Primavera en el Primavera #ps11 (3)

Viernes, 27 de mayo. El día histórico: el del primer concierto oficial de reunión de Pulp. Sí, día histórico… pero no por Pulp.

La primera imagen que me recibe en la calle: un helicóptero sobrevolando plaça Catalunya.

Malos presagios.

De acuerdo: había dormido poco. Si ese día rendí poco en el trabajo (yo no he dicho eso), no fue tanto por El Guincho, la noche anterior, como por el chulopiscinas de Felip Puig (por cierto, que #FelipPuigDimissió; no tendrá mucho que ver con el post, pero quiero que todo el mundo sepa cuál es mi postura, estéis o no de acuerdo; cosa que, por otra parte, me la suda bastante) y la rabia de la impotencia al ver cómo, de nuevo, las fuerzas de seguridad son más bien fuerzas de represión al servicio del poder. Ojalá algún día se les vuelva en contra y sepan qué es estar en el otro lado, el del manifestante pacífico que recibe los porrazos. Y que se quejen, que se quejen.

Bajé por la tarde, cabreado aún como una mona, y después de un bonito paseo por el barrio de La Mina buscando aparcamiento llegué, para variar, habiéndome perdido a los Avi Buffalo. Fui el último de la Alegre Compañía en llegar, y fui recibido con una cerveza. ¡Ah, el viejo e infalible sistema de pagar la consumición en efectivo! Primera peregrinación del día al escenario Llevant para ver a unos The Fiery Furnaces que en disco son mucho más eclécticos que en directo. Rock lleno de aristas, enérgico y energético (que parecen lo mismo, pero no). Me gustaron bastante tirando a mucho…, a pesar de que, situados en mitad del arenal y un poco retirados del grueso del público, nos pasamos todo el concierto hablando y riendo. Pasamos un buen rato, eso no nos lo quita nadie. Desde aquí, pido disculpas si molesté a alguien con mi (poco habitual) verborrea. Que a mí también me gusta estar por la música. Bueno, quizá The Fiery Furnaces no sean lo más original que he visto.

800 metros de vuelta, con parada cervecera, para uno de los cabecitas de cartel de la jornada: M. Ward. Lo reconozco: el rollo neo-folk no me atrae mucho, y sin embargo Matthew, el Him de She & Him, y su banda tenían montada una fiesta de rock sureño de melodías seductoras. No llegamos a bailar, pero quien más quien menos meneaba la cabeza con una sonrisa en los labios. Y ese día se agradeció mucho.

Reconozco que fuimos poco arriesgados en nuestras elecciones: por ver a M. Ward nos perdimos al hype de la temporada: James Blake. Será mi alma casual, poco indie en cuanto a estar a la última; pero así tampoco tuvimos que sacrificar las últimas canciones de su repertorio para ir a ver a The National (800 metros hacia el sureste de nuevo). Y primer conciertazo del Primavera, a pesar de las condiciones (otra vez metidos en el Arenal, esta vez sólo Anna y yo, escorados a un lateral y con una visión bastante limitada del escenario). ¿Cómo definir a The National? Imaginaos a Interpol pero más contenidos, sin concesiones a la audiencia, sin parafernalia, mimando las historias con un vehículo sonoro perfectamente enhebrado, una voz ronca y doliente: tremendamente emocionantes. Desde lo más profundo llegan, sin la pose de Interpol, mucho más lejos que estos. Creo que aún les falta la obra maestra que los haga fácilmente reconocibles, a lo Funeral, pero les auguro un futuro prometedor.

Mientras tanto, en el escenario Pitchfork actuaba Ariel Pink’s Haunted Graffiti. El año que viene me saco el abono ubicuo (que espero no sea también tarjeta monedero).

Cae la noche. La chaqueta no hará más que molestarme todo el rato; parece una noche de junio. Paramos para hacernos con unas hamburguesas ecológicas, que no sé si lo eran o no, pero que estaban de vicio, eso seguro; y llevárnoslas para Belle & Sebastian. 800 metros más. Nos sentamos en la zona de descanso para comer con tranquilidad y disfrutar del optimismo que destila el combo de Stuart Murdoch. No será el concierto que más masas mueva, ni el más memorable, pero su música es, y perdonad la cursilería, pre-cio-sa. Con sus altibajos, cierto; las canciones de Write About Love dejan bastante frío al personal, pero, ¡ey!, “Like Dylan in the Movies” y “The Blues Are Still Blue” son suyas. Ah, recuerdo volver de la barra, donde birlé unas birras a unos vikingos que se habían colado con estrategia de barra borroka, e ir a lo largo del camino cantando esta última canción cual pastor suizo en el monte del abuelito de Heidi.

(De verdad, no me lo tengáis en cuenta: es el efecto Belle & Sebastian.)

Anna me señaló que, en el estribillo de “Legal Man”, y mezclado con el público, Murdoch estaba cantando un trocito de “Common People”. ¡Había ganas de Pulp! En cuanto acabaron los de Glasgow, fuimos hacia el escenario, con la idea de hacernos un sitio en primera fila… ¡y una mierda! ¡Lo más cerca, unos 10 metros! ¡Y apretujados! ¡Durante una hora y media! Deberíamos haber hecho caso a Carlos y haber bajado al escenario Ray-Ban para Explosions in the Sky. Pero ya que estábamos allí…

… gente sentada. Extraños amigos que van surgiendo. Gente que intenta colarse. Gente que lo consigue, para hacer extrañas amistades casi en silencio (cuando crees que lo has visto todo, siempre aparece alguien que te sorprende). Expectación cuando salen los operarios. Excitación cuando empiezan a colgar las letras de luces de neón con el logo de la banda, de la época del Different Class. Mensajes sobreimpresionados con láser verde sobre la cortina. “Hola. ¿Cómo estáis? ¿Estáis preparados? ¿Os acordáis de la primera vez? ¿Jugamos…?”.

Pasa el tiempo. Más agitación. Más apretujamiento. Nervios. Aumenta el rumor del público. Aparece una pancarta recordando que la #spanishrevolution está formada por common people, y que pide que nos acordemos de ellos. Aplausos para la pancarta. La gente que está sentada empieza a levantarse. Todos ocupan sus puestos.

Se apagan las luces.

Cae la cortina.

Aparece la banda. Jarvis Cocker lleva botas con alzas. Jodío, que ya eres larguirucho de por sí.

Empiezan los primeros compases. “Do You Remember The First Time?”.

Y me encuentro apenas a dos metros de la valla de seguridad, con un pie a duras penas tocando suelo, y con el cuerpo paralelo al mismo. Pedazo pogo en toda regla. Han venido desde atrás a irrumpir en el centro del público, y los zarandeos son de miedo.

Y miedo fue lo que pasé. Desconecté de la canción, me giré como pude, empecé a empujar y a meter hostias como panes para volver adonde estábamos en un principio, a buscar a Anna que vete a saber cómo había acabado. Vale, un poco más lejos, pero aún entera. Aguanta hasta la tercera canción y, por seguridad, se retira al perímetro exterior. Yo estoy a punto de acompañarla, pero insiste en que me quede. Mis 85 kilos me permiten cierta estabilidad y resistencia, y vaya si las empeñé más tarde para mantenerme.

Pulp suenan con la misma elegancia y sobriedad de hace diez años; quizá con menos tensión (el último concierto del Razzmatazz lo recordaré por el viaje que Cocker le metió a la guitarra, frustrado por el sonido que ahogaba cualquier sutileza). En algunas canciones, los arreglos no parecían lo bastante rodados, pero si a algo le sobran a los chicos de Pulp (bueno, a Jarvis, que es el que secuestra toda la atención) son tablas y presencia escénica. Conscientes de que Different Class es su obra maestra, centran el repertorio en él y en clásicos como “Babies” y “Do You Remember The First Time?”, con una incursión a “Pink Glove” donde dejan claro que, aun así, son capaces de tocar cualquier cosa y satisfacer a esos seguidores que jalean tracks más oscuros.

Momentos para recordar: cuando bajó al público y fue testigo de cómo una pareja se prometían en directo; cómo todos coreábamos todas las canciones. Y el momento cumbre, el histórico, el no-va-más: “Common People” dedicada a los Indignats.

Después de esto, ya podía morirme.

(¿Os he dicho que Pulp es mi grupo favorito?)

Nos reencontramos con Anna y con Jordi (promotor de Tema Produccions) y, después de reponer fuerzas, Anna y yo nos dirigimos (800 metros más…) a ver a Simian Mobile Disco. De camino, un café que el capullo de Quim Gutiérrez, de un empujón, me arroja ardiendo sobre el brazo. El resto del vaso no acabó encima suyo porque iba a la carrera con una chica y no lo alcanzó, que si no la tenemos. Para más inri, habían adelantado la hora de inicio de la sesión de los SMD, y apenas media hora después ya se había acabado. Empezó a chispear. Nos acercamos a ver un par de canciones de Battles: potentes, acelerados, ¡cuánto ruido para sólo dos personas en el escenario! Pero el cansancio empezaba a hacer mella. Así que los seguiremos más adelante. Retirada digna i cap a casa que hi falta gent.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

1 comentario en “Primavera en el Primavera #ps11 (3)”

  1. Que algú porti a “The National” en concert a Barcelona en sala tancada ja!
    I si, vaig veure passar la meva vida pel davant dels meus ulls a l’inici del concert de Pulp (joé què gran que és la gent i quines empentes donen. ” He visto cosas que no creeríais. Yo vi a un hombre correr y cruzar 10 filas hacia el escenario”).
    Ens va faltar “Explosions in the sky” (llàstima. Però és que no es pot amb tot)
    I si, confirmat que el rellotge de l’escenari Llevant anava avançat…

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