Resonancias: Una visión personal (y algo pretenciosa) del arte en el fantástico

En ocasiones, entre preguntas sobre la disponibilidad de títulos y sobre fechas de publicación, llega al buzón electrónico del trabajo algún correo electrónico al que me gustaría (de verdad, me encantaría) dedicarle algo más de tiempo. Hace un par de semanas ya cosa de un mes, un lector enganchado a Canción de hielo y fuego me pedía que le recomendase títulos para poder pasar el mono. Como no es la primera vez que me hacen una petición similar, decidí hacer una entrada en el blog a la que hacer referencia (sí, invierto tiempo en casa y me lo ahorro en el trabajo; lo reconozco, soy así de mezquino; lo siento, lector, si te sientes engañado por una respuesta tan poco personalizada) cuando me hagan estas consultas. Que en comparación con la pregunta habitual (la fecha de ya-sabéis-qué-Libro-en-mayúscula) viene a ser tan frecuente, para entendernos en este país, como ver al Alcorcón le gana al Real Madrid. (E igual o más satisfactorio, desde un punto de vista culé.)

Cubierta de Solaris, de Stanisław Lem, publicada por Minotauro

Por otra parte, dado que una lista es un reflejo de la personalidad, los gustos y las lecturas del que la confecciona, por muy imparcial y analítico que pretendiera ser, creo que este es el lugar adecuado, en vez de escribirla y enviarla tras el parapeto de un correo de empresa. Aunque después desde él enlace esta entrada. Mmm… Bien pensado, es una contradicción. Vale, digamos que pongo la lista aquí porque me sale de allá. Ea, vamos por faena.

Otra idea me rondaba por la cabeza. De tanto en tano subo aquí alguna reseña de obras que, por un motivo u otro, me han dejado huella. Dado que, como muchos blogs, la implicación es más personal, más subjetiva que un artículo analítico para un medio; pero como, por otra parte, y como sabéis lo que me conocéis, tengo una tendencia racionalista rayana en lo obsesivo, quería aprovechar para hacer algo más que una mera enumeración comentada de títulos, sino perseguir un doble objetivo: ofrecer una mínima base analítica que arroje luz sobre el proceso de selección; y a través de él, y de los juicios y prejuicios, las elecciones conscientes y las omisiones que no sé ver, conozcáis un poquito más al Eterno Aprendiz.

Pero me gustaría que la cosa no quedara tan sólo ahí: me haría ilusión que los lectores de este blog (si quedan) puedan participar con sus recomendaciones y sus visiones particulares, que permitan ampliar y mejorar (porque, evidentemente, como cualquier enumeración, se puede mejorar, y para ello nada más indicado que la colaboración) la lista.

¿Cómo pretendo “sistematizar” mi visión? Usaré el criterio que apunta Robert McKee en su tratado El guión: una narración trasciende la historia en sí y perdura en el recuerdo cuando, tanto por contenido como por forma (salvo honrosas excepciones, que cargan en sólo uno de los aspectos), es capaz de crear unas resonancias (dicho de manera burda) en el receptor. (Inciso: para todos aquellos interesados en la creación de historias, independientemente del medio: os recomiendo muy encarecidamente el libro de Robert McKee. Transmite un entusiasmo por la creación realmente contagioso.) Estas dependerán de la experiencia vital de cada uno, sin lugar a dudas; pero cuando la historia expone el tema con claridad, hace uso de las estrategias narrativas para potenciarlo y, además, la narración es bella, el impacto no será tan sólo a nivel personal, sino colectivo, pudiendo alcanzar cierto éxito, prestigio o, incluso, convertirse en un icono o en una obra maestra. Pues en no pocas ocasiones una obra ha sufrido un fracaso en su estreno para llegar a alcanzar, con el paso del tiempo, el estatus de icono. Claros ejemplos serían películas como Blade Runner y La princesa prometida, aupadas a clásicos imperecederos tras cosechar sendos fracasos. En el caso de la literatura, Philip K. Dick publicaba a destajo (aparte de para pagar la pensión de cinco ex esposas) ya que el reconocimiento masivo le llegó tras el estreno de Blade Runner (y tuvo la mala suerte de morir cuando la película estaba ya en posproducción); y, aunque no os lo creáis, Juego de tronos tuvo unos resultados muy discretos en su primera edición; no fue hasta la edición masiva en bolsillo que empezó a generarse el runrún que ha acabado desembocando en serie de televisión y locura colectiva.

Así, pues, en futuras entradas, comentaré libros que aún “resuenan” en mi cabeza y que, por tanto, os recomiendo. Este será, también, un ejercicio de búsqueda y recuperación de lecturas; un repaso a (oh my God!) más de 25 años de vicio lector, desde que mi padre dijo “deja de leer tantos Mortadelos y lee libros” hasta que se desesperaba diciendo “deja de leer tantos libros de marcianos y lee cosas más serias”. Tranquilos: son libros de género fantástico pero también son literatura popular, literatura seria. Y en cada caso veréis por qué.

Ya os adelanto que, entre otros, os recomendaré:

  • Solaris, de Stanisław Lem;
  • La historia de tu vida, de Ted Chiang;
  • Todos sobre Zanzíbar, de John Brunner;
  • La guerra interminable, de Joe Haldeman;
  • El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon;
  • Guardianes del día/de la noche/del crepúsculo, de Sergéi Lukianenko;
  • VALIS/Los tres estigmas de Palmer Eldritch/Ubik/¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick;

y algunos más, a medida que vaya haciendo memoria. Si cumplo el objetivo, estupendo, y si no, amables lectores, por lo menos tendréis una lista de libros que podréis disfrutar mientras esperáis El Libro.

Para los que entendáis el catalán, aquí os dejo las dos primeras recomendaciones (a partir del minuto 21.) Mis compañeros de la librería me liaron de mala manera para que me pusiese delante de las cámaras y recomendase un par de títulos para la ginkama del programa Connexió Barcelona. Disculpad los balbuceos y las imprecisiones.

Ah, también viene implícita la respuesta a la pregunta sobre El Libro. Impacientes 🙂

 

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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