Breves impresiones sobre el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême

Pues sí, hace ya un par de meses fui con unos cuantos buenos amigos al Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême.

Las reseñas sobre el festival y sobre los cómics son cosa de profesionales; así que podéis leerlas aquí y aquí.

Para alguien acostumbrado, como mucho, al Saló del Còmic, el FIBD impacta: más de veinte espacios dedicados al festival, un museo del cómic con exposición permanente y otra comisariada por el comisario (valga la rebuznancia) del Festival (este año le correspondió el turno a Art Spiegelman y su amplia, en cuanto a intervalo temporal, visión de la historia del cómic), una biblioteca de varias plantas dedicada al arte secuencial, tres exposiciones temáticas de gran tamaño y muchas otras, más pequeñas, pero con un amplísimo abanico que van desde el cómic turco a la Gaza descrita por Joe Sacco y a la silla en el cómic.

Pero no es tan solo el despliegue (que si impresiona en el 2012, qué no tendrá que impresionar en épocas de bonanza económica), sino el ambiente que se respira: cultura. Y respeto; un gran respeto y una gran devoción por el público asistente. La típica imagen del cultureta que tenemos aquí, al menos en Barcelona, la figura de gabán, foulard, sombrero y pipa calada en los labios, que se mueve por las librerías de viejo o por La Central, allí acude al FIBD. También chavales disfrazados, pero mucho menos que en el Saló.

Y muchas novedades. Y un gran despliegue. Las grandes editoriales del cómic francés echan el resto en enero; pero algo que me impresionó especialmente: la carpa dedicada al cómic independiente era la más grande del festival. No sé cuántas hectáreas comprendía, pero no nos la acabamos en menos de tres horas. Y más días que hubiésemos estado, más que nos habríamos dedicado a investigar con detenimiento la centena de puestos de editoriales francesas y europeas.

Y ya cuando te dicen que la industria francesa produjo, en 2011, más de 50.000 títulos de novedad, y te das la vuelta hacia el sur y miras al otro lado de los Pirineos, no puedes evitar sentir la amargura al pensar cuántas obras ni se han llegado a gestar por falta de interés (de los lectores, del establishment cultural, de las editoriales -por transferencia de los dos agentes anteriores pero también por cortedad de miras-).

Y es una pena, ahora que empieza a reconocerse la historia de la historieta española, que la animación empieza a conquistar un hueco en el Séptimo Arte, que autores como Paco Roca se ganan con esfuerzo y talento un lugar en las reseñas literarias, que estos logros puedan perderse, casi como lágrimas en la lluvia, en una industria que sigue siendo marginal en comparación con los grandes grupos editoriales que copan las librerías (y cuya burbuja acabará por reventar en algún momento). Y también por la falta de un “impulso cultural” que pueda acercar el cómic en España ni que sea un poco, un poquitín, al nivel de prestigio que tiene en el país vecino.

Algo habrá que hacer. Digo yo.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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