Pumuky, La [2], 2 de marzo del 2012

Pues uno que se lía la manta a la cabeza, o lo lían, o simplemente se deja llevar por el destino, y acaba acudiendo al concierto de este grupo canario.

Entramos, tras tomar unos pintxos en el Koska (os recomiendo que os dejéis aconsejar por los dueños; y que no dejéis de probar el pintxo de paté de mejillones), cuando ya estaban actuando los también tinerfeños Gaf y la Estrella de la Muerte. Post-rock sinfónico, excesivo en duración pero con detalles muy, muy interesantes. Los momentos de tensión y de tormenta eléctrica compensaban las largas estrofas en bucle. No llegarán a un público masivo, pero será interesante seguir su evolución.

El concierto de Pumuky se vio lastrado, ya antes de empezar, por los problemas técnicos. El montaje era ciertamente espectacular: del micrófono de Jaír Rodríguez, alma máter del proyecto, iban conectados un mínimo de dos canales para dotar a su voz de ese sonido etéreo y reverberante de sus discos. Algo que constriñe el directo, demasiado apegado al sonido de estudio. El concierto adoleció de falta de espontaneidad y de una rigidez que se podría achacar en parte por los problemas técnicos y la precariedad del montaje (el momento en que a Noé Rodríguez se le cayó el amplificador, que estaba calzado sobre una caja, y tuvo que enderezarlo en mitad de la actuación sin que ningún técnico lo ayudase fue inaudito), pero que no acaba de explicar la falta de soltura.

Una pena que, más que interpretación, fuese un ejercicio de traslación, porque la propuesta de Pumuky es harto interesante, y que haya gozado del beneplácito de la prensa musical nacional del año pasado no se explica sólo por la querencia al hype de los medios. Una lástima también la asistencia, con una sala semivacía.

Sin embargo, en los momentos inspirados, la banda se aproxima a la excelencia de quienes son capaces de inducir emociones con sinousas frases instrumentales, con la voz funcionando como otro instrumento sugestivo, complementario, desconectado el significado y retorciendo el significante como quien tañe las cuerdas de la guitarra. Una épica susurrada, lánguida, que ensancha el plano comunicativo y lo acerca a cotas más sensitivas, menos racionales, pero también alejado de la ira y la agresividad de propuestas más clásicas.

En definitiva: interesantes, pero sin acabar todavía de asentarse. Veremos qué les depara el futuro.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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