Gigamesh 42

Tuve la oportunidad de leer la revista la semana pasada (mira, ventajas de trabajar de friki).

El primer cuento, “Duelo”, de Richard Matheson, en el que se basó Steven Spielberg para su ópera prima El diablo sobre ruedas, sería, aparentemente, la estrella del número. Y Matheson se muestra como el escritor solvente que es: directo, depurado, capaz de asfixiarte en una atmósfera al mismo tiempo cotidiana y espeluznante. Dejadme subrayar cotidiana: para quienes conducimos, aun con poca frecuencia, hemos sufrido esos irresponsables del volante; y todos, en mayor o menor medida, hemos sentido al diablo poseernos cuando el conductor enemigo nos irrita o nos deja en ridículo. El protagonista primero siente el fastidio, después la rabia moderada; posteriormente, como el rey en su coche, se siente autorizado para aplicarle un correctivo al camionero… y el miedo cuando esa agresividad supera la línea que él (y muchos) consideramos el límite, la integridad física, y entonces recordamos que ese límite lo pone cada uno… y puede ser tan caprichoso como un dibujo fractal. El terror de lo cotidiano y la arbitrariedad de la moral humana: realmente desosegante.

Pero pasamos la última página (un final correcto, no demasiado espectacular, en mi opinión), y nos encontramos con “He tocado el cielo”, de Mike Resnick. Para mí, el mejor cuento que he leído este año, y eso que han habido muchos y muy buenos. Un cuento que parte de un supuesto original, brillante, y aun así tan rematadamente cercano… Resnick construye dos personajes memorables con los cimientos bien enraizados en los diálogos, y engarza una trama aplastántemente lógica. Una lógica muy humana y, a la vez, tan diferente de la que conocemos.

¿Y la trama? Kirinyaga es un mundo donde los últimos kikuyus aún puros construyen su utopía, intentando deshacerse de cualquier influencia europea. Dentro de la tradición kikuyu, que una niña superdotada intente aprender amenaza el corazón de la utopía. Y, a pesar de admirar la capacidad de la niña, el mago de la tribu tendrá que tomar ciertas decisiones.

Más adelante, “El sumidero de la memoria”, también de Resnick, aborda un tema tan delicado como el de la enfermedad del Alzheimer, con una excusa de ciencia ficción que lo emparenta con Flores para Algernon. Delicado, respetuoso, pero pelín edulcorado para mi gusto.

El Desenterrador, de Víctor Jiménez, presenta la biografía de Robert Aickman, del que se presenta el cuento “Qué manita tan fría”. Un cuento de terror superado en cuanto a originalidad, excesivo en las manías del autor, pero tan auténtico por estas mismas paranoias que le da un toque encantador.

También hay ensayos que merecen la pena. Pero no quiero hacer publicidad subliminal: a 5,95 euros tan sólo, y la suscripción es barata 😀

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Autor: Álex Vidal

A los 7 años me llevaron a ver Star Wars y decidí estudiar Físicas. A los 11, leí a Asimov y me dije: "Yo quiero escribir historias tan grandes como estas" (espero que usando más palabras que él). Hoy trabajo juntando letras en una editorial mientras pierdo el tiempo en múltiples frentes. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es mi sino.

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