Rollos míos y Más rollos míos, de Aude Picault

Como no tan sólo de historias larger than life se nutre el cómic, y también para cambiar de registro a algo más animado (no se os ocurra leer a Chris Ware con Radiohead de fondo, os aviso), Anna me prestó, a modo de cambio de tercio, dos tomitos de aspecto encantador. “Són una cucada —me dijo—. M’agradarà saber la teva opinió, com a noi.”

(Nota: Si aparece algún cómic recomendado en su blog, hacedle caso y leéroslo. Como cualquier otra cosa que reseñe el sr. acolostico. Garantía de acierto.)

Y, ciertamente, a primera vista, Rollos míos y Más rollos míos tienen aspecto de librito simpático, sin pretensiones, de trazo juvenil en la tradición de tira cómica estilo Peanuts (claro, sencillo, muy atractivo), con quizá una dosis extra de ingenuidad.

Error. Aunque no del todo. No, porque la autora echa mano de un personaje, alter ego o autobiográfico (apuesto por lo segundo, aunque qué más da) cuya mirada es, efectivamente, ingenua; pero eso no quiere decir que sea mojigata o pacata. Aquí, lo reconozco, el error es todo mío, culpa mía de permitir que cierto prejuicio campe por sus anchas: un dibujo ingenuo no será una lectura de calado. Lo dicho: craso error. Es precisamente esta ingenuidad, a veces tierna y a veces, inevitablemente, amarga, quizá el vehículo narrativo con el que cuenta Aude Picault: seduce y atrapa al lector, y le permite entablar con él una relación de tú a tú, a establecer un pacto, forjar un entorno íntimo que le permite expresarse sus sentimientos con total sinceridad, como si, en dicho pacto, hubiésemos aceptado ser sus mejores confidentes.

La sinceridad es otro de los puntales de estos títulos; ya en las primeras páginas lo deja bien claro: “(…) resulta que hay rollos que quiero desarrollar intelectualmente”. Y en esos flashes de cotidianidad, Picault (bueno, la prota de los cómics, ya me entendéis) nos cuenta sus vicisitudes y nos permite conocerla, a través de sus historias cotidianas, como una amiga a quien le cuesta encontrar la estabilidad, agobiada con la superficialidad del género masculino, con la vanidad del mundo del diseño, con el hecho de tener una familia con la que está condenada a no entenderse, con las pequeñas decepciones mundanas, con alguna de sus manías, con los ataques de melancolía, con el sexo que no le satisface, con la soledad…

Así contado parece que se trate de un rollo naturalista agobiante. Nada más alejado de la realidad. Tal como las historias cotidianas ilustran Grandes Historias, no hay nada más adecuado para hablar de temas serios que el humor. Aunque es fundamental dar con el tono adecuado. Y la ingenuidad y candidez con que se presenta hace que la lectura sea muy entretenida. Probadlo. Cuando acabéis, seguro que os pasará lo que a mí:

  1. Querréis conocer a Picault, tomar un café con ella y hablar de lo divino y lo humano, ir con ella al cine y reíros con una peli de Woody Allen;
  2. Sentiréis, a medida que Picault os vaya desgranando sus inquietudes, una punzadita en la boca del estómago. Si sois tíos, pensaréis que sois gilipollas y lamentaréis hechos cuando los reconozcáis en el libro;
  3. Y os daréis cuenta que, es igual si eres hombre o mujer, todos esos “rollos” que cuenta Picault los vivimos todos.
Aude Picault, una mirada de complicidad

Porque esta es, en definitiva, la enseñanza más importante que he extraído de estas lecturas: más allá de lo que viene a llamarse “tensión sexual”, que acaba siendo, en definitiva, lo que acaba alzando los muros que forzamos por escalar para llegar al otro lado pero que inhabilita la comunicación sincera, todos compartimos las mismas inquietudes y los mismos sentimientos; y que nuestra vida sería mucho más sana y feliz si nos esforzamos en eliminar esas barreras, mostrarnos tal como somos, sin alardes ni poses, y comunicar de tú a tú al igual que Picault lo hace con nosotros.

En definitiva: 5 sobre 5. De lo mejorcito del año.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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