La banda sonora de una vida 01: "The Fly", U2

En su momento, prometí que postearía mis diez canciones favoritas de este siglo. Después, no sé por qué, pensé que sería mejor idea hablar sobre mis diez canciones favoritas de todos los tiempos, en un ejercicio tanto de memoria (¡y nostalgia!) como de introspección. Por mis gustos me conoceréis, que se podría decir. Además, quisiera aprovechar que YouTube aún sigue funcionando para ilustrar cada post con vídeo y música, y que no sea un mero alarde teórico.

Para inaugurar esta “sección” del Eterno aprendiz he decidido escoger una canción del grupo que, aparte de los Beatles, lleva más tiempo acompañándome: U2. La primera cinta (¿os acordáis de las cassettes?) que mi amigo Medín me grabó cuando estábamos en 1.º de B.U.P., en la primavera de 1987, era el inconmensurable The Joshua Tree, cinta que literalmente gasté, tarde tras tarde, encerrado en la habitación de estudio de casa de mis padres, en un radiocassette de coche que mi hermano conectó a dos altavoces y que presidía al fondo, pegado a la pared, flanqueado por libros y apuntes, el escritorio que ocupé diez años entre el instituto y la universidad.

Gracias a aquella cinta me declaré fan acérrimo de la banda, hasta que, allá por 1989, les di el salto por los Simple Minds. U2 se habían convertido en una banda que abarrotaba estadios, y que allá por donde pisaban atraían la atención. Poco después, Rattle and Hum, álbum y película, esbozaron un discurso grandilocuente, excesivo, el disco ideal para adolescentes que vibraban con la épica; pero de tan grandilocuente quedó hueco, falso. En aquel momento, la lírica de los chicos de Jim Kerr, más madura y política, me atrapó, aunque también estaban inaugurando una etapa que, hasta hace nada, los sumió en la mediocridad y en el ostracismo.

U2 podían haber seguido la misma trayectoria que sus colegas de Glasgow: parecían atrapados en la fama a la que los catapultó The Joshua Tree, y Rattle and Hum era un claro reflejo de esa trampa: el sonido épico elevado a la enésima potencia del mesianismo, erigiéndose como apóstoles del sonido de la América profunda, cosa que diluyó, a ojos de la crítica, la personalidad musical obtenida con el The Joshua Tree.

Y, sin embargo, tres años después, y contra todo pronóstico, dan un golpe de timón a su carrera y de vuelta a Europa: abrazan con absoluto descaro el sonido Manchester (o Madchester, como prefiráis), samplean y programan parte de la base rítmica, ensucian la guitarra de The Edge con distorsiones a medio camino del hi-tech a lo Kraftwerk y bandas sonoras de los setenta, y Bono esconde su rostro tras una gafas de sol enormes, que desde entonces han sido marca de la casa, simbolizando un distanciamiento con su ego mesiánico, pero también con un sonido que hicieron envejecer prematuramente con su megaproyecto americano. La mosca, Macphisto, el Bono seductor, el Bono macarra, el Bono que canta a Martin Luther King, nunca el Bono íntimo, parapetado tras las máscaras, el cuero y el foso del escenario, pero dejándose la garganta en cada actuación, de manera que, hoy en día, su directo se resiente, pues hasta tal punto ha castigado sus cuerdas vocales, tal como queda patente en el “Elevation”, versión Vertigo Tour en Chicago.

Personalmente, creo que con Achtung Baby inauguraron la etapa más interesante del grupo, donde supieron rehuir de anteriores etiquetas y exploraron senderos musicales que, como compensación por ciertos experimentos no muy satisfactorios (pienso en canciones como “Lemon”, “The Playboy Mansion” y, en general, la segunda parte del Pop) ganaron en frescura, originalidad y actitud, creando unos discos muy sugerentes antes de caer en el sonido anodino de los 2000, con álbumes aburridos y farragosos como All That You Can’t Leave Behind y How To Dismantle An Atomic Bomb.

A la hora de escoger una canción de su extenso repertorio me he decidido por esta canción para homenajear, también, una de sus decisiones más arriesgadas (y más acertadas, desde mi punto de vista), pues Achtung Baby cuenta con varios cortes que eran hits potenciales, como “Even Better Than The Real Thing”, “One” (número uno en numerosas listas y un himno que aún resuena con vigor en la memoria colectiva) o “Mysterious Ways”. Pero no: sólo “Zoo Station” puede (sólo puede) que supere a “The Fly” a la hora de buscar nuevos caminos. “The Fly” irrumpe con una base rítmica sumamente electrónica, la guitarra chirriando a lo largo de la canción, la voz de Bono enmascarada, una letra psicodélica que funciona como la publicidad subliminal, lanzando mensajes contradictorios. Una máscara musical que se abre como una cebolla para desvelar múltiples planos y facetas: una composición rompedora, madura y compleja. Y la escogieron como sencillo de presentación. Más de un fan se dio de baja entonces; a muchos, fans que los amaban y gente que los odiaba, se quedaron ojipláticos ante el vídeo.

De la misma manera, aquí tenéis una de las canciones más inclasificables para estrenar la sección:

The Fly

It’s no secret that the stars are falling from the sky
It’s no secret that our world is in darkness tonight
They say the sun is sometimes eclipsed by a moon
You know I don’t see you when she walks in the room

It’s no secret that a friend is someone who lets you help
It’s no secret that a liar won’t believe anyone else
They say a secret is something you tell one other person
So I’m telling you, child

[Love, we shine like a burning star]
[We’re falling from the sky tonight]
A man will beg – a man will crawl
On the sheer face of love like a fly on the wall
It’s no secret at all

It’s no secret that a conscience can sometimes be a pest
It’s no secret ambition bites the nails of success
Every artist is a cannibal – every poet is a thief
All kill their inspiration and sing about the grief

[Love, we shine like a burning star]
[We’re falling from the sky tonight]
A man will rise – a man will fall
From the sheer face of love like a fly from a wall
It’s no secret at all

It’s no secret that the stars are falling from the sky
The universe exploding ‘cause of one man’s lie
Look, I gotta go – yeah, I’m running outta change
There’s a lot of things, if I could, I’d rearrange

Y un intento de traducción:

La mosca

No es ningún secreto que las estrellas están cayendo del cielo,
no es ningún secreto que nuestro mundo está esta noche a oscuras.
Dicen que a veces la Luna eclipsa el Sol,
tú sabes que no te veo cuando entra en la habitación.

No es ningún secreto que un amigo es aquel que te deja ayudar,
no es ningún secreto que un mentiroso no cree a nadie;
dicen que un secreto es algo que cuentas a otro,
así que te estoy contando esto, mi niña:

[Amor, brillamos cual estrella fugaz]
[Esta noche caemos del cielo]
Un hombre mendigará, un hombre se arrastrará
por la cara abrupta del amor como una mosca por la pared.
No es ningún secreto.

No es ningún secreto que la conciencia puede ser un engorro,
no es ningún secreto que la ambición muerde las uñas del éxito,
todo artista es un caníbal, cada poeta es un ladrón,
todos matan la inspiración y cantan sobre el dolor.

[Amor, brillamos como una estrella fugaz]
[sta noche caemos del cielo]
Un hombre se alzará, un hombre caerá
por la cara abrupta del amor como una mosca de la pared.
No es ningún secreto.

No es ningún secreto que las estrellas están cayendo del cielo,
El universo se expande por la mentira de un solo hombre.
Esto, me tengo que ir; sí, me estoy quedando sin cambio.
Hay tantas cosas que, si pudiera, arreglaría…

La letra refleja una sociedad en una continua carrera consigo misma, donde el miedo a ser fagocitado y diluido en el grupo empuja al éxito sin escrúpulos, hacia el mito de “vive rápido y deja un bonito cadáver”. Sin embargo, esta sociedad esquizoide genera múltiples personalidades en conflicto, que en muchas ocasiones actúan sin conocer del todo sus motivos. Y, de fondo, el icono del siglo XX, el artilugio que tanto ha hecho para cambiar hábitos, para controlar la opinión, para idiotizar al personal pero también para alertar, alarmar, avisar, informar (si sabes buscar, si no te quedas en la superficie): la televisión.

Una canción hecha para pensar, para aprender a mirar explorando nuevos puntos de vista, pero también para romper, para evolucionar y, como hicimos muchos en aquel Palau Sant Jordi abarrotado en mayo de 1992, para abrazar su energía y saltar y sudar hasta la extenuación. Pero, sobre todo, un gran antídoto ante la indiferencia.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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