Funeral, The Arcade Fire

Debut de The Arcade Fire
No sé qué mórbida fascinación ejerce la muerte sobre nosotros que hace que los artistas, y de forma más tangible los músicos, abran sus entrañas y las vuelquen en obras tensas e intensas. Al igual que Lou Reed con aquel Magic and Loss, The Arcade Fire labran con su álbum (su primer álbum, ¡y vaya debut!) una atmósfera cautivadora que arrastra al oyente al turbio invierno del 2004-2005, a la época aciaga en que, mientras se preparaban para entrar en el estudio de grabación, varios familiares de los componentes, según escriben en el libreto, «continuaron muriéndose»; el título de esta presentación de The Arcade Fire, pues, acudió con naturalidad, haciendo hincapié en la «ironía de bautizar el primer álbum con un nombre tan definitivo».

Los disparos de juegos de ordenador
Inadvertidamente por lo visto, Funeral se convirtió en una obra conceptual dividida en diez movimientos. Quizá no sea este, pues, el mejor álbum para calibrar la calidad melódica del grupo, a saber: los Beatles no se dedicaron en su intensa carrera a crear diez Sgt. Peppers. Pero Funeral se colocó en numerosas listas de lo mejor del año 2005, por méritos propios, en la primera posición.

El álbum se situa conceptualmente en un vecindario en el que imágenes de un nihilismo inocente se ven azotadas por preciosas metáforas sobre la muerte que, en contraposición, son de una crudeza que raya lo insoportable. Como muestra, la apertura de Funeral, “Neighborhood #1 (Tunnels)”.

… and if the snow buries my, my neighborhood.
And if my parents are crying then I’ll dig a tunnel
from my window to yours,
yeah a tunnel from my window to yours.
You climb out the chimney and meet me in the middle,
the middle of the town.
And since there’s no one else around,
we let our hair grow long
and forget all we used to know,
then our skin gets thicker
from living out in the snow.
You change all the lead sleepin’ in my head,
as the day grows dim
I hear you sing a golden hymn.
Then we tried to name our babies,
but we forgot all the names that,
the names we used to know.
But sometimes, we remember our bedrooms,
and our parent’s bedrooms,
and the bedrooms of our friends.
Then we think of our parents,
well what ever happened to them?!
You change all the lead sleepin’ in my head to gold,
as the day grows dim,
I hear you sing a golden hymn,
the song I’ve been trying to say.
Purify the colors, purify my mind.
Purify the colors purify my mind,
and spread the ashes of the colors over this heart of mine!

Vecindario núm. 1 (Túneles)
… y si la nieve sepulta mi, mi vecindario.
Y si mis padres gritan, cavaré un tunel
de mi ventana a la tuya,
sí, un túnel de mi ventana a la tuya.
Trepa por la chimenea ven a buscarme al centro,
al centro del pueblo.
Como no habrá nadie que nos moleste,
nos dejaremos crecer las melenas
y olvidaremos todo lo que sabíamos,
nuestra piel se curtirá
al vivir fuera, en la nieve.
Transmutas el plomo que hay en mi cabeza,
a medida que se acortan los días
te oigo cantar un himno dorado.
Intentaremos bautizar a nuestros hijos,
pero habremos olvidado los nombres que,
los nombres que conocíamos.
Pero a veces recordamos nuestras dormitorios,
los dormitorios de nuestros padres,
y los dormitorios de nuestros amigos.
Entonces pensaremos en nuestros padres,
¡¿qué ha sido de ellos?!
Transmutas el plomo de mi cabeza en oro,
a medida que se acortan los días
te oigo cantar un himno dorado,
la canción que intentaba decir.
Purifica los colores, purifica mi mente.
¡Purifica los colores, purifica mi mente
y esparce las cenizas de los colores sobre este corazón!

El invierno cae en el vecindario, la luz de la calle, la luz de los vecinos, se apaga, los niños juegan en la calle y se mueren; algo está mal, y no saben por qué. Hay que llevarlo dentro, hay que resistirlo porque, a pesar de la aparente seguridad del vecindario, «el tiempo se infiltra en el vecindario, matando a viejos amigos y despertando a bebés, como sabíamos que sucedería». Al amparo de guitarras acústicas, mellotrones y sección de cuerda, desgarradas aquí y allá por un sonido eléctrico que recuerda en ocasiones a Sonic Youth, las melodías embargan desde los suaves tonos menores a lo largo de crescendos brutales cantados por las voces desgarradas de Win Butler y Régine Chassagne.

Si tenéis la ocasión, acercáos a vuestra tienda y compradlo. Cerraos en vuestra habitación a oscuras, bajad la luz y descolgad el teléfono. Y dejad cerca un pañuelo, que os hará falta.

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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