Sobre las descargas

Se ha montado semejante escándalo sobre la Ley Sinde y cómo habría afectado a la neutralidad en la Red, que hacer un comentario desde este humilde rincón de la misma es como…

Mmm: “(…) cómo habría afectado a la neutralidad en la Red (…)”. Ejem. ¿Me equivocaría mucho si pensase que buena parte de los que han llenado blogs y redes sociales con sus quejas lo hacían desde el más puro egoísmo? Reconozcámoslo: muchos tenemos una ADSL para poder disfrutar de esos contenidos que nos descargamos gratuitamente. ¿Qué haríamos si se hubiese aprobado la ley y se hubiese aplicado con todo su potencial?

¿Quién lo sabe? Yo, desde luego, no. Y tampoco conozco tanto a casi ninguno de los agentes implicados (excepto en el que estoy, en esta posición, a este lado del ordenador, y el profesional, maquetando libros “tradicionales”. Todavía.) como para ponerme a perorar, sermonear y profetizar sobre este asunto.

Sólo puedo hablar de mi experiencia personal. Quizá si lo hago con sinceridad, algo pueda aportar al debate. Si a alguien le interesa.

He descargado mucha música. No sé si más o menos que otros internautas. Lo suficiente como para no quedarme muy rezagado en la actualidad, atentos, de la música indie pop y rock.

Como resultado, desde que comencé a descargar música hasta hoy en día, en el que una cuenta gratuita de Spotify es suficiente para no perder comba (aunque no estén todos los artistas relevantes, aunque el archivo musical es cada día más impresionante), mi gasto en música ha crecido exponencialmente.

Pongamos un ejemplo: como cada año, desde el 2004, compro los primeros números de la revista Rockdelux para hacerme con sus CDs recopilatorios de lo mejor del año; también me hago con las recopilaciones del Razzmatazz, mezclados por su DJ residente Amable. De la estupenda cosecha del 2004 se me quedó grabada una canción que acudía una y otra vez a la mente: “Rebellion (Lies)”. Una canción que empieza con una tensión que va creciendo a lo largo de cinco minutos hasta un final de épica catártica, de belleza dolorosa.

Busqué y me descargué el disco, Funeral, a ver qué tal. Y lo escuché. Una vez. Y otra. Y otra. Y otra más. Y cuando descubrí que lo escuchaba hasta cinco veces al día, en cuanto lo vi en la tienda (una vez había bajado de 16 a 12 euros), lo compré.

Y una vez ganaron mi corazón, también me descargué su segundo disco en cuanto apareció. No me dio tiempo a comprármelo, apenas dos semanas después, porque me lo regalaron. Evidentemente, en cuantito me enteré que serían cabeza de cartel en el Summercase’07, ni me lo pensé: me dejé mis dineritos en el abono del festival porque, además, también actuaban LCD Soundsystem, !!!, Jarvis Cocker, PJ Harvey y muchos otros artistas de los que empecé descargándome sus discos y acabé haciéndome sus discografías en CD, asistiendo a sus conciertos y comprándome DVDs. También conocí a otros artistas, como Guillemots, o más adelante a Yo La Tengo, cuyos directos me gustaron tanto que también me compré sus discos (previa prueba descargando su música). Que es el principal problema que tiene, para mí, los festivales: que se me amplía el número de artistas de los que quiero hacerme con la discografía. Aparte de lo caros que son los abonos.

Y todo esto, señoras y señores, es dinero que reciben artistas, promotores y discográficas. Independientes en su gran parte. ¿Casualidad? No: seguramente porque son las que más arriesgan con apuestas de calidad y de originalidad.

¿He descargado discos que no he comprado? Pues sí. En algunos casos, porque tras valorar sus obras… no los he vuelto a escuchar, o lo he escuchado muy poco. En otros casos, porque están en la lista de deseos, esperando que se recupere un poco el bolsillo después de tantos gastos. O que baje el precio de esos 20 euros habituales de las novedades a los 7, 8 o 9 euros a los que se venden seis meses o un año después (¿alguien sabe cómo se regulan esta especie de “saldos” en el mundo de la música, y si el artista recibe el mismo porcentaje de royalties?).

Podríais preguntar: “Álex, ¿qué entiendes tú por comprar mucha música? Si siempres hablas de los mismos músicos.” Bueno, así a bote pronto, digamos que 200-250 CDs en cinco años. Igual no es tanto. Sin contar DVDs. Y cosas como la caja remasterizada con la discografía de The Beatles.

Y, de ese porcentaje, ¿cuántos pertenecen a artistas españoles afiliados a la SGAE, tipo Alejandro Sanz? Pues un 0%. Pa qué, si con escuchar sus anuncios en Spotify ya sé que su música me enerva…

El próximo paso: probar Spotify en el Android. Mucho me temo que, en cuanto acaben los siete días de la promoción, acabaré pasándome a la versión prémium. Tantos discos en casa ya no me caben…

Os dejo un vídeo. Por si os gustan y los descargáis, y os gustan más, y vais a verlos o incluso os compráis su disco. Si vais a verlos, preparaos para pogos y crowdsurfing. Que no se diga que no os avisé.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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