Vivencias de la huelga general del #29M

La narración de los hechos

Primera huelga general del nuevo Gobierno de Mariano Rajoy, un día antes de la aprobación de los presupuestos generales ¿más restrictivos? de la democracia. Una huelga marcada, desde el punto de vista de este eterno aprendiz, más que por la crisis (que sí), por los recortes (que también), por los cinco millones de parados (apocalíptico, que diría Piqueras), por la creciente idiotización de la política. Una tendencia que no es cosa de dos días, sino de años: desde el “váyase, señor González”, que yo recuerde, y seguro que de antes. De las consignas contra el oponente y los eslóganes vacíos de contenido, porque sirven tanto para un roto como para un descosido. Eso, y no otra cosa, es lo que me parece más peligroso de la situación actual.

Pero no adelantemos las conclusiones. Vayamos por partes. Vamos a por la narración de los hechos vividos en la jornada de ayer.

El café quemado de Urquinaona

Entre visitas a muy buenos amigos y visitas a muy buenos amigos con necesidades informáticas, este eterno aprendiz de todo y maestro de nada quedo con los primeros, eh, pues a eso de las 19.15h. Enfilamos ronda Universitat desde la plaça Ídem hasta llegar a la plaça Catalunya, de donde tenía que partir la manifestación. Y ya desde Universitat veíamos alzarse una columna de humo que ennegrecía ronda Sant Pere. Sería el Starbucks de Urquinaona ardiendo en simpatía con los contenedores de la zona.

La cosa no pintaba nada bien. ¿Por qué? Ya lo veremos en las conclusiones. Sigamos.

Nos fuimos acercando a plaça Catalunya, donde, según el twitter de @Acampadabcn, se encontraban concentrados pacíficamente los manifestantes convocados por varias plataformas. Y se solicitaba no caer en las provocaciones. Y sí, la plaza parecía llena, pero lo que parecía la cabecera de la manifestación estaba en la confluencia entre passeig de Gràcia y ronda de Sant Pere. Con el humo negro de fondo, se oía la cadencia arrítmica de las detonaciones de las armas disuasorias de los antidisturbios. Y, de tanto en tanto, objetos contundentes que partían de la masa en dirección Sant Pere, donde debían estar los Mossos d’Esquadra. No pudimos acercarnos más allá de la primera marquesina de plaça Catalunya, pues tal era la densidad a partir de ahí; y, sinceramente, el murmullo de la batalla no nos atraía demasiado.

Pero la manifestación no avanzaba. La gente iba y venía; en ocasiones empezaban a desbandarse en dirección Universitat cuando corría el rumor de una carga policial. Al medio minuto el tráfico era inverso. Y la gente era de lo más variopinta: desde el sindicalista de CNT al jubilado, a los adolescentes pijos, a los más alternativos, a las familias de inmigrantes con varios churumbeles. De todo.

Pero a eso de las 19.30, la gente empezo a retirarse hacia Universitat. Y, claro, si esa primera fila clareaba, la probabilidad de una carga policial aumentaba, porque no iban a atreverse ante una muchedumbre tan empaquetada. Así que empezamos a retirarnos, con algún amago de correteo (cuando la gente empieza a desbandarse ya os digo que el miedo se contagia con facilidad).

Llegamos, con alguna carrerilla en plan Bambi, hasta rambla de Catalunya. Y allí nos encontramos con los brètols radical… con losbrètols,y punto.

Rambla de Catalunya, pasto de la basura

Chavales con aspecto desasosegante (y no lo digo por la vestimenta, pues adaptan para sí estéticas de ideología similar pero pacífica, sino por la actitud. Y las capuchas y los pañuelos ocultando los rasgos, claro, pero no siempre era necesario para verlos venir) alzando barricadas con los contenedores, cuando no incendiándolos, ante el pasmo general y las recriminaciones de unos pocos, a los que, como poco no escucharon, cuando no increparon de forma poco amistosa.

Y claro, si a la concentración medio disgregada le añades la provocación de los incendios…, pues carga segura.

Por muy racional que uno se crea, por muy templado que se tengan los nervios, cuando la multitud desaparece dejando atrás chillidos distorsionados por el efecto Doppler, en ese momento el mundo adquiere tintes irreales. Lo ves todo como en una película mala del Van Damme, y sólo sabes que quedarte helado. Primero tu estómago se revuelve; después, te tiemblan las piernas, y un momento más tarde ya asumes que te va a doler mucho, a menos que actúes. Y te pones a correr, porque otra solución no le ves, porque es lo que hace todo el mundo, porque no puedes pensar. Bueno, hasta que, poco después, supongo que cuando la adrenalina ya ha calado hasta el último capilar, entras en el mismo tiempo-bala en el que te ves inmerso y empiezas a tomar decisiones.

La primera, en mi caso, cubrir a mis amigos, empujarlos, conducirlos a sitio seguro, esperando el balazo de goma en la espalda. Y sacarlos de ahí.

Acabamos en el hueco de una salida de emergencia al principio de ronda Universitat, arrambados a la pared, quietos, viendo…

  • A losbrètols montando varias líneas de barricadas con los contenedores, ronda Universitat arriba;
  • Montando varias líneas: una avanzadilla hostigando a los mossos; una primera línea por detrás, más alborotadora y amenazadora, y una segunda, más numerosa aún, detrás, organizándose.

Allí, parapetados, fuimos testigos de un intercambio de palabras entre un violento y un ciudadano que lo conminaba a desistir de esa actitud; el primero, con un par de botellas pre-Molotov; el segundo, a pecho descubierto.

-¿No ves que así sólo vas a conseguir que ellos ganen?
-Lo que hacen ellos también es de hijo de puta. Son unos hijos de puta. Y a ti, a ti… ¿qué te pasa? Claro, tú votas al PSOE, por eso los apoyas. Sí, votas al PSOE. ¿Sabes lo que te digo? ¿Sabes lo que te digo…?

Creo que no dijo nada más allá de eso. El típico ejemplo de lo que en mi pueblo se conoce como una mente preclara.

Ahora, no os quedéis con la impresión de que nos metimos en medio del fragor de la batalla. Esta primera carga interrumpió una conversación que entablé con una mujer que venía de la primera fila de la manifestación, una señora de una cincuentena larga, con clara conciencia de trabajadora, que se lamentaba de cómo los Mossos habían bloqueado la manifestación y habían estado provocando hasta que empezaron los disturbios.

Pero a losbrètolslos veías caracolear entre el gentío; y, durante las primeras cargas, esa disposición estratégica no surge por ciencia infusa, como tampoco era casualidad cómo se distribuyeron por las calles y los cruces, jugando al gato y al ratón con los Mossos…

Las lecheras acordonando plaça Catalunya

… hasta que estos recibieron la orden de disolver a los violentos, a los manifestantes que se habían concentrado, alejándose de las fogatas, en Universitat, y a todo bicho viviente que se movía entre ronda Universitat, Pelai i plaça Universitat.

Estábamos en el cruce entre Balmes y ronda Universitat, viendo cómo bajaban por la primera varios grupos que, viendo el pollo que se había liado hacia plaça Catalunya, giraban por la ronda hacia la plaça Universitat. Me volví a encontrar con la misma mujer y retomamos la conversación hasta que, de nuevo, otra carga dispersó a la gente, y nosotros nos quedamos pegados a las persianas de los comercios de aquella esquina, después subimos por la ronda hasta la confluencia con Pelai. Y ahí vimos cómo se desataba una sucursal del infierno a lo largo de la ronda y de Pelai, también llena de gente.

Tres lecheras subieron por la ronda, hicieron un amago de cargar, giraron por Pelai, volvieron a subir por la ronda, volvieron a bajar por Pelai, y cuando llegaron desde ronda y Pelai a la vez y se pararon, y se bajaron los antidisturbios con las escopetas de balas de goma apuntando…

A correr.

En aquel punto, ya pasadas las 2oh, con los violentos en acción abajo en ronda Universitat y en Pelai, donde estábamos nosotros las más violentas eran las macetas de las terrazas de Universitat. Salimos corriendo desde la esquina con la ronda, pegados a la pared del lado derecho de la plaça, esquivando la andanada indiscriminada contra la muchedumbre que huía de Universitat en cinco direcciones distintas; giramos en Gran Vía hacia Balmes, parapetándonos de las balas de goma. Aunque yo me paré un momento, en mitad de Universitat, y me dirigí en perpendicular a la dirección de huida para recoger una bala de goma que había rebotado en la pared cerca nuestro. Sí, mientras otras balas silbaban en el aire a mi alrededor. Quizá fui el último en girar la esquina, con una extraña sensación de euforia por la captura. Recuerdo que Antonio y yo nos reíamos, presos del nerviosismo…

… hasta que los antidisturbios se pararon en la acera y se acercaron blandiendo la porra. La gente gritaba la consigna: “Quietos, no corráis, que así no os atizan”; y lo único que se me ocurría era darles la espalda y cubrir quien tuviese más cerca. No nos atizaron: el mosso que se acercó a las dos niñas que estaban más cerca de la esquina con Universitat les gritó que se fuesen de allí, e hizo el gesto de espantarlas con la porra. Dos niñas de apenas 16 años, varias mujeres entre 40 y 60, nosotros tres, unos chavales más lejos; unos peligrosos antisistema, sin lugar a dudas. Por lo menos, los mossos se retiraron para formar en Gran Via con Balmes y cortar el paso a la gente, igual que en Universitat, para pasmo de la mujer que había quedado atrapada ahí, incomunicada de su casa, al otro lado de la plaça. La acompañé hasta la esquina; me asomé, mirando hacia Pelai, buscando a los antidisturbios, aunque ya no se oían las detonaciones de las escopetas.

Le dije a la mujer que parecía todo despejado, me giré… y vi a Leire atendiendo a un chaval, con la espalda descubierta y un círculo en el costado izquierdo en carne viva, coronado por un feísimo moratón.

Balazo en la espalda

El chaval no podía ni levantarse del suelo, de cómo le dolía al respirar. Leire sospechó de un par de costillas, que podrían incluso estar rotas, pues le dispararon a bocajarro. Y no, este chaval no se había acercado ni a una cerilla en su vida. Simplemente, se cruzó en la trayectoria. Antonio se acercó a los Mossos que formaban en rambla Catalunya para pedirles que llamasen a una ambulancia, y lo único que recibió fue el grito de “¡Pues llama tú, llama tú!”, que escuché con toda su claridad y su mala folla a más de 50 metros de distancia.

Los que estaban ahí ayudando al chico se organizaron para conseguir alcohol, algodón, buscar alguien con coche, buscar una ambulancia y acompañar al herido como si fuesen una cuadrilla de amigos que ayudan a un amigo apaleado. Pero no, no se conocían de nada. Ante la tensión que estábamos sufriendo, estos hechos son los que hacen que le otorgue aún una pizca de esperanza a la humanidad.

Después de que un hombre se acercase y nos hiciese llevar al herido hacia Universitat, donde decía que tenía el coche (después desapareció, sospecho que expulsado por la policía), dos de las chicas del grupo consiguieron parar un coche y convencer a la conductora que llevase al chico y a un acompañante (apenas conocida del herido) a un hospital.

Mientras, alrededor, las hogueras seguían ardiendo en ronda Universitat, Pelai i ronda de Sant Antoni. Los mossos habían cortado los accesos a plaça Catalunya y a algunas de las calles que confluyen.

Con los manifestantes ya dispersos, la gente deambulando por Gran Via en ambas direcciones, los bomberos actuando casi en cada esquina, decidí intentar pillar el Rodalies a Cerdanyola, que funcionaba en servicios mínimos hasta las 21h.

Pero, como plaça Catalunya estaba acordonada, me encaminé a Arc de Triomf, de donde me echaron porque los seguratas aseguraron que ya no pasaba ningún tren. Por el camino, acompañé a un canadiense que me encontré en rambla de Catalunya, que quería cruzar la plaza para llegar a la plaza de la catedral, y a quien acompañé hasta Urquinaona para mostrarle el camino e indicarle cómo bajar por el carrer de les Jonqueres hasta alcanzar via Laietana (el resto de calles paralelas en dirección a Catalunya, Laietana incluida, estaban bloqueadas por los mossos), eso sí, rodeando las hogueras y el Starbucks.

Actualización a 1 de abril

Antonio me pasa este enlace de meneame.net, con una entrevista en el hospital al chaval herido.

… y las reflexiones a modo de conclusión

Hasta aquí, la narración de los hechos, con todas las trampas que la memoria, el miedo y la adrenalina hayan tendido a la fidelidad de los recuerdos.

La primera reflexión parte de la obviedad: no hay que tolerar la violencia. Bien. En eso, creo que estamos todos de acuerdo, aunque… Sigamos desgranando otros puntos.

Portada de Storytelling, de Christian SalmonDecía al principio que el nivel político ha bajado a niveles paupérrimos. A este respecto, recomiendo el libro de Christian Salmon, Storytelling, donde se aborda el proceso de vaciado ideológico de la política, mientras se convertía en una herramienta narrativa diseñada, y quedaos con esta palabra,diseñada, para influir en el comportamiento de los electores. En este marco, adaptado a la política de nuestro país, mucho más cortoplacista que la estadounidense, es en el que hemos de analizar la evolución de los grandes partidos, y en el que se entienden decisiones tan absurdas como las amnistías fiscales, tanto de unos como de otros. Y de que, ante estas decisiones, no haya protestas más allá que algunas rabietas en algún periódico y en las redes sociales, equilibradas por la gente que, o está de acuerdo o a las que, simplemente, entre el storytelling, la falta de educación o la falsa comodidad, se les ha desactivado la capacidad de protesta.

El pilar fundamental del storytelling es la creación de historias, que moldean la realidad a ojos del elector. Para ello se necesita un buen eslogan y muchas repeticiones. ¿Os suena el “es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”?

Sin embargo, lo que llega a ser preocupante es el apego que los políticos de este país le tienen a sus eslóganes, a esa visión del mundo que machaconamente nos intentan calzar a través de los medios. Está claro dónde está el origen de la crisis española, como bien resumió Aleix Saló en este vídeo promocional de Españistán. Aun así, ¿quiénes han sido el objetivo, los cabezas de turco a los que se les ha privado de derechos? Desde el polémico asunto de los controladores aéreos a las ya más clásicos vacaciones de los profesores, los funcionarios, la clase media por encima de sus posibilidades…

Y si bien, como medida distractoria para conseguir un beneficio rápido e impune, entiendo esa criminalización de agentes perfectamente identificables por la gente, sigo sin entender ese apego a una realidad falseada por ellos mismos. Porque esa desconexión del sentir de la calle, que es la base del desapego entre los votantes y los políticos, está alimentando una tensión que raya con la inconsciencia. Porque, por mucho que la ideología conservadora preconice la desregularización para que el capital privado actúe como motor económico, los hechos de estos últimos años ha dejado patente que, por lo menos en España, esa desregularización lo único que consigue (entiéndase a nivel global, como en la estadística: por uno que genere empleo habrá cinco evasores, lo que da un global neto de evasión de capital) es ayudar a la especulación mientras, como hemos visto, los EREs se disparan. Dicen que es un paso necesario para la generación de empleo, una especie de catarsis y redención en pos del paraíso económico. Ya. Cuando llevamos más de dos años de crisis y alcanzamos la cifra de cinco millones de parados, y centenares de miles de familias sin ingresos, ¿no es un crimen pedirles a estos ciudadanos un año más de esfuerzo? ¿No genera eso hambre, pobreza?

¿Conflicto social?

¿No lo ven?

Igual desde las atalayas de la macroeconomía los ciudadanos somos pequeños e insignificantes. Pero os podéis imaginar qué genera el hambre.

Y volvemos al primer punto de esta reflexión: la violencia no está justificada. Pero ¿qué le queda a la gente desesperada?

Hace un año, el movimiento del #15M desmostró que era posible una movilización ciudadana masiva y pacífica. Fue, y es, un indicador del malestar de la población, una señal tan, pero tan clara, de aviso, que, un año después, cuando se llega al punto de convocar una huelga general, demuestra que quienes tenían que haber analizado las causas del #15M, los que tenían que haber interpretado el mensaje, los que debían haberlo tenido en cuenta a la hora de poner en marcha políticas que afectan al orden social no son más que, y dejadmelo resaltar en negritas, un hatajo de irresponsables.

Ahora la paz social ha saltado por los aires. Cabe condenar a los violentos, sí, a esos individuos encapuchados que aprovechan el malestar social para dar rienda suelta a la violencia. Pero recordemos: el hambre genera violencia, y la injusticia social, y la pobreza. Y la criminalización de los inocentes, también. Y esto va por usted, señor Puig: si insiste en extender el origen de la violencia social sólo a las pandillas de energúmenos está negando una información esencial: que la violencia se está volviendo estructural, porque violento es el recorte de derechos sociales que genera pobreza y desigualdades. Y si niegan eso, si no lo ven, están ustedes pisando un polvorín, con el agravante de ir fumando habanos.

Y yo no quisiera estar ahí cuando reviente.

Y tampoco le permito que me llame violento. Yo no mando a nadie a reventar manifestaciones, ni a cargar contra los estudiantes, ni a disparar indiscriminidamente balas de goma contra la ciudadanía. Porque el chaval de la foto no era ningún violento. Porque perfectamente podría haber sido Antonio, o Leire, o yo, o la señora que quería llegar a Sant Antoni. Porque excluye de la ecuación a ese 99% que se está empobreciendo. Porque usted, como el Govern de la Generalitat, el Gobierno, este y el anterior, del Estado, han demostrado ser eso.

Irresponsables.

Anuncios

Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

2 comentarios en “Vivencias de la huelga general del #29M”

  1. Grande, la piel de gallina. Lo peor de todo es que no quieren ver las consecuencias de su mal gobierno. Y hasta parece que se creen sus propias mentiras. Yo también he ido a varias manifestaciones, siempre pacíficas. Por lo menos yo siempre me he comportado de manera pacífica. Incluso me he encarado con algún antisitema de éstos y les he recriminado sus acciones fuera de tono, a riesgo de violentarme y tener que jugarme el tipo, cosa que ha pasado con frecuencia. A los violentos no les va el reazonamiento abstracto. También estuve en el desalojo de pl Catalunya y lo que allí vi fue una masa uniformada atacando indiscriminadamente a gente pacífica, barriendolos porque estorbaban, porque alguien había decidido que ya estaba bien. Que daban mala imagen. El peligro, como bien dices es cuando la gente pacífica deja de serlo, como única salida aun callejón de miseria y represión. Además, quien deberia saber canalizar estas tensiones es un irresponsable que trata de criminalizar toda disidencia. Hablo del indigno Felip Puig. Mientras tanto otros de sus socios buscan “salidas” intentando llevarse el pastel de Eurovegas. Otros declarando una amnistia fiscal a la para que más recortes en lo social.Tras cuatro años de crisis inmobiliaria, financiera, especulatoria… parece que no han aprendido nada. Irresponsables, si. Y culpables, también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s