Noviembre musical, segunda parte

Pues ese jueves 18, servidor estaba agobiadísimo entre la faena, la casa hecha un asquito… en fin, todo lo que conlleva la vida moelna. Como, además, los sospechosos habituales también andaban más liados que las babuchas de un romano, y como el concierto de Tenim Drets! era gratuito, a pesar del dolor de no ir a ver al primo de Juanma (cuyos conciertos son casi obligatorios, os advierto), ese día me rajé, os lo digo desde ya mismo.

En fin, que el siguiente concierto era ya el plato fuerte del mes.Qué digo, del año. ¡Qué digo!, ¡de la década y del siglo! (quitando Radiohead, la próxima reunión de Pulp… o quizá no; bueno, allá cada uno y sus valoración particular). Arcade Fire venían a defender un disco que algunos no dudan en calificar de grower. Y cierto es que, si a la primera escucha te puede dejar frío, ahora mismo lo pondría a un nivel muy cercano a Funeral, y definitivamente por encima de Neon Bible: el segundo trabajo de Arcade Fire es tan denso, tan descorazonador que, aunque el mensaje de The Suburbs no deja de ser desencantado, la rica instrumentación y las letras, con ese punto de esperanza y melancolía que lo hacen más llevadero, conforman una escucha mucho más apetecible y con la misma excelencia. Épica más comedida. Por mucho que se queje Ramón de España, el mesianismo de Bono & Co. les queda muy lejos a estos chicos. Lo suyo es la música; el espectáculo es algo ajeno a ello. Y ojo, que no por eso descuidan el aspecto estético: tan sólo hay que admirar el último vídeo (realizado por Spike Jonze), o vídeos interactivos como este.

Desde esta humilde tribuna, me rindo a su despliegue de talento y de imaginación, tanto musical como literaria y visual. Me rindo y me muero de sana envidia, esto es.

Bueno, intentemos retomar el objetivismo propio de este cuaderno de bitácora…

Domingo, 21 de noviembre. Se palpaba en el ambiente del Palau Sant Jordi la ilusión del público, ese palpitar eléctrico que mana de la ilusión y de unas expectativas altas. Si los chicos de Win Butler y Régine Chassagne cumplían, iban a salir en volandas; ahora, como defraudasen, a más de uno se le iban a caer las gafas de pasta al retrete. Para ponerlo más difícil, los teloneros fueron Fucked Up. ¿Qué tiene que ver el post-hardcore con el indie pseudofolkie cuasiépico? El sonido, además, no ayudaba: una apisonadora sónica que ahogaba los berridos de su orondo cantante y los mantenía en un nivel de decibelios no sólo alto sino, sobre todo, ininteligible. Con todo, no negaré que la actuación fue… divertida. A la segunda canción, Damien Abraham se quedó en pantalón de rapero, luciendo lorzas con orgullo, y se quedó en el foso, junto al público, hasta las últimas canciones de su repertorio. Desde luego, no se les puede achacar falta de arrojo. No, bueno, que al final no se arrojó al público, a pesar de que hizo el gesto desde el proscenio.

Después de Fucked Up la espera. La tensión que sube. Las luces que se apagan.

El delirio.

Y eso que las canciones de The Suburbs tuvieron una recepción más fría que las del Funeral (del Neon Bible cayeron pocas, tres de hecho). Abrieron con “Ready to Start” (¡caña, caña1), siguieron con “Neighborhood #2 (Laïka)” (¡la leche!), y ya la tercera fue “No Cars Go” (¡¡¡la apoteosis!!!, ¡¡¡en la tercera canción!!! Esa noche iba a ser histórica… y lo sabíamos.)

Si la intensidad, a partir de ahí, no decayó (exceptuando una de las que más me gustan, “Month of May”, y para mi sorpresa, pues es de lejos una de sus canciones más rockeras; y no, “Haití” y “Sprawl II” simplemente metamorfosean la intensidad en belleza), ¿qué podría destacar? ¿Lo condenadamente hermosa que es “Crown of Love”, y que me puse a llorar como un descosido (maldita sensibilidad)? ¿Que “The Suburbs” es expansiva, compleja, sutil, espléndida? ¿Que no les hace falta hablar con el público, porque se lo meten en el bolsillo con su directo intenso? Sólo puedo deciros que, para comprenderlo, mejor vayáis un día a verlos. U os paséis por YouTube.

Para mí, los momentos culminantes fueron el ya mencionado “Crown of Love”, la concatenación de “Neighborhood #3 (Power Out)” y “Rebellion (Lies)”, el final con “Neighborhood #1 (Tunnels)” (y otra vez con el lacrimal a todo trapo), y el último bis, “Wake Up”.

En resumen: concierto de los de recuerdo indeleble, de los que muchos estarán orgullosos de decir “yo estuve allí”; en definitiva, y a nivel personal, el concierto más intenso en el que he estado, por encima incluso de la gira del Zoo TV Tour. Y eso es decir mucho.

The Suburbs
Con un poco de imaginación, ahí están Arcade Fire interpretando "The Suburbs"

Viernes, 26 de noviembre. Si abren puertas a las 20h, mejor estar un poco antes, como a las 19.30h, para pillar sitio, ¿no? Que a pesar de ser el regreso de Suede a los escenarios, tampoco van a atraer a tanta gente. Bueno, aunque las entradas se agotasen tan sólo en tres semanas.

Ya.

Cola para ver a Suede en Razzmatazz
Cola para ver a Suede en Razzmatazz

Otra prejuicio: Ese sonido tan sofisticado de los ingleses no dará como para hacer un concierto de intensidad semejante al de Arcade Fire. Pues craso error. Digamos que Brett Anderson es un animal scenic (así, haciendo un juego tontorrón de palabras con “Animal Nitrate” y, de paso, pegándole una patada a la gramática inglesa) y…

No, mejor, ¿para qué repetir crónica? Podéis leerla aquí.

(No, no soy colaborador de Jenesaispop. Ya me gustaría ;-). Sólo que, por ciertas circunstancias puntuales, les hice esta minirreseña.)

Suede en plena acción. New Generation.

Martes, 30 de noviembre. Se acaba el mes; se acaban los conciertos. No me atraen tanto como para tirarme de cabeza, pero a medida que he ido saboreando el Hawk de esta extraña pareja, sus paisajes crepusculares me han subyugado como para enamorarme de la voz cazallosa y quebrada de Mark Lanegan, y de esos susurros angelicales, ese dulce contrapunto al corazón roto que vierte los susurros de Isobel Campbell.

Esa fue la tónica del concierto, tras la actuación del hijo de Paul Simon, Harper Ídem, que se presentó armado de una guitarra acústica, un repertorio de folk agradable, rollo Bob Dylan pero sin mordiente, y con la santa paciencia de aguantar a las dos cotorras que se pusieron a hablar de sus rolletes con absoluta desconsideración con el artista y con el centenar de personas que estábamos intentando descifrar sus letras. O intentando escuchar simplemente la melodía.

Enfrente tuvimos a un tiarrón con las manos tatuadas de estrellas, ceñudo y con pinta de haber salido de una prisión del Medio Oeste. A la izquierda, una muñeca de porcelana de gestos armónicos. Entre los dos, canciones de vidas turbulentas, corazones rotos, desasosiego. Blues folk inquieto, incómodo, baqueteado en carreteras y bares de mala muerte, pero, ¡hey!, esa es la esencia del blues: el dolor.

Salieron a piñón defendiendo el Hawk con cuatro canciones seguidas (y, como bien dice Anna, con la piel de gallina al comprobar que por la mejilla de Lanegan no bajaba sólo sudor, sino un reguero de lágrimas). Sobrios, sin concesiones al respetable; en un par de canciones, Mark Lanegan dejó el escenario a Isobel Campbell, y ya fue durante los bises cuando el grupo ejecutó las canciones más cercanas al rhytm & blues, empezando por ese pendenciero “Get Behind Me”, y que permitieron que la admiración por el sonido desplegado se materializase en ovaciones, berridos, silbidos y  la nota de color algún atontao que le gusta hacerse notar más que el grupo (sí, uno que tosió el contenido de sus pulmones encima mío, sin el menor reparo. Lástima que san Martín había pasado…).

Aquí hay una reseña mucho mejor que esta, y, tachán, el repertorio en Spotify.

Y se acabaron los conciertos del mes, y seguramente del año. ¿Qué será lo siguiente? ¿Patti Smith en el Palau de la Música, por ejemplo?

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

Un comentario en “Noviembre musical, segunda parte”

  1. Arcade Fire,….què bonic!
    ( amb “Rebellion ” a mi per poc no em dóna un patatús…). I el que em va costar dormir després …
    I a “Tenim drets”, alguns hi van anar el divendres…
    Mes intents. El meu balanç musical, terriblement positiu (malgrat la racaenria dels Vampire Weekend). I emocionadeta ja per tal com pinta el 2011!

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