Anna Calvi, sala KGB, Barcelona, 16 de septiembre del 2011

“Parece que toca bien”, dijimos tras la única canción que le escuchamos en el FIB, con la que cerraba una actuación programada apenas poco después de la sobremesa (de horario vacacional; así no se puede, de verdad). El pasado/pasado viernes pude sacarme la espinita clavada y disfrutar del concierto corto (LP y EP, y versión de Elvis Presley entremedias, no da para mucho más de una hora) pero ¿intenso?; no, lo siguiente. Una hora con Anna Calvi puede agotar como tres de la mejor PJ Harvey, tanto por intensidad como por la complicidad que otorga un espacio pequeño.

(Aprovechad, sí, sí, vosotros; aprovechad ahora que podéis; si su debut no queda en hype, no vais a poder disfrutarla desde tan cerca. Ahora está dando vueltas por Francia, aunque viajar al Reino Unido sea más barato.)

Si esperáis ver sobre el escenario una presencia magnética como PJ Harvey (con la que siempre comparan… por el momento) o un huracán a lo Patti Smith os quedaréis atónitos: esa chica menudita, vestida de impecable rojo y negro retro (o vintage, o como se diga), tímida, con una vocecita tan dulce que ni el micrófono la eleva por el nivel mínimo de audición, ¿es la misma mujer de voz desgarrada/desgarradora de “Desire”? No seréis los únicos en preguntároslo.

Pues la respuesta es “sí”. Pero antes de sacaros de la incredulidad, Calvi reivindica la faceta que más le interesa hacer patente. Ella, ante todo, es guitarrista, y “Rider to the Sea” es su carta de presentación. Sobriedad, fuerza, técnica soberbia, envuelta con el acompañamiento elegante, preciso y perturbadoramente romántico del armonio y la bateria.

Silencio reverente. Se decide a visitar la siguiente pieza del disco. Lo reconozco: dudo. Quizá los demás también dudaron conmigo. Su voz es envolvente, susurrante, demasiado apegado al disco. ¿Llegará a transmitir los paisajes torturados con la misma fuerza (la misma, no; más, que es un directo) que en el disco? A medida que va desgranando su corto repertorio, y que el marcador de decibelios situado detrás del escenario, canción tras canción, va marcando hitos en dB, el silencio del público va mutando en cierta intranquilidad: algunas cabezas que bambolean; se respira tensión, asfixia (y no tan sólo por la ambientación ominosa, sino porque la sala KGB se ha convertido en una auténtica sauna); primeros aplausos tímidos; primeros vítores; un solo de infarto que arranca una ovación estentórea. Parece que la Calvi va afianzándose. Ataca “Suzanne and I“, y ya cuando te descubres que esperas, cual sediento el agua, los versos, las palabras rotas, el dolor del alma torturada, entonces te das cuenta, oh, Anna Calvi, me acabo de enamorar de ti e iré a escuchar todos esos episodios trágicos y tortuosos que tengas a bien llorarnos con tu guitarra y emocionarnos con tu voz.

Un concierto cortísimo. Una vuelta con un bis, el “Jezebel” de Edith Piaf, y una Calvi incrédula que no daba crédito a que la gente le pidiese más y más y más. Se retiró por las escaleras centrales de la KGB, tan tímida como al principio, agradeciendo los aplausos con la mano apenas levantada. Quizá eso sea lo que aún le falte, o lo que aún le quede por madurar, para llegar a lo más alto del Olimpo de la música: un poco más de convicción, creerse que lo que está haciendo sobre el escenario es soberbio, porque, de verdad, lo es.

Venga, ahí va una propina:

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

1 comentario en “Anna Calvi, sala KGB, Barcelona, 16 de septiembre del 2011”

  1. Bueno, tiene toda la pinta de que cuando lo pete definitivamente (que será en el segundo disco, si cambia de productor o le pide expresamente que deje de darse un aire a PJ Harvey) hará una gira inolvidable, y esto solo habrá sido un aperitivo. Como tengo fe casi infinita en Anna Calvi desde que escuché su disco por primera vez, me apunto al próximo concierto que haga en Barcelona. 🙂

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