12 relatos

Imaginemos una antología de cuentos. Doce relatos. Imaginemos que, en ocasiones de manera vaga y en otras de forma más descarada, se pueden considerar autobiográficos. Situemos al autor en alguna ciudad industrial británica, allá por 1995, aún con la resaca de las crisis mineras y durante los últimos años de la hegemonía tory, un joven delgaducho procedente de la clase obrera, con la cabeza llena de historias y de proyectos pero pobre de solemnidad; tanto que, incluso, mientras estudia cine, tiene que vivir en un almacén okupado porque no puede permitirse un alquiler. Durante años publica sin que nadie le haga caso. Y, además, es bastante negado en las relaciones sociales.

¿Cómo sería una antología suya? Imaginemos…

Supongamos que el primer cuento es una especie de revancha contra los matones que ha sufrido a lo largo de su adolescencia y juventud. Un texto en apariencia burdo en cuanto tiene de gratificante (“no usaremos armas ni bombas, sólo aquello en que os superamos: nuestro cerebro”) para quien ha tenido que correr por las calles de noche para salvar su pellejo simplemente por el hecho de ser diferente; pero que, precisamente a lo largo de esa reivindicación cándida y fantasiosa de la superioridad de los “hermanos y hermanas” que reclaman el hecho de ser diferentes se pone de manifiesto un concepto, la tensión (en varios ámbitos, relacionados o bien con la lucha de clases o bien de carácter sexual) que bastirá toda la obra.

La segunda narración, mucho más completa, nos trae una historia de infidelidad. ¿Original? No hay nada nuevo bajo el sol, pero si nos atenemos al tono de obsesión enfermiza del narrador, de dulce perversión, de dos seres que se dejan caer en la tentación porque saben que es malo y les va a doler, y necesitan experimentarlo, el cuento entonces abre una dimensión no muy habitual: la que permite al lector adentrarse en los vericuetos del deseo y preguntarse si no será que esa perversión depende más del entorno que no del deseo en sí.

La tercera historia… la dejaremos para el final.

En la siguiente historia viviremos las obsesiones de otro perturbado que se dedica a vigilar a gente próspera, alimentando un rencor (social, laboral, personal) que imagina venganzas en forma de infidelidades y de vagas amenazas que sólo se materializan en su mente. Sin embargo, su visión sesgada remarca la superficialidad de quienes considera que son sus adversarios, gente de clase media o alta ajena a la lucha y al sufrimiento de quien no tiene nada y, cuando lo ha intentado, ha sido enviado de vuelta al arroyo.

La siguiente narración, siendo quizá de las más tristes de la antología, brilla, sin embargo, por su tono 0ptimista y esperanzador. El trasunto del autor habla con su amiga y vecina, de quienes sus respectivas madres auguraban que se casarían cuando se hiciesen mayores; sin embargo, el protagonista vive desengañado mientras ella sí que se casó… y se separó, y cuida sola de un niño. Entre recuerdos de una infancia y juventud en la que ella no le hizo caso, de vidas insulsas y desengaños inevitables, la perspectiva de reunirse de nuevo prende una pequeña llama en él; nada que vaya a materializarse en el resurgir del amor, no, ese tiempo ya ha pasado: más bien la de la nostalgia, mientras recuerdan en una fiesta de fin de año aquellos tiempos pasados.

A continuación nos encontramos con una historia de desengaño y desamor, una realmente dolorosa en cuanto tiene de cotidiana y silenciosa. El centro de la narración lo ocupa la cama, el lugar donde la protagonista vivió el tórrido inicio de la relación y donde, ahora, tan sólo encuentra consuelo con un juguete que compró en el sex shop del final de la calle. El contraste entre la jarana de antaño y los silencios del momento actual son, simplemente, demoledores.

Como para compensar tantos desengaños y tantos corazones desgarrados, en el ecuador de la antología nos encontramos con una sencilla carta de amor a la novia del autor, o eso parece a primera vista. Evidentemente, siendo él, no puede ser nada tan obvio como “ah, qué feliz que soy por haberte encontrado”, sino que se plantea qué habría sido de su vida si los acontecimientos que condujeron a su encuentro no se hubiesen dado: si hubiese ido al cine, si ella hubiese ido a casa de un amigo… Breves reflexiones sobre el destino, el azar, y sobre cómo sería la mujer que, en caso de que no se hubieran encontrado, estaría leyendo esta carta / historia que había escrito, quién sabe por qué, dos horas antes de conocerse.

En semejante fresco sobre perdedores no podía faltar uno que cae en el abuso de las drogas. En este caso el protagonista es un chaval que asiste a un concierto, quizá de The Stone Roses, o a una rave, e impelido por el entorno acaba bailando solo en mitad del campo, rodeado de otros 20.000 solitarios, y sufre la desorientación, la alienación y el vacío inducido por un mal viaje. Más que una narración admonitoria, lo que inquieta del cuento es el condicionamiento que la circunstancias imponen sin que apenas el protagonista se dé cuenta, salvo cuando quiere salir de allí y no sabe ni cómo llamar a su madre.

La novena historia nos vuelve a traer un personaje víctima de una obsesión. En este caso, un hombre que acaba de conocer a una mujer y que, sabedor de que las circunstancias lo van a llevar a acostarse juntos, se pregunta si esa obsesión que siente, y que congela la habitación, fija imágenes del cuerpo imaginado de la mujer y hace que el mundo gire alrededor de la alcoba es eso que se conoce como amor. Most disturbing, que se diría; y que, desde luego, no todo son cajas de bombones, sino algo más sucio…

La antología se cierra con una especie de trilogía de tono más íntimo, las tres historias relacionadas, de una u otra forma, con la desorientación.

La primera de estas tres historias nos cuenta las dudas de una chica, en ropa interior, esperando al chico que sube por las escaleras. Y en ese momento piensa si no estará cometiendo un error. La inminencia del acto, que desencadena dudas y miedos, da pie a una de las más bellas y delicadas metáforas sobre la fragilidad: la de la espera en una habitación cerrada en underwear. ¿Es la decisión correcta? ¿Alguna lo es?

La penúltima historia nos presenta a un personaje, ya no sabemos si chico o chica, que a la alienación de la vida cotidiana (sin titulación, con un trabajo no cualificado y mal pagado de lunes a sábado) le suma la carrera hacia adelante que es salir noche tras noche, pillarla noche tras noche. Ya nada más empezar lo deja bien claro:

Why live in the world when you can live in your head?

Allí donde la soledad es más patente.

Y llegamos al cierre. Hermoso, frágil, crepuscular cierre. Dos jóvenes vuelven de fiesta por las calles del Soho y, mientras ven pasar a la gente que se dirige a sus quehaceres cotidianos, paran para hacer un café en el mítico Bar Italia, abierto toda la noche. Pero el cansancio los vence; si derribasen el bar, aún luciría mejor que ella, le dice él. Y reflexiona sobre salir de noche, sobre qué va a hacer ella ahora que es de día, ¿no sería mejor seguir despierta? Qué desperdicio de día, en caso contrario, ¿verdad? Qué sitio mejor que ese pequeño rincón del Soho donde gente como ellos, gente rota, gente cansada, sonámbulos como ellos en las noches de Londres.

¿Qué diríais de una recopilación como esta?

¡Ah, sí, que me he dejado una historia! La tercera. Seguro que la conocéis. Empieza así:

Vino de Grecia con ganas de aprender,
estudiaba escultura en el St. Martin’s College,
ahí fue donde le eché el ojo…

Hay una traducción realmente soberbia al catalán:

Y narrada por el autor en Glastonbury:

Una historia de rollete de un día, y un bofetón al esnobismo, a las tendencias más cool y trendies de vestir y vivir como la gente normal. No vengas a reírte de nosotros…

Y estos son los motivos por los que considero Different Class una obra maestra, porque no es sólo música, y no sólo música con buenas letras: son doce relatos, doce historias con su presentación, nudo y desenlace, y no simples retazos, cuando no las meras vaguedades sentimentales que conforman una parte importante del pop-rock. Narraciones vertebradas alrededor de unos ejes (algo nada nuevo, cierto es) asentados en experiencias bien mundanas y que apelan a esas “bajas sensaciones” (esas facetas del amor que experimentamos más veces que no el amor platónico o el baboso-coldplaítico: la obsesión, la pasión frustrada, la necesidad de un amante cualquiera, la decadencia, la huida adelante, el mirar hacia atrás, el anhelar un tiempo que se escapa de las manos…) que, a poco que uno haya vivido, remueven recuerdos dolorosos. A su vez, estas historias cotidianas forman un fresco de clase: historias que no sonarían muy congruentes en un ambiente como los que describirían The Strokes o U2. Aun teniendo su punto de partida en lo visceral, el libro disco está plagado de imágenes brillantes, de esas que te activan el diapason de la memoria mientras te desgarran las tripas; y, además, impulsadas por la música adecuada (por tono, por densidad y por pasión) en cada momento.

¿Es esa vida cotidiana la única inspiración para las letras? Ni mucho menos: en la estética del disco y, sobre todo, de los videoclips, notamos su gusto por el neorrealismo italiano y por el cine negro clásico (mucho más descarado en el disco que siguió a este, el This is Hardcore); de ahí la coralidad en la narración, la relevancia de los conflictos sociales (que se revelan a través, o en el trasfondo, de los conflictos personales que impulsan las narraciones) y una delicadeza que el sarcasmo no esconde sino que ayuda a potenciar. No en vano, Jarvis se graduó en Arte Cinematográfico en 1991.

Por todo esto es que siempre afirmo que uno de mis escritores favoritos es Jarvis Cocker, que mantiene la tradición de autor metido a músico que elevaron a la categoría de alta literatura autores como Bob Dylan y Leonard Cohen. Reconozcámosle su mérito… mientras cantamos “I wanna live like common people…”

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

1 comentario en “12 relatos”

  1. Acabo de terminar de leer “Cosas que los nietos deberían saber”, así que le he cogido el gusto a eso de leer un libro y acompañar las vivencias del autor con su música. Lo combiné con “Beautiful Freak”, “Electroshock blues”, “Blinking lights and other revelations”… así que mañana me pongo el “Different class” en el trabajo. 😀

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