2012. Balance (2.ª parte)

Si en la entrada anterior cubría los cinco primeros meses del año, intentaré resumir a continuación el resto.

Standstill, 7, 8 y 9 de junio, L’Auditori y sala Apolo.

Conciertos de despedida de la gira del impresionante Adelante, Bonaparte, un triple EP poliédrico que los ha acercado a las primeras posiciones, si no en ventas, cuanto menos sí en prestigio en la escena catalana y española.

No tengo palabras suficientes para intentar transmitir la riqueza y sutileza de la obra. Tanto es así que daba para tres conciertos y tres formatos: con una ensemble que le brindó exuberancia tonal; el espectáculo audiovisual ROOOM, la obra narrada cronológicamente con el apoyo visual de un gigantesco screening, y un concierto de formato “tradicional” (banda, vamos) en el Apolo. Del goce sonoro al artístico, y de ahí a la contundencia (pocas bandas suenan tan, siento decirlo, tan profesionales e internacionales como Standstill cuando afilan las guitarras) labrada cuando empezaron como grupo hardcore. Si tengo que apostar por un grupo español para el futuro, ni Manel, ni Manos de Topo, ni Love of Lesbian: Standstill, sin pestañear siquiera.

Portishead, 22 y 23 de junio, Poble Espanyol

11 años tardaron entre el segundo y el tercer disco. ¿Superar expectativas? No, lo siguiente. Más angustiosos y más sobrios si caben, Beth Gibbons parece instalada en el lamento profundo permanente, un pequeño Cthulhu de nuestros corazones (pero con voz de sirena, no crean). 2012 fue, en el casillero particular, el año de “Threads“. Da miedo cuando uno se identifica con una canción, casi como si esta fuese para uno. Las cosas cambian poco a poco, pero recordándola, mientras escribo esta línea, casi desmonto la silla del escalofrío.

Escalofriante: ese podría ser el adjetivo distintivo para un concierto de Portishead. Música para el tuétano, más que para las entrañas. Ante grupos como el de Geoff Barrow, siempre me maravillo al ver cómo la música programada es capaz de sonar tanto o más orgánica que la tocada con instrumentos tradicionales.

La magia de Portishead es, en muchos sentidos, inconmensurable, imposible de abarcar. Un resultado que supera con mucho la suma de sus elementos, aunque ¡vaya elementos! Esas dos noches, prácticamente calcadas, encajaban en la noche de Montjuïc extrañando las noches veraniegas; la tensión que nunca estalla, el lamento que no acaba de romper a llorar, las olas de sonido… Era difícil, por no decir imposible, no dejarse llevar por los cantos de sirena. Pocas veces el dolor ha sido tan bello.

Juan Perro y la Zarabanda, 15 de julio, Teatre Grec

Ya hablé de este concierto en su momento, pero la sonrisa con que salí del Grec merece que lo reseñe cienes y cienes de veces. De esos en los que la palabra magia flota en el aire antes aún de comenzar. Tras la lluvia, en el anfiteatro, en verano, la acústica tan íntima y, sobre todo, esa generosidad, porque de otra forma no se le puede llamar a lo que Santiago Auserón regala cuando conecta con el público. El moderno trovador, el romántico empedernido, el sabio despistado. De verdad, si alguna vez lo tenéis a tiro, id a verlo. Aunque los ritmos árabes, cubanos o de rockabilly no sean lo vuestro. A partir de entonces estaréis enamorados de ellos.

Sharon van Etten, 29 de septiembre, La[2]

Cubrir un concierto animado por un par de vagos comentarios en webs musicales y salir enamorado de una jovencísima artista que gira, guitarra y pequeño combo musical a cuestas, cicatrizando heridas de desamor en escenarios con un aplomo digno de admiración. Una clara demostración de que no hay que perder la cabeza con la innovación si se tiene claro qué, y cómo, se quieren contar historias.

The Divine Comedy, 3 de noviembre, Casino de l’Aliança del Poble Nou

No, no habría ido por mi cuenta, pero es lo que tiene fiarte de amigos con criterio: que asistes al concierto del año. Y otra ocasión para morirse de la envidia: de cómo Neil Hannon, con apenas un piano de cola, a veces una guitarra acústica, y su pose de dandy burlón es capaz de infundir tan intensas emociones. Buscad en Youtube cualquier interpretación de The Divine Comedy del ya clásico “Time to Pretend”, de MGMT, y entenderéis a qué me refiero: Hannon convirtió un éxito de temática agria, sarcástica en su interpretación original, a un drama existencialista de tintes casi suicidas. Sin despeinarse. Voz y piano. Otro de los momentos del año.

Los Planetas, 8 de diciembre, Sant Jordi Club (Primavera Club)

Un Primavera Club descafeinado y marcado por las putadas problemas que se le presentó a la organización, y que olía casi a vendetta: el cierre de la sala Apolo, la retirada del Mercat de les Flors como escenario la semana antes de la inauguración por “problemas de licencia” (manda cojones en un espacio municipal confirmado meses antes), el cierre de los accesos a Montjuïc por una carrera de coches antiguos (que, siento decirlo, por suerte se canceló a causa de un accidente sin víctimas). Todo apuntaba a desastre. Algo que, además, alguna actuación (sí, te miro a ti, Ariel Pink, aunque no se escapa La Bien Querida) y cancelación (Cat Power) apuntaba.

Sin embargo, el regreso de Los Planetas apelaba al espíritu del concierto de Los Evangelistas: esta es nuestra música, y nos lo tomamos en serio. Resulta muy duro entrar, pero una vez dentro la experiencia no deja de ser… ¿lisérgica? Bueno, sí: parece ser que buena parte del respetable no tan sólo opinaba así, sino que lo ponía en práctica (y de paso compartían el humo de la maría con quien no tenía ni puñetera las ganas, pero bueno, mejor eso que el tabaco). Pues incluso sobrio y en sus cabales, el viaje a otra galaxia es una experiencia alucinante. Del flamenco lisérgico a himnos generacionales de Una semana en el motor de un autobús; del quejío noise al “Segundo premio”, hitos de un movimiento musical y cultural al cual se le ha menospreciado tontamente por detalles inconsistentes (básicamente, anglófilos que tararean en inglish pitinglish que se mofan de J y su logopeda) pero que obras como la de Nando Cruz sitúan en su justo lugar (o un poco por debajo todavía).

Y así acabó un año y empezó otro. De momento, ya os puedo asegurar que Yo La Tengo tendrán cabida en el resumen del 2013. Por estas razones. Y Manos de Topo. A ver qué más me espera por ahí.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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