Juego de tronos: el placer de la lectura

Que no me ponga a pontificar, me dice spaceface. Ya sabe que no es lo mío: yo soy más de razonar, de exponer argumentos, de no dar nunca frases lapidarias.


Juego de tronos es un libro in-dis-pen-sa-ble. Una obra maestra. Y si no lo es, es una obra maestra del entretenimiento más adictivo.

Ya, os diréis que qué credibilidad puedo tener, teniendo cierto interés en que la obra se venda como churros. No es interés: es la hipoteca; en serio 😉

Tonterías aparte, el jueves acabé por primera vez de leer el título antes mencionado. Sí, sí, como lo leéis: la primera vez que me lo leo; esto es: llevo el libro en la bolsa, lo saco en el trayecto del cercanías, en mis ratos libres tras la comida, en el sofá o en la cama, y lo leo secuencialmente, sin insertar correcciones, sin unificar nombres, sin preocuparme por líneas demasiado cortas, por criterios ortotipográficos, por un quítame de aquí esa línea viuda ni nada relacionado con la producción.

Lo bueno es que, aunque me sabía casi todo el texto (exceptuando algunos capítulos más densos, más descriptivos), la lectura ha sido todo un placer, de principio a fin. He vuelto a emocionarme como la primera vez con ciertos episodios…

… y dejad de leer a partir de aquí si sois de los más suspicaces a la hora de interpretar un dato genérico como un spoiler concreto…

…, como la boda de Daenerys (que me arreboló como si estuviese… bueno, eso), la coronación de Viserys (los vellos como escarpias, otra vez), la emboscada en el Desembarco del Rey, la visión de Arya en el Gran Septo de Baelor (aún creía que Martin no sería capaz de hacer lo que hizo con cierto personaje), la Declaración de Independencia, la batalla del Vado, el nacimiento… Tantos y tantos sucesos que, cada vez que mis ojos se posan en ellos, ya sea por pura lectura, ya por cuestiones de trabajo, me arrastran y me obligan a leerlos de nuevo, eso, eso quiere decir algo.

Si no lo habéis leído, os sugiero que lo comprobéis. Pocas veces un libro me ha gustado tanto como para no poner límites a su relectura.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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