El verano del Daydream, y de Ben Harper, y de Bruce Springsteen

Cada vez estoy más convencido de que, de pequeño, no debería haber sido tan vago, debería haber cambiado el piano por la guitarra o el bajo, y debería haberme lanzado a la carretera.

Pocos veranos (en el sentido más amplio: temporada de verano, desde mediados de junio, antes del solsticio) había disfrutado con tanta y tan buena música). A excepción de algunos bodrios que nos colaron en el festival ad hoc que les montaron a nuestros adorados chicos de Oxford, Radiohead.

Creo que en algún sitio lo comenté: uno de mis escritores más admirados es Jarvis Cocker. Y las obras que ha escrito, cada una de ellas se comprime en canciones de cuatro minutos de media. Aun así, si una canción no tiene el arrope adecuado en su rabia, o amor, o pasión, o lujuria, de melodía y arreglos (y talento, mucho talento), pues acabas arrojando perlas al abrevadero.

La contrapartida es que ¡se lo deben pasar tan bien sobre el escenario! A veces parece que incluso mejor que el público. El ejemplo sería ver a Ben Harper completamente superado por los vítores y aplausos tras “In the Colors”, cinco minutos en los que se quedó estupefacto, cinco minutos de claca, en los que sólo pudo articular un par de thank you y golpearse el corazón. O a Bruce Springsteen jaleando al público, pidiéndole más y más, y señalar un reloj imaginario el 20 de julio cuando ya rebasaba las tres horas de concierto y aún no había encarado el último bis. Y vaya bis.

No cabe duda que, en cuanto a inmediatez de la comunicación, y la retroalimentación entre el artista y el público, la música está en cabeza; aparte de ser altamente gratificante. Incluso llorar como una magdalena en “Brilliant Disguise” tiene algo de gratificación íntima que pocas cosas en este mundo han conseguido darme. Tanto como para… ¿os habéis dado cuenta? Sí, dos de los enlaces anteriores corresponden a los set lists de los dos conciertos de Bruce Springsteen en Barcelona. Sí, el 19 de julio fue mi primer concierto del Boss. Y el 20 de julio…, el segundo. Conseguir las entradas del concierto del 19 fue todo un espectáculo, como comenté por aquí. Pero en la entrada vi un montón de gente deshaciéndose de sus entradas al precio de salida. Mucho reventa que se tuvo que comer los mocos gracias a la estrategia de la promotora de reservar unos miles de entradas para poner a la venta semanas antes del evento. Pero también gente de a pie que tenía un familiar o amigo que no podía asistir. Así que el domingo, tirados en el sofá, Nuria me dijo: “¡Cómo me gustaría ver otra vez un concierto del Boss!”. A lo que dije: “Pues vamos a probarlo”.

Y qué fácil que resultó.

Aun con la espectacularidad y la entrega del de Nueva Jersey, de los tres (en realidad, cuatro) conciertos me quedaría con el de Ben Harper: mucho más cercano que los Radiohead (que qué fríos que son los joíos, pero qué buenos que son) y menos estruendoso que los terawatts de potencia del equipo de sonido en el Camp Nou. Rock con mucho soul, ramalazos de blues y reagge, convicción, pasión y delicadeza. Ben Harper and the Innocent Criminals es, de los tres grupos, con mucho el más versátil.

Pero qué verano 🙂

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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