? Y no me refiero a los tópicos sobre la amistad y la lealtad. ¿Tiene la película un tema principal? Compárenla con la primera película de la saga: insatisfactoria en muchos aspectos, desigual en ritmo, pero… ¡Qué sentido de la maravilla cuando Spock recorreaquella construcción inmensa, y qué sensación de nimiedad nos sobrecogecuando nos encontramos con V’Ger! O recordemos La ira de Khan: el veneno de la venganza, la pasión, la obsesión. ¿Qué hay en Into Darkness? ¿Qué grandes preguntas se plantean? ¿Qué gran pasión opera tras el hierático rostro de Khan? ¿Qué épica viaja con la Enterprise? Pues parece que sólo la de la traca de la espectacularidad: carreras, volcanes, batallas espaciales, trajes autopropulsados que ocupan una escena de diez larguísimos minutos, una belleza en trapos menores sólo porque sí, Spock y Khan dándose de hostias durante diez minutos porque también…; la épica de garrafón, la de la acción porque sí, para llenar la pantalla y entretener. Nada menos, sí, pero nada más.

Pues casi que me quedo con la película del ’79 y las preguntas de V’Ger. Siempre dará para debatir mucho más que los saltironcitos de Khan y Spock sobre un autobús que vuela.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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