La banda sonora de una vida #03: "The Kick Inside Of Me", Simple Minds

Os preguntabais cuándo iba a incluir una canción de Simple Minds en esta serie de posts, ¿verdad? Je, yo también. No lo tenía previsto, pero esto va a rachas: al fin y al cabo, es un cuaderno de bitácora y es inevitable que las actualizaciones sean desencadenadas por estímulos externos. El detonante fue la emisión de este anuncio (como no me gusta expandir virales por ahí, cuando pinchéis el link, recordad: la cerveza es más sana que cualquier refresco de cola). Aunque no soy tan mayor como los personajes que aparecen en la publicidad (esas risas, capushos, que os oigo…), sí que es cierto que he caído de nuevo en la trampa de la nostalgia.

Creo que ya lo he comentado alguna vez: la música, por desgracia, es, por sí misma, un ancla a un momento que, enseguida, se convierte en pasado, como bien narran Haruki Murakami en Tokio Blues o George R.R. Martin en El rag del Armagedón.

Mi reacción al ver el anuncio, sentado en el sofá, cenando en la mesa pequeña, al llegar al logo y sonar el estribillo, fue inevitable: alcé los y empecé a ondearlos, en un remedo del gesto que tanto Jim Kerr como el público, al menos en Barcelona y Valencia (no los he visto es más lugares: quién sabe si, algún día, iré a verlos a su casa, Glasgow, o a Dublín, donde vive Charlie Burchill, gracias a las líneas aéreas de bajo coste), para mayor diversión de Nuria, que aún flipa con mi amor a un grupo que se quedó anclado en los ochenta a causa de una paupérrima producción musical a partir del Street Fighting Years (para mí, a pesar de ser el primero de los discos que cosechó un discreto éxito o un sonoro fracaso, según el punto de vista, y de pecar de grandilocuencia, para mí, insisto, es su mejor obra).

Porque, recordémoslo, Simple Minds le disputó a U2 el cetro de grupo revientaestadios en los ochenta, como bien demuestra esta actuación, quizá el punto más álgido de su carrera, en el Live Aid:


En 1981 irrumpieron en listas con “Love Song”, una canción de aristas electrónicas bien afiladas, Kraftwerk acelerado con eurodance. A finales de 1982, limaron esas asperezas rabiosas para abrazar a los new romantics y crear perlas en las que Mick MacNeil derrochaba talento en los teclados: “Promised You A Miracle”, “Someone, Somewhere In Summertime”, “Glittering Prize” y la más pasional “New Gold Dream (81, 82, 83, 84)”. Precisamente en 1984, grabaron bajo la batuta de Steve Lillywhite, el productor de la trilogía épica de U2 (Boy, October y War) Sparkle in the Rain, donde los de Glasgow demostraron, a mi parecer, que en cuestión de épica, eran tan ardientes o más que los chicos de Bono, pero con un mayor dominio melódico e instrumental. Las guitarras de Charlie Burchill pasaron a primer plano, pero se notaba la contundencia y versatilidad de Mel Gaynor en las baterías, y Derek Forbes pulsaba el bajo como un demonio (además de hallar un ritmo de esos sencillos, carne de hit, indispensable para que “Waterfront” irrumpiese en el top y fuese indispensable en todos los conciertos a partir de entonces).


Entonces, en abril del 85, los chicos de Jim Kerr entraron por primera vez en las listas estadounidenses a la vez que daban la primera paletada a su tumba al sacar como single la tonada compuesta por Keith Forsey y Steve Schiff “Don’t You (Forget About Me)”.

Después de semejante éxito de ventas, siguieron la senda del sonido más comercial fichando a Bob Clearmountain y Jimmy Iovine para producir Once Upon A Time. El wall of sound que impregna todo el disco es impresionante, pero acaba enmascarando el talento musical de sus componentes y acallando, en cierta medida, la rabia desbordada del Sparkle in the Rain y la suntuosidad y sensualidad romántica del New Gold Dream. En cuanto a las letras, Jim Kerr entra a saco en el terreno político, pero el mensaje no podría ser más simplón. Ahí le cedieron el testigo a U2, más maduros y poliédricos en An Unforgettable Fire, y ya no le volvieron a disputar la posición.

Pero demos un paso atrás y volvamos a 1984.

Sparkle in the Rain hace gala de un sonido crudo y visceral; las guitarras de Burchill, como comentaba anteriormente, toman preeminencia sobre los teclados, aunque MacNeil aporta un brillo mágico que brota a espuertas entre lacerazo y lacerazo eléctrico. Sin embargo, la épica no es la apocalíptica con un toque de esperanza que cantaban Bono & Co., sino una actitud de rebeldía optimista: la profusión de lights, glistens, brilliants, sparkles, y big wheels that turn around resulta, a todas luces (valga la redundancia), sintomática de la intención del disco.

Os recomiendo que os asoméis aquí a los grandes singles extraídos del álbum:

Con todo, siempre hay un lado oscuro que a Kerr gusta de explorar: los recuerdos que dejan los muertos y el territorio, entre sobrenatural y terrenal, que hay entre el mundo de los vivos y lo que cada uno considere como su más allá. Esperanza, pero también amargura. Y una sensación obtusa, impregnada de hiel, que patea y patea en un rincón cenagoso entre el corazón y la cabeza.


El cierre de Sparkle in the Rain nos muestra dos visiones de este tema: la primera visceral y que cierra con un paroxismo de voces e instrumentos arremolinándose en un paroxismo sónico que culmina de forma abrupta; la segunda, instrumental, de ritmo menos acelerado pero cautiva de atmósfera tensa y opresiva, donde los fantasmas casi se respiran. Es la primera de estas visiones la que os dejo a continuación. Una canción que, durante una época, me acompañó para huir de mis propios fantasmas, para asumir ciertos dolores como inevitables y para seguir, para reconocer la esperanza más allá de la rabia.

Así, pues, os dejo con una de las canciones que más me gustan de Simple Minds y que nunca se comercializó como single:

The Kick Inside Of Me

You put the storm out, that’s up in my head
You put the call out
Beside of me, kick up inside of me
And you steal the world and live to survive
And shake out the ghosts and then you turn around
In spite of me, kick up inside of me
One for the first time
Two for the last time
Three for the thrill and
Four for the last time
As far as I can see, you’re gonna
Move deep deeper deep inside of me

Kick away my life kick away
You put the fear in me, kick away, kick away
As far as I can see you move deep deep inside of me
Take me away, take me away, up to another day
Open up the way, lead me away in the pouring rain
In the pouring rain

You put the storm out, that’s up in my head
You put the call out
Beside of me, kick up inside of me
And we steal the world and live to survive
Shake out the ghosts and turn around
In spite of me, shake up the ghosts inside of me
One for the first time, two for the last time
Three for the thrill, and four for the last time
As far as I can try, you’re gonna
Move deep deeper deep inside of me

Take me away, ah ah ah until another day
Take me away, kick away
As far as I can see you put the fear inside of me
Kick away

La patada dentro de mí

Calmas la tormenta que ruge en mi cabeza,
enciendes las alarmas
a mi alrededor, me revuelves por dentro
y robas el mundo y vives para sobrevivir,
y desempolvas los fantasmas y entonces te largas
a mi pesar, me revuelves por dentro.
Uno para la primera vez,
dos para la última,
tres para la amenaza y
cuatro para la última vez,
por lo que puedo ver, vas a
calar hondo, más hondo, hondo dentro de mí.

Patea mi vida, patea
Me inculcas el miedo, patea, patea
por lo que veo entras dentro, muy dentro, dentro de mí.
Sácame, llévame a otro día,
ábreme el paso, condúceme lejos bajo la lluvia torrencial,
bajo la lluvia torrencial.

Calmas la tormenta que ruge en mi cabeza,
haces saltar las alarmas
a mi alrededor, me revuelves por dentro
y robas el mundo y vives para sobrevivir,
y desempolvas los fantasmas y te largas
a mi pesar, me revuelves por dentro.
Uno para la primera vez, dos para la última,
tres para la amenaza y cuatro para la última vez,
por lo que puedo ver, vas a
calar hondo, más hondo, hondo dentro de mí.

Sácame, ah ah ah hasta otro día,
sácame de aquí, aparta de una patada,
Por más que lo intento, metes el miedo dentro de mí
Patea

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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