Elecciones sin erecciones

A apenas una hora y pico finaliza la campaña electoral de las municipales (y autonómicas allá donde toque) en España, de la propaganda electoral que me ha llegado a casa tan sólo he abierto la de Ciutadans/Ciudadanos, porque sigo sin saber con seguridad de qué palo van, y la del PP para escupirle a la cara al retrato del candidato por Cerdanyola…

… esto merece un paréntesis: hace unos cuantos años, perfectamente puede ser hace diez, una amiga nuestra, afiliada al Partido Popular, nos pidió a Nuria y a mí que fuésemos una tarde a la sede de su formación en Cerdanyola para explicarles a sus compañeros qué es Greenpeace, como funciona y tal. Renuente, accedí por tratarse de ella y por combatir prejuicios; al fin y al cabo, el trabajo de voluntariado es independiente de la ideología. Así que fuimos, empezamos a explicar cómo funciona, hablamos sobre algunas campañas, sobre la independencia de Greenpeace (ya que se subvenciona exclusivamente con la cuota de socios y con la venta de material)… y el notas del alcaldable (que no sé cuántos años lleva presentándose) nos interrumpe, con tono de suficiencia, diciendo:

“Bah, eso que decís no es cierto. Sé perfectamente que a vosotros os subvenciona la Unión Soviética.”

Y cualquier posterior intento de aclarárselo (las cinco primeras veces con absoluta educación; después, la educación quedó algo ahogada por la rabia de que te inviten para llamarte mentiroso con las acusaciones más psicodélicas que os podáis imaginar) era automáticamente ridiculizado por semejante personaje al que, desde luego, no he vuelto a mirar a la cara con simpatía.

Nuestra amiga se disculpó posteriormente, y unos cuantos compañeros de su partido, también. Alguno se interesó por hacerse socio, y nos preguntó sobre las campañas de protección del litoral.

Cerrando el paréntesis… os podéis imaginar que, si aún me acuerdo (y me duele) diez años después, no es de extrañar el gustazo que, solo en casa, me pegué con el salivazo en cuestión. Y, de ahí, a la papelera.

Pues retomando el inicio de esta entrada, mi interés por esta campaña ha sido nulo. Podría generalizar, pero si lo hiciera, indefectiblemente el análisis estaría viciado por mi ideología y mi punto de vista, así que prefiero dejar constancia solo de mi parecer.

Parafraseando al presidente de Cantabria: la política, hoy en día, es que no me pone.

¿Por qué? Porque estamos en unas elecciones municipales, y de lo que se habla es de De Juana, de ETA, del papel de España a nivel internacional; de si unos pactan y otros tienen todo el derecho de conducir borrachos; de manipulación.

¿Alguien recuerda, a estas alturas, algún punto programático concreto (no de vaguedades en plan “os daré más empleo y menos impuestos”) de algún partido para su municipio o su comunidad autónoma/nación/realidad nacional? Yo, os lo digo ya desde un principio, no. Nada. Cero. Pero no un cero cualquiera, no…

En Cerdanyola, además, tenemos un proyecto de ampliación del territorio que doblará la superficie urbana y elevará la población de 60.000 a 100.000 habitantes; un proyecto donde lo último en que se ha pensado en lo que no se ha pensado en absoluto es de dotarla de infraestructuras básicas que eviten congestiones de tráfico que, al final, acabarán dañando el territorio. Proyecto que nació en un Plan de Ordenación Territorial pre-Transición y que ha acabado aprobando, aun a pesar del maquillaje, un consistorio cuyo alcalde es “ecosocialista”.

Sigo pensando que la política es muy bonita, pero que lástima de la clase política que padecemos. Y como que no me fío un pelo de la tendencia anti- de Ciutadans, votaré al PAS, ya que es la única candidatura que parece tomarse en serio sus propuestas y que se aleja de ese limbo en el que parece haberse enquistado la clase política nacional. Aunque no tengan una formación política, y aunque estructura asamblearia no sea en absoluto efectiva para una acción de gobierno.

Porque me tienen harto. Es que ya no me ponen.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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