Contra los dogmas

Esta entrada viene relacionada con la anterior, aunque no lo parezca. “Brilliant Disguise” me transporta a una época, en plena turbulencia adolescente, donde tomé muchas decisiones.

Y una de las que recuerdo con mayor “potencia”, y de las que más me alegro, fue la de desechar de mi vida el dogma católico.

Sinceramente, era una decisión que llegó de manera natural: en mi forma de observar el mundo no encajaban tantas inconsistencias. Y en particular, me molestaba ese círculo vicioso que impide formular preguntas y satisfacer la curiosidad; algo inherente al ser humano y que nos ha permitido llegar hasta aquí: el dogma de fe. Porque, para ser católico (hablo de mi caso concreto, pero vale para cualquier terreno religioso, político y moral que uno se plantee) había que creer, y plantearse dudas, ni siquiera preguntar, era traicionar el dogma y, por ende, ir a parar al infierno. Bonito razonamiento cíclico para mantener la fidelidad de los fieles (valga la redundancia). Aquí te presento una afirmación cuya duda o negación implica tu destrucción.

A mí, este argumento ya me parece suficiente para descartar cualquier creencia (porque, en el fondo, todas me parecen sujetas a un apriorismo que me espeluzna. Aunque no tenga una solución para la muerte, prefiero no llenarme la cabeza de imaginaciones -más allá de las que pueda plasmar en una novela, claro-); aun así, respeto la sensibilidad de cada uno, aquello que se llama el hecho religioso, tan inherente al ser humano como la curiosidad, aunque esta se fundamente en la razón y aquella más bien en el miedo o, en florido eufemismo, ante la metafísica.

Pero lo que ya me rebela es lo que viene aparejado con el dogma, que no deja de ser un artero instrumento de algo tangiblemente pero: la jerarquía religiosa que se vale del dogma para administrar el hecho religioso íntimo de sus vecinos. Salvo honrosas excepciones (que a mí no se me ocurren ahora mismo), acaba con suntuosos templos, clases eclesiásticas opulentas y unos fieles sujetos a unas normas y que alimentan el poder de la jerarquía. No niego que, en ocasiones, las clases dirigentes religiosas han propiciado iniciativas más que loables (obras de caridad, lucha contra la pobreza, refugios, y un largo etcétera); pero en otras, demasiadas ocasiones, y con demasiados ejemplos en la Historia, han conducido o han justificado desmanes horribles (guerras, opresión, oscurantismo).

En el fondo, sacar a relucir ideas tan íntimas es algo en lo que no me siento muy cómodo, al menos de manera tan pornográficamente emocional, y por tanto no hablo de ello con frecuencia. Pero, junto con la entrada de ayer y esta otra de Rudy, han hecho que, tras leer esta noticia me haya visto impulsado a dejar constancia aquí. Y a aconsejar a cualquiera que recale en estas líneas algo: id a ver la película. O mejor aún, leed el libro, que es una gozada en cuanto a imaginación y originalidad. Una novela con aspecto juvenil, escrito para gente inteligente, rehuyendo de tópicos y maniqueísmos.

¿Y por qué os doy este consejo en cuestión? Aparte de lo arriba expuesto, por varias razones:

1. Me toca soberanamente los co… mis fundamentos cualquier atentado al libre albedrío y, por extensión, a la inteligencia de las personas;

2. Por coherencia: si estas asociaciones están seguras de la posesión de la verdad, ¿qué les hace pensar que las familias católicas que vayan a verla no sabrán educar a sus hijos en la Fe? ¿Inseguridad, miedo? ¿Tan endebles son los fundamentos?

3. Porque el libro, repito, es una gozada. Admite lecturas a varios niveles, tan disfrutable para los jóvenes como para adultos, y que permite el debate sobre conceptos tales como la amistad, la verdad, el poder, y algo que me maravilla, desbancar lo que es correcto a lo que, simplemente, parece correcto. Antidogmático.

Luces del Norte. Yo lo tengo en edición de bolsillo, que es más barata... :D4. Y volvemos a los dogmas: prohibir siempre ha sido una de las herramientas más efectivas para perpetuar los dogmas. Leer, viajar, contrastar ideas y opiniones es lo que nos permite adoptar diversos puntos de vista, abrir la conciencia y eludir la trampa sutil del dogma que pretenden mantener a una masa sumisa en el redil de las ideas totalitarias, sean estas políticas o religiosas. Prohibir ver La brújula dorada es tan supinamente estúpido como condenar a unos dibujantes por supuestas vejaciones a la Casa Real, como lanzar una fatwa por unas caricaturas de Mahoma, o solicitar la retirada de Polònia o Muchachada Nuí. O enarbolar banderas y alentar conflictos, ya sea aquí, allí o en todas partes.

Todo esto se reduce, al fin y al cabo, en un único mandamiento: pensad, coño, pensad.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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