Exorcismo

Exorcismo.

Para poder llevarlo a cabo, primero hay que comprobar que el demonio habita en el interior. Parece razonable, ¿verdad?

Vamos a dar el primer paso.

El catolicismo, por experiencia propia, sabe mucho de eso. Fueron muchos años de catequesis; cuatro hasta la confirmación, si mal no recuerdo. Aun entonces, ya apuntaba maneras de racionalista y ciertas imposiciones no las acababa de entender. Pero ¿qué necesidad había de entender? La fe se sustenta en axiomas, digo dogmas, y cuestionarlos era obra… del diablo, claro está.

De ahí se deducía que cualquier desviación de la ortodoxia, entendida como pensamiento monolítico, quedaba automáticamente deslegitimada en cuanto que era obra del diablo. Así se protege la estructura que sustenta el credo religioso en una unidad estanca, esquiva a las críticas externas (entendiendo aquí crítica como la aplicación de la dialéctica de la razón) y, en cierto modo, autárquica.

Pero la autarquía no se sustenta sin represión. En mi caso concreto, reprimir la razón porque estaba viviendo sobre unos axiomas inconsistentes. Me tocó maquillar la realidad. Las consecuencias aún las sigo acarreando. En otro orden de cosas, aderezando la entrada con un concepto algo más “divertido”, recuperemos una cita de Festín de cuervos, de George R.R. Martin (tranquilo, lo entenderéis enseguida): un extracto del diálogo entre Kojja Mo, la hija del capitán de la Viento canela, y Samwell Tarly:

−(…) Los ponientis os avergonzáis del amor. El amor no tiene nada de vergonzoso, y si los septones os dicen que sí, es que vuestros siete dioses son unos demonios. En las Islas sabemos que no es así. Nuestros dioses nos dieron piernas con las que correr, narices con las que oler, manos con las que tocar y acariciar… ¿Qué dios loco y cruel le daría ojos a un hombre y luego le diría que los tuviera siempre cerrados, que no contemplara nunca toda la belleza que hay en el mundo? Sólo un dios monstruoso, un demonio de la oscuridad. −Kojja puso la mano entre las piernas de Sam −. Los dioses también te dieron esto para algo, para… ¿Cómo se dice en ponienti?
−Follar −contribuyó Xhondo de buena gana.
−Para follar. Para dar placer y hacer niños. Eso no tiene nada de verganzoso.

Vivir en sociedad implica un compromiso y una responsabilidad: ceder a las pasiones y pulsiones egoístas por un bien común (dicho así a bote pronto). Un picha brava va a tener problemas siempre, con todo el mundo. Amar… ¿quién puede criminalizar el amor? Controlar impulsos y sentimientos a través de la culpa, que es lo que me quedó claro, marcado a fuego a lo largo de todos aquellos años, no hace más que tarar el desarrollo natural. Ya es bastante duro el proceso de maduración como, para además, tener los demonios de la culpa perpetua liándola. Que levante la mano el que de adolescente no ha cometido “pensamientos impuros”. O se ha dejado llevar por la ira. O se ha quedado durmiendo hasta el mediodía. O ha salido de juerga. O se ha enamorado día sí, día también. O, caramba, se preguntaba por pruebas científicas de la existencia de seres míticos.

Por otra parte, ¿quién no tiene demonios que exorcizar? Sean de esta religión, otra cualquiera o del entorno que le haya tocado vivir. Ahora mismo me vienen a la cabeza un par de autores, Chris Ware y Juanjo Sáez, cuya lectura diría que es obligada llegados a este punto de la entrada, para conocer de primera mano el dolor de un exorcismo de un calibre considerable.

Sin embargo, abandonarse a la demonización resulta cómodo: proporciona explicaciones sencillas (“lo hice porque me poseyó el demonio”) y exhime de responsabilidades. Y no tan sólo hacia uno mismo: ¿quién no invoca a ciertos “demonios” para explicar situaciones sociales complejas (la culpa es de Zapatero, la culpa es del PP; todos los moros son unos ladrones, los panchitos nos quitan el trabajo, los especuladores nos metieron en la burbuja) y justificar actuaciones propias? ¡Ah, qué fácil es relajarse y culpar a otros de los males que nos aquejan!

Tanto en un plano como en otro, exorcizar los demonios no es nada fácil, pero sí necesario para tomar el control de la situación y obtener una imagen de la realidad lo menos distorsionada posible.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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