El verano del #FIB2011: domingo, 17 de julio

Otras tres horitas escasas de sueño. Un sueño que empezó con una canción en plan Explosions in the Sky… y que una voz en sueños (en el sueño de otro, digo) interrumpió bruscamente. No vamos a decir nombres, pero dio para mucho la mañana siguiente.

Inciso: La mañana siguiente. Roque y yo salimos a buscar un desayuno consistente y a llevar café (recordemos: la cafetera italiana no funcionaba; tenía la goma de la junta desgastada y el agua no llegaba a pasar por la cazoleta del café, sino que se derramaba a través de la rosca y dejaba una capa de cal del copón en la encimera. Maldita cafetera) a las chicas. Él se compró El País, subimos al apartamento, preparamos un vermut en la terraza; caras de cansancio, de ilusión ante el día grande del #FIB2011, de un curiosa felicidad producto del agotamiento y las gratas experiencias de las jornadas anteriores… Roque presta atención a un anuncio de Campofrío: en él, aparece una app para iPhone. ¿Qué será? Evidentemente, la descarga. Parece un programa de reconocimiento de sonidos animales. “A ver, Álex, prueba: haz un ruido.” Hago un poco el tonto. Cuando acaba de buscar en la base de datos, una voz robótica suelta una frase bastante divertida… que Roque no ha grabado y quiere escuchar otra vez. Probamos todos. No sale. Vuelvo a probar. Pasa un ratito. Y la voz profiere una frase que será nuestro motto el resto del día:

Dame jamon o te monto una acampada en tu cama esta noche que va a ser trending topic.

Juro que hacía muuucho tiempo que no me reía tanto. A punto de caerme de la silla. Y creo que, cuando lo recordamos aún nos dura la risa.

Volvimos al bar del desayuno, uno de esos restaurantes de parroquia carajillera y azulejos marronáceos años setenta, y pedimos una paella que podría servir para rellenar las junturas de dichos azulejos. Piscina. Descanso. Camino del FIB. Caro nos habla de The Coronas, un grupo irlandés que parece ben trempat, pero los otros tres preferimos ver a Antònia Font en el FiberFib, sentados en el suelo, cerveza en la mano, disfrutando de ese pop amable y surrealista de los mallorquines, que al principio dices “No molesta, es agradable”, y te acaba contagiando inexorablemente un buen rollo muy de agradecer en los tiempos que corren. Aunque no os gusten, si tocan cerca de vuestro pueblo, id a verlos: saldréis con una sonrisa de oreja a oreja y cantando el estribillo de Calgary 88.

Viendo Antònia Font, tan a gustito

Otro nuevo paseo por el recinto, una parada para hacer acopio de tíquets, reequilibrar el pH, y a sentarnos en el patio del Maravillas a ver a los CatPeople, a los que un servidor no conocía. Primera sorpresa: españoles. Segunda sorpresa: buenos. No impactantes como nudozurdo, ni comerciales como Lori Meyers. Buenos. Competentes, aplicados, entretenidos. Buenos. Checked.

Y a todo esto empezó a soplar el levante, y el sonido de CatPeople se nos iba hacia la izquierda de forma acordeónica, y nos temimos que, precisamente esa noche que parecía iba a ser perfecta (mucha menos gente que los dos días anteriores, el buen rollito de los grupos que habíamos visto, la luna llena alzándose por el horizonte…) la iba a estropear el viento. Nos acercamos de nuevo al FiberFib a ver a The Joy Formidable, un grupo de electricidad astillosa y voz de musa cazallosa que logra imponerse al sonido. Lamentablemente malogrado con cierta frecuencia por el levante.

Dejamos a los galeses formidables en mitad de su setlist y nos decidimos a probar con los londinenses Veronica Falls: ¿pop, shoegaze garajero? Algo similar. Pop deslavazado, crudo, no tan directo ni tan complaciente. El viento amainó, y los que pensábamos que a los cuatro muchachos se les iba a venir encima el escenario suspiramos con alivio. División de opiniones entre la Alegre Compañía. A mí me gustaron, pero en comparación con The Pains of Being Pure at Heart, pues hombre, pues como que entonces pierden.

Veronica Falls, contra viento y levante.

Se va acercando la hora. Los nervios. La hora que todos estábamos esperando. Vamos a reponer fuerzas (y equilibrar el pH, claro) antes del plato fuerte. Nos decidimos por un cuscús que ni siquiera yo logré acabarme. No sabemos qué le habían echado a ese mejunje y vivimos felices sin saberlo. De fondo, en el FiberFib, vemos que Professor Green está montando una fiesta de mucho cuidado, sampleando canciones famosas y rapeando vaya usted a saber qué; coros muy soul. Aquello parecía muy divertido. Pero preferimos tomar posiciones en el Maravillas (el mismo lugar, al lado de la torre de sonido) para disfrutar de Portishead.

He visto unos cuantos conciertos durante mi vida (y, bueno, creo que la mayoría agolpados en estos dos últimos años), y si creéis que la expectación es lo que se vive en las acampadas (en la acepción previa al 15-M) ante el estadio donde tocan U2, o incluso ante el regreso de Pulp, yo os digo que no: es esa tensión eléctrica que nos recorre a los que estamos esperando a que Beth Gibbons empieze a desgarrarse el corazón en público, es el silencio reverente que se cuela minutos antes siquiera de que se apaguen las luces, es ese vello que ya prevé que va a erizarse, son las lágrimas haciendo cola porque saben que esa voz las arrancará de cuajo de los lagrimales. Es eso y más. Se siente, se toca y se saborea incluso. Sabemos que una hora después habremos cambiado, y no seremos los mismos que bailaban al ritmo del profesor verde del escenario FiberFib.

Efectivamente. Cuando las luces se apagaron, y el escenario sólo quedó iluminado por las sobrias imágenes de la pantalla, y los leds del monumental montaje elcetronicoinstrumental que controla el cascarrabias de Geoff Barrow, lo que parecía imposible en un festival tan concurrido sucedió: el silencio total y respetuoso entre el público. Gibbons susurraba, y sus susurros seguro que alcanzaban Castelló.

Pero ¿cómo explicarlo? ¿Cómo desgranar una experiencia comunal y, a la vez, tan íntima? Temo abusar de barroquismo, y ya soy bastante alambicado a la hora de escribir, pero aquello fue todo un maremágnum de emociones. Sí, os podéis reír, o podéis pensar que exagero, que estoy mal de la cabeza. Os lo aseguro: si alguien es capaz de destilar el dolor y cantarlo, así, como concepto, esa es Beth Gibbons. Podríamos decir que Portishead presentan un espectáculo de ingeniería emocional: la base electrónica (el trip-hop que tanta rabia le da a Barrow), por su naturaleza electrónica, inanimada, debería de marcar un tope emocional; y no cabe duda que el repertorio ha sido calculado casi al milímetro; y sin embargo, obran el milagro de entrar en resonancia con lo más íntimo de cada, abrir la caja de Pandora y exponer tus propios trapos sucios ante tus ojos.

Canción a canción, pues, fueron trazando una ruta oscura y catártica. Entiendes que la metáfora corazón oprimido alcance un sentido muy, muy físico. Dominó la sobriedad en la puesta en escena, la elegancia de Beth Gibbons, la intensidad de su “alma”, y la rendición del público. Y en “We Carry On”… Oh, “We Carry On”…

Nada. No puedo sacarlo. Mira, una experiencia que no voy a poder expresar. Eso sí, desde ese momento, mi más profunda admiración por Portishead. Top 5 de conciertos.

Y, a continuación, el otro grupo que también entra en el top 5. Arcade Fire. Sí, otra vez. Sí, también: emociones a flor de pie. Sí, también hay dolor, pero a su vez mucha rabia, mucha furia desatada. Ah, en ese escenario me desenvuelvo mucho mejor. Un repertorio un poco más corto que el del concierto del pasado mes de noviembre (bueno… sólo se cayó “Modern Man”; impresiones mías, me imagino), pero mucho más rodado. Incluso en “Month of May” (que a mí me pone a bailar como si me hubiesen invadido los demonios) me pareció ultraacelerado. (Alarma. Win, Régine, chicos, no os yutuseéis: la épica en su justa medida, que si no se cae en la parodia. Fijaos en Bono…). Pero esa épica humanística, berreada a todo trapo con el público entregado (y bien engrasado previamente por Portishead) es una corriente muy poderosa que te arrasta adonde ellos quieren. Los momentos cumbre: “Crown of Love” (lágrimas a raudales) y “Rebellion (Lies)” (lies, lies, lies rascando la garganta). Dos himnos. Dos de mis himnos. En mayúsculas.

No sé los demás: yo ya no soy el mismo desde estos dos conciertos.

¿Qué quedaba por hacer? Primero, descansar. Recuerdo sentarnos en el suelo, cerca de una barra, con una cerveza en la mano, mirando más allá, suspirando. Habíamos vivido algo grande. Inmenso. Yo tenía el alma agotada, exprimida. En seguida estaban Pigbag en el escenario Maravillas (¡coño, los Arcade Fire tocaron casi dos horas! Con razón sólo se cayó “Modern Man”) y los miramos con indiferencia. ¿Qué podíamos hacer? ¿Repetir en el FiberClub, por si había una sesión de DJ indie como la de DJ Rojiblanco?

¿Quién es Aldo Linares?

Pues el DJ de la mejor sesión de baile que he disfrutado en mi puñetera vida. La música, los amigos, el ambiente… Todo. Todo perfecto. Desde “Creep” a “Song 2” a “It’s the End of the World…” a “Disco 2000” a la Postal Service Conga “Such Great Heights” (momento cumbre donde los haya), hasta que cerraron el chiringuito con los organizadores encima del escenario y, a regañadientes, fuimos (alguno en zig-zag, de acuerdo) y cerramos de nuevo Benicàssim con el sol ya despegado del horizonte.

Llegué al piso y ya no podía ni dormir. Ni dos horas. Esa noche, ni dos horas. Bueno, creo que ni los demás miembros del Equipo FiberFib.

(Y, oye, nunca he dedicado una entrada a nadie, pero el #FIB2011 no hubiese sido lo mismo sin vosotros. ¡A vuestra salud!)

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

6 comentarios en “El verano del #FIB2011: domingo, 17 de julio”

  1. Crec que m’he fet farts de dir que en una altra vida jo vull ser la Beth Gibbons. En la meva modesta opinió, juguen en una altra categoria.

    Excel•lent fi de festa. Excel•lent festival. I excel•lent companyia. ( Feia mot de temps que no reia tant …)

    Sort que havíem de plegar d’hora pq l’endemà tocava diana molt aviat… ( si és que no tenim paraula, ni criteri, ni força de voluntat, ni…)

  2. Oh, joder, no me gustaron nada catpeople cuando los ví en mi último FIB. Y, cómo decirlo, no me entra portishead. No sé, intentaré acercarme de nuevo a ellos, pero me resultan fríos. Hoygan, el año que viene háganme sitio en su apartamento. Me llevo la restform y apañaos. 😀

    1. El año que viene alquilaremos todo el edificio, al paso al que se está apuntando la gente 😀

      Portishead: Cuestión también de gustos y de receptividad. Reconozco que las historias dramáticas, amargas e introspectivas me llegan mucho, y amplificadas como hacen estos jóv… los de Bristol pues me dejaron bastante “tocado”. Pero también prefiero un libro de Ishiguro a uno de Pratchett, #nosésisemeentiende 😉

  3. No conozco ni siquiera a un acuarta parte de los grupos que han ido al FIB2011 y muy seguramente me ocurrirá lo misco con los grupos que vengan para el FIB2012, pero con crónicas como esta no me pierdo el póximo FIB. ¡Quiero vivirlo!

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