History will teach us nothing

Ayer clausuramos el club de literatura fantástica de la biblioteca Jaume Fuster comentando La guerra de las salamandras, de Karel Čapek. Como en la sesión de hace un par de años, el libro gustó unánimemente, algo que me alegra muchísimo: tengo cierta debilidad por este autor que, ya en 1936, era capaz de analizar la sociedad moderna de forma amena y con una sutil ironía. Es decir: entretiene y, a la vez, deja un poso amargo que la risa no hace más que recalcar a fuego. El mejor comentario que recuerdo haber escuchado sobre la obra es: “Este libro habla de todo”.

Dice mucho de la mirada lúcida de un autor que una obra suya, publicada en 1936 y que contenía una clara parábola del auge del totalitarismo, mantenga su vigencia 75 años más tarde.

El talento y el amor por su idioma hicieron de Čapek un hábil autor: relatos, novelas, teatro, artículos periodísticos, memorias… La guerra de las salamandras es un ingenioso compendio de casi todas las técnicas literarias, y con ellas consigue crear un fresco de la humanidad. El lector conocerá al capitán Van Toch, al empresario Bondy y su criado Povondra, y algunos otros personajes que aparecen brevemente; pero como secundarios están los políticos, los empresarios, los abogados, los trabajadores: los auténticos actores del drama que plantea el descubrimiento de las salamandras.

Estos actores, en el ámbito de la historia, se los conoce como fuerzas sociales (o igual con otro nombre que vendría a significar lo mismo; aceptemos pulpo por el momento y sigamos). Vaya por delante que sólo soy un aficionado a la historia, y que de sociología sé más o menos lo mismo que de macroeconomía (o sea, una mierda).

Desde la perspectiva que da el tiempo y la investigación, los sucesos de la historia tienen su causa en grandes fuerzas sociales cuyos movimientos vendrán determinados por las condiciones económicas del país y del entorno. Hitler era un pirao, evidentemente, pero las causas de la Segunda Guerra Mundial se pueden rastrear hasta el Tratado de Versalles y aun más atrás. Estas correlaciones entre fuerzas históricas o sociales se ilustran de forma clara, y en algunos casos amena, en ensayos como Auge y caída de las grandes potencias, de Paul Kennedy, o en los ensayos de Jared Diamond (estos son los amenos, aviso).

Los aficionados a la ciencia ficción recordarán cómo Isaac Asimov (gran aficionado a la historia, y uno de los divulgadores científicos e históricos más conocidos) reelaboró este concepto en su trilogía de las Fundaciones creando una ciencia futura, la psicohistoria, que permetía predecir a grandes rasgos la evolución del Imperio Galáctico mediante fórmulas estadísticas, más precisas en cuanto el universo estadístico a considerar era más amplio. Asimismo, matizaba el concepto mediante la aparición, a mitad de la trilogía, de un mutante cuyas decisiones personales, imposibles de haber parametrizado, trastocaban el plan Seldon.

Pero a Hari Seldon, artífice de la estructura formal definitiva de la psicohistoria, es incapaz de hacer ver a sus coetáneos la tendencia imparable de la sociedad; es más, su demostración de la caída del Imperio lo conduce al exilio, evitando una sentencia de muerte. Este hecho ilustra la incomprensión habitual de los actores de la evolución histórica y social de las fuerzas que están encarnando.

Aunque a los grandes estadistas, a los grandes intelectuales, o a cualquiera con dos dedos de frente, se le supone cierta capacidad cognitiva y racional para, por lo menos, vislumbrar esas líneas generales.

Concretemos: tema Indignados (que se comentó en la sesión del club de lectura porque los asistentes vieron inmediatamente la conexión entre la sociedad que se precipita al actuar sin atenerse a las consecuencias en La guerra de las salamandras y la situación actual).

La protesta de ayer estuvo en boca de todos: en los medios de comunicación se producía un rechazo unánime a los actos violentos, mientras que en las redes sociales se denunciaban las provocaciones de los Mossos y de agentes de la secreta infiltrados entre los manifestantes. Todos los grupos políticos se centraron en criticar el “sitio” al Parc de la Ciutadella, y ya fuese porque hubo provocación policial, porque unos descerebrados iban a buscar bronca o porque el ambiente estaba tan caldeado que acabó reventando, la intervención policial ha quedado legitimada.

Pero el debate sobre los hechos de ayer no es el que me interesa, aquí y ahora. Porque, intento darle una perspectiva “histórica”… que no veo que se dé donde debería desarrollarse: en el Parlament, en este caso. Se está haciendo un énfasis excesivo en el efecto, la distancia insondable entre la clase política y la sociedad y su cristalización en las protestas y el movimiento 15M, y no en las causas, que son harto complicadas. Porque sin crisis, sin cinco millones de parados, sin dos millones de personas con dificultades diarias para conseguir comida, dudo que hubiera una movilización con semejante respaldo social (un 67% en la encuesta de Els Matins de TV3, tómese con el grado de fiabilidad que tienen estas encuestas).

Parece harto improbable que las medidas que se están tomando tanto desde el Gobierno central, como desde el Parlament de Cataluña (instigadas por la Unión Europea siguiendo unas directrices conservadoras, que buscan mantener el sistema financiero y bancario cuya endeble estructura ha propiciado la crisis, sin más cambios) tengan a corto plazo (ni a medio, ni a largo, desde mi humilde punto de vista) un resultado que reduzca unos indicadores (paro, pobreza) tan alarmantes. Y el hambre no es una cosa que pueda esperar a un plan quinquenal. Quizá me equivoque; quizá nuestros representantes estén realmente invirtiendo ímprobos esfuerzos para sacar a la sociedad de esta situación inquietante y peligrosa. Peligrosa porque el hambre provoca desesperación, y la desesperación puede conducir a situaciones imprevistas, y estas acostumbran a ser violentas. Hagan un análisis y sitúense en lugares y épocas donde se vivieron situaciones desesperadas, y recuerden cómo acabaron. O acaban. O continúan en ello.

Mi duda es esta: ¿Realmente se está combatiendo las causas, o simplemente están dirigiendo los focos al efecto, un efecto muy “fotogénico”, muy debatible, fácil de manipular? Si alguien me demuestra que sí, que se está combatiendo las causas y que van a revertir inmediatamente y positivamente en la población, el resultado actual es de una clara incompetencia, a la vista de los resultados. Si no es así y, además, se frivoliza con el movimiento 15M, reduciéndolo a poco más que un grupo de kale borroka sin atender a las causas, a las fuerzas sociales (donde las individualidades que la componen no afectarán al movimiento) y a las condiciones que las impulsan, entonces tenemos dos posibilidades: la clase política es inepta, puesto que su capacidad de análisis es insuficiente y, por tanto, prima el desconcierto; o mezquina, porque saben cuál es la situación y, por cualquier motivo (bueno, uno básico: interés, ya sea por cuota de poder o por gratificación de terceros), emiten un análisis falso, anulando el debate real y sustituyéndolo por un debate contingente, anecdótico (a pesar de su aparatosidad) y perverso, de criminalización y panes et circus.

Y no me creo que no se hayan dado cuenta. Si Čapek y Asimov (y Orwell, y Huxley, y Brunner, y Disch, y McCarthy, y…) eran capaces de ver las fuerzas que funcionaban en sus respectivas épocas y novelizarlas, ¿cómo no va a poder un político, al que se le presupone esa capacidad de análisis? A menos que sea necesario el carnet de mediocre para ocupar un escaño, como parece.

En cualquier caso, por muy condenable que fuesen los actos de ayer, hagamos hincapié en que los hechos de ayer fueron contingentes: el movimiento 15M, o Indignados, o Democracia Real Ya, o quienes sean y como se llamen, seguirán activos mientras las causas que provocan el movimiento de esta fuerza social sigan existiendo. En manos de los dirigentes está identificar esas causas, tratarlas y desactivarlas, y dejar de funcionar como otra fuerza social (como los funcionarios imperiales de Trantor), ajena a las corrientes en marcha y que deriva en la sentido opuesto; porque el choque de ambas fuerzas puede ser trágico.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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