Sinceridad #2: Patti Smith, Palau de la Música Catalana, 21 de febrero del 2011

Después de la experiencia del concierto de Fran Healy tres días antes, y sólo un día antes en L’Auditori, en la fiesta del décimo aniversario de la coral TwoCats pel Gòspel (algo tiene el góspel que, aun viendo a un grupo no profesional, uno acaba llorando en casi todas las canciones), encaré el concierto de Patti Smith no diré que con escepticismo, pero sí con la convicción de que, por mucha leyenda viva, nada iba a superar aquel contacto directo, aquella actuación que calificaba como un acto de sinceridad completa del líder de Travis.

Craso error. Y van…

Porque hay que tener clara una cosa. Una leyenda no se inventa: se forja. Y la Smith está hecha de un material difícil de encontrar, el adamantium del rock, por así decir.

(Nota mental: No quedar como un palurdo comparando a Patti Smith con… con cualquier otro músico.) Por mucho que luche en contra, es en momentos como estos en los que me doy cuenta lo proclive que soy (aunque me pregunto quién no, en algún momento y en algún aspecto de su vida) en caer en prejuicios. Porque cierto es que sus discos no me emocionan tanto como los de otros artistas contemporáneos sobre los que os he dado la paliza en directo, en redes sociales o en este blog (aquí daría para disertar sobre la influencia de los medios en la época en que la MTV era la cadena musical por antonomasia); que da la sensación de que el formato acústico en un directo tuviese que ser más aburrido que dar rienda suelta a unas buenas guitarras eléctricas; que a los 64 años un rockero, de trayectoria errática y muy fuera del alcance del radar de los medios de comunicación, no puede rendir tanto como chavales de 20 o jóvenes de 3o; alguien que, además, cultiva una imagen de respetabilidad una pizca huraña: enjuta, jipilonga, gesto hosco, voz cazallosa y, para colmo, poetisa…

Nada. Tonterías que se disipan en apenas dos canciones, cuatro frases dirigidas al público con gesto comedido y, sí, vale, unos cuantos escupitajos lanzados al suelo noble del Palau. El punk es actitud y no aspavientos: ni guitarras eléctricas ni hostias, ni falta que hacen.

La clave en la conexión que estableció la de Chicago con el público que abarrotó el Palau está, sospecho, en que Patti Smith no necesita demostrar nada. Los años de lucha por conseguir el respeto de la industria discográfica ya quedan muy atrás, y se nota que tiene bien claro qué decir y cómo hacerlo, en un mundo donde conseguir una voz propia sin caer en la imitación es todo un logro. Sería capaz de hacerlo sólo declamando, estoy seguro de ello. De nuevo, la rendición de las barreras de comunicación, de las imposturas por equis motivos, se (me) revelaron como la auténtica medida de una actividad artística (la música, en este caso), donde ni siquiera la barrera idiomática resistió semejante embate. Fue imposible quedarse sentado ante tan generosa avalancha de energía. Y eso que la primera fila del Palau impone. Bueno, la primera fila y la Smith, que tan pronto hace un comentario jocoso como invoca el más absoluto silencio para realizar una versión de Bob Dylan con únicamente un fruncimiento de ceño (#quiéndijomiedo?). Porque ahí nos plantamos Guaita-la y El Eterno Aprendiz, en primera fila, engañados por un sistema de numeración que hace que la primera fila de la platea del Palau se llame “Fila 3”.

Otra prueba fehaciente de que estamos hablando de una cantante de otra dimensión está en que la adaptación de su repertorio al formato de trío acústico no sólo restó, sino que multiplicó sus matices. La fuerza no se desperdicia así en decibelios, y da más espacio para las armonías y la voz. No creáis que se hecho ningún instrumento de menos ni en “People Have the Power” ni en el bis con “Gloria” (momento, por cierto, en que Patti Smith se nos acercó para ponernos el micrófono en la boca y corear con ella. Por suerte, los supermegafansdelamuerte que teníamos a nuestra derecha hizo innecesario que nos tuviésemos que apartarnos. Anna no se sabía la letra, y yo hubiese estropeado todo el concierto con un solo gallo).

A diferencia de Fran Healy, cuyo concierto tenía como ejes la melancolía y la belleza, el de Patti Smith giraba en torno a la convicción, a los ideales, a una actitud vital combativa. También demostró que, con semejante actitud, uno puede llegar a los 64 años y tener una energía que no demostramos los de treinta y pico. Añadámosle lo que decíamos antes, la demolición de las barreras de una artista que sabe calar hondo, y no es de extrañar que, como decía Anna, si nos hubiese pedido que saliésemos a quemar contenedores lo habríamos hecho. Y, la verdad, falta haría, aunque esa ya es otra cuestión.

Total, que, rendidos a su particular poética y a su carisma sin necesidad de reivindicación, tras la catársis Smithsiana/Morrisiana, Guaitala y El Eterno Aprendiz salieron maravillados y quizá, quizá, un pelín más sabios del Palau. Lástima que no me haga tener mejor memoria y no os pueda detallar ahora el repertorio que interpretó. Pero da igual. Podéis acudir a las numerosas reseñas de los diarios.

Un consejo de corazón: Si tenéis oportunidad de verla, haceos un favor e id. Serán unos de los euros mejor invertidos en arte de su vida.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

3 comentarios en “Sinceridad #2: Patti Smith, Palau de la Música Catalana, 21 de febrero del 2011”

  1. Em repeteixo com l’all, però ho tornaré a dir: hi ha gent que està feta d’un altre material i donen una volta o dues a la definició de la paraula carisma.
    I si, surts dels seu concert sentint-te terriblement mediocre, però content/a i conscient d’haver vist un espectacle molt gran.
    “Gallina de piel”….

  2. Hola,
    Pienso lo mismo que tu, era la primera vez que la oía y salí emocionada. sabes como conseguir el video del concierto? Gracias!

    1. Eh… Pues no. La verdad, en los conciertos sólo tomo una o dos fotos para “fijar” la memoria, pero prefiero disfrutarlo antes que estar preocupado en grabarlo bien. Total, al final siempre encuentras casi todas las canciones en YouTube. Y grabadas con cámaras mucho mejores que la mía 😉

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